Antes de cualquier ley, el cine español ya escuchaba su propia voz
En 1932, en plena Segunda República, un elenco íntegramente español dio vida a una película de Hollywood. Así se escribió uno de los primeros capítulos del doblaje en el mundo hispanohablante.

Mucho antes de que existiera una norma que obligara a traducir las películas, el cine ya se doblaba al español. En 1932, durante la Segunda República, se completó el primer doblaje con un elenco íntegramente español de "Entre la espada y la pared", protagonizada por Gary Cooper, Charles Laughton y Cary Grant. Los ensayos estuvieron a cargo de Luis Buñuel, que llegaba con los antecedentes de "Un perro andaluz" y "La edad de oro", y el trabajo se realizó en los estudios de Joinville-Le-Pont, en Francia.
Cuando el cine mudo dio paso al sonoro, la industria se encontró con un problema que todavía no tenía solución: cómo llevar una misma película a públicos que hablaban idiomas diferentes. La primera respuesta fue rodar versiones paralelas. Con los mismos decorados y el mismo guion, se cambiaban los actores y el director, y las escenas se repetían en otro idioma, generalmente de noche. Así surgieron títulos como "Drácula" o "La voluntad del muerto", filmados al mismo tiempo en inglés y en español. El sistema era caro y difícil de sostener en la logística, y terminó abandonado.
Del rodaje paralelo al doblaje
El doblaje apareció entonces como una alternativa casi inevitable. El primer registro histórico que se menciona es de 1928, en Alemania, aunque los detalles de ese caso son confusos e incompletos. En el mercado hispanohablante, el antecedente más temprano fue "Rio Rita", en 1929, doblada en Los Ángeles con un reparto de actores latinos y españoles. Aun así, algunas salas la proyectaron subtitulada, porque los sistemas de sonido de la época todavía tenían fallas.
El hito más claro llegó en 1932 con el elenco exclusivamente español y la dirección de Buñuel, que ya era una figura del cine de vanguardia europeo. Un año después, en 1933, abrió en España el primer estudio dedicado por completo al doblaje, conocido como T.R.E.C.E. La industria crecía con rapidez, y lo hacía en un país donde entre el 25 y el 30 por ciento de la población era analfabeta. Para ese público, el doblaje tenía una ventaja práctica evidente frente a los subtítulos: permitía seguir la película sin necesidad de leer.
Una discusión que ya estaba instalada
No todos recibieron el avance con entusiasmo. En 1943, el crítico Alberto Garcilópez escribió en la revista Primer Plano una frase que todavía hoy resulta contundente:
“El doblaje, como sistema, es monstruoso. Pero, además, es el suicidio de nuestro cine.”Alberto Garcilópez, en la revista Primer Plano (1943)
Como lector y como periodista, me resulta un documento valioso, porque muestra que el debate sobre el doblaje no nació con las plataformas ni con la televisión, sino que acompañó a la industria desde sus primeros años. La preocupación que expresaba Garcilópez era de orden económico, según el material disponible, y el texto original se interrumpe justo en ese punto.
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