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Andrew Garfield se calza la capucha: Greengrass busca el origen perdido de Robin Hood en la revuelta de los siervos de 1381

El director de Capitán Phillips se mete por primera vez en el cine medieval y reescribe, con Garfield como posible Hood, la cólera campesina que pudo haber encendido la leyenda del arquero del bosque de Sherwood

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · 28 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura
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Confieso que la primera vez que escuché nombrar a Robin Hood fue en una sobremesa de domingo, a fines de los años setenta, cuando un vecino de mi abuelo nos contaba, con la pompa de los narradores orales, las aventuras de un tipo que le robaba a los ricos para darle a los pobres en la Inglaterra de los bosques y las flechas certeras. Aquella imagen, mitad cuento infantil y mitadcuento de gesta medieval, se me pegó para siempre, y por eso me cuesta disimular la expectativa cuando me entero de que un director como Paul Greengrass, el mismo que nos dejó con el corazón en la boca en Capitán Phillips, decidió meterse de lleno en la Edad Media para rastrear, precisamente, el posible nacimiento de ese personaje. La película se llama The Uprising y acaba de sumar un subtítulo que lo dice todo: The Rise of Robin Hood, o sea, el ascenso de Robin Hood. El estreno está programado para el 30 de octubre y, por lo que se conoce hasta ahora, se propone algo que el cine pocas veces se animó a hacer: no contar otra versión más del arquero de Sherwood, sino retroceder hasta el momento en que la leyenda, quién sabe si a partir de un hombre real o de muchos, empezó a tomar forma.

Porque acá viene lo que a mí, como lector obsesivo de la historia de las colonias y de los pueblos sojuzgados, me interesa destacar. El punto de partida no es un bosque encantado ni un príncipe disfrazado, sino un episodio histórico documentado: en 1381, miles de campesinos ingleses se levantaron contra la Corona en lo que se conoce como la Revuelta Campesina, una de las insurrecciones populares más explosivas de la Europa medieval. Greengrass toma ese conflicto real y lo usa como terreno frágil y a la vez fértil para construir una posible explicación del origen de Robin Hood, un personaje que la historia no registra como una figura única sino como una acumulación de relatos sobre forajidos que circularon por la tradición oral durante siglos. Esa decisión es la que vuelve al filme, al menos sobre el papel, una rareza: un drama de época que se anima a ensayar la génesis de un mito en lugar de repetirlo.

Un rodaje con varias vidas y un reparto que se fue acomodando

La producción, hay que decirlo, tuvo más vidas que un gato. Arrancó su desarrollo hace varios años bajo el título The Hood, etapa en la que el nombre de Benedict Cumberbatch sonaba con fuerza dentro del proyecto. Más tarde mutó a The Rage, período en el que Matthew McConaughey estuvo asociado a la película. Cuando el filme finalmente se presentó como The Uprising, las referencias directas a Robin Hood parecían haber quedado atrás, archivadas como un eco del primer borrador. El subtítulo The Rise of Robin Hood las devolvió al centro de la conversación pocas semanas antes del estreno, lo que habla de una decisión de marketing tan deliberada como estratégica: ubicar a la película en un linaje cultural que el público reconoce de inmediato y, al mismo tiempo, ofrecerle algo distinto.

Andrew Garfield, a quien muchos lectores todavía associate con el traje arácnido de The Amazing Spider-Man, asumiría así un rol que, según los materiales disponibles, estaría vinculado a esa leyenda sin que necesariamente lleve el nombre de Robin Hood en pantalla. Es un matiz importante: el filme no parece proponer un Robin Hood con arco y antifaz desde el primer minuto, sino un hombre atravesado por una revuelta que, con el paso de los siglos, se convertiría en el arquero que todos recordamos. Junto a él aparecen Jamie Bell y Stephen Dillane en el reparto principal, dos actores de enorme pedigree británico que vienen a darle al relato esa densidad de rostros curtidos que el cine de época suele agradecer.

Por qué esta versión puede ser distinta a todas las demás

  • Greengrass es conocido por convertir hechos reales en relatos de alta tensión, un registro que en la Edad Media puede dar resultados muy poco habituales en el género.
  • La película toma como base un conflicto documentado, la Revuelta Campesina de 1381, en lugar de apoyarse en las baladas tradicionales que alimentaron las versiones clásicas.
  • El filme propone rastrear el nacimiento del mito, no repetirlo, lo que invierte la lógica de casi todas las adaptaciones previas.
  • El contexto histórico conecta con una larga tradición de rebeliones populares que, bien mirada, hermana la historia inglesa con la de los pueblos colonizados y sus resistencias.

Miré con cariño las muchas vidas de Robin Hood en el cine y la televisión, desde el Errol Flynn de Los hijos de Robin Hood hasta el Robin Hood: Príncipe de los ladrones con Kevin Costner, pasando por la versión oscura y Russell Crowe de Ridley Scott, y más cerca en el tiempo el Robin Hood televisiático británico con Jonas Armstrong y hasta la relectura animada que jugó con el zorro de Disney. Cada una le puso su énfasis: la aventura ligera, el drama épico, el realismo áspero, la parodia. La de Greengrass, si los pronósticos se cumplen, señalará un camino distinto: contar la ira de los siervos antes de que existiera el héroe, y dejar que el espectador adivine, entre el barro y las antorchas, cómo un levantamiento popular pudo haber terminado convertido en leyenda.

Mi recomendación, si me permiten el tono personal, es reservar la fecha del 30 de octubre y acercarse a la sala con la paciencia de quien sabe que está viendo el primer capítulo de una historia y no el ┊ltimo. A veces, entender de dónde viene un mito es la mejor manera de volver a disfrutarlo.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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