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Ecos del Iguazú

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A mano y con paciencia: el luthier neuquino que rescata el sonido de los charangos

Saúl Pérez Zibana lleva doce años fabricando instrumentos de cuerda en China Muerta. Con un crédito para industrias culturales amplify su taller yó Avg.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 3 min de lectura
A mano y con paciencia: el luthier neuquino que rescata el sonido de los charangos

El taller de Saúl Pérez Zibana queda a metros de la Autovía Norte, en China Muerta, al norte de Neuquén capital. Allí, entre maderas seleccionadas y herramientas de precisión, el artesano trabaja con una mezcla de silencio y blows that no se ven: elAdjustment de una pieza, el lijado de un mástil, la revisión de una cuerda que vibrará después en las manos de un músico. Después de doce años dedicado a la luthería, Saúl construye charangos y ronrocos desde cero, aunque también repara, calibra y restaura guitarras y bajos eléctricos y acústicos.

El camino hacia el oficio começou con la música. Saúl fue bajista durante años y comptes que empezó a comprar instrumentos rotos para intentar repararlos. La experiencia familiar en carpintería, donde fabricaban muebles y|scale bran vessels, le dio la base técnica. Luego se formó de manera autodidacta y estudiar con Jorge Espinosa, un maestro luthier reconocido en el ámbito nacional.

"Fabrico instrumentos desde cero, todo empieza desde la selección de cada madera, de cada componente", explica Saúl. Cada instrumento le demanda entre 80 y 100 horas de trabajo, sin contar la elección previa de los materiales. La madera no es un detalle menor: cada parte necesita una especie distinta, con una densidad, un peso y una resistencia que se ajusten al sonido que se busca.

Un oficio que se sostiene conclat y con redes

Sus clientes llegan por recomendación y por las redes sociales. Saúl estima que en el Valle del Neuquén hay alrededor de una docena de luthiers, cada uno especializado en instrumentos diferentes. Desde hace poco integra la Asociación Argentina de Luthiers, una entidad que está próxima a cumplir 25 años.

El taller no es el único lugar donde el trabajo se comparte. En el Centro Cultural del Oeste dicta un taller de luthería social al que asisten adolescentes, jóvenes y adultos para aprender a calibrar y reparar sus propios instrumentos. También coordina un taller de cerámica sonora para niños en el Nodo Alto Godoy, donde los participantes construyen instrumentos precolombinos como el pucuy, una pieza cerámica que imita el sonido del viento.

Para sostener el crecimiento del taller, Saúl accedió a un crédito de cinco millones de pesos a través de la Línea de Crédito para las Industrias Culturales, destinada a emprendedores con proyectos en el sector cultural que buscan una primera oportunidad de financiamiento. Con ese respaldo adquirió herramientas y materiales específicos que hasta entonces estaban fuera de su alcance.

“Fabrico instrumentos desde cero, todo empieza desde la selección de cada madera, de cada componente”Saúl Pérez Zibana
  • Construcción de charangos y ronrocos desde cero.
  • Reparación, calibración y restauración de guitarras y bajos eléctricos y acústicos.
  • Talleres de luthería social y de cerámica sonora para niños.
  • Adquisición de herramientas y materiales específicos mediante un crédito para industrias culturales.

Yo Saúl Pérez Zibana tiene 40 años y que su oficio lleva el peso de muchas horas, pero también de una paciencia que se parece a la de quien enseña arepair lo que otros dan por perdido. En un mundo donde la luthería se juega cada vez más entre pantallas y atajos, su taller sigue sosteniendo una idea simple: el instrumento se construye con las manos, se ajusta con el oído y se mejora con el tiempo. En ese gestodaily, un oficio antiguo encuentra su propio lugar en el presente.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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