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Dinosaurios en la vereda: por qué J.J. Abrams cree que su película se juega en otra liga que Parque Jurásico

El productor defiende la apuesta de David Robert Mitchell y habla de la yuxtaposición entre lo cotidiano y lo prehistórico como la verdadera marca diferencial de El final de Oak Street, que no logró el éxito esperado en la taquilla del verano.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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Recuerdo cuando en mi barrio, allá por los años ochenta, los chicos del suburbio porteño mirábamos fascinados los noticieros que mostraban criaturas salidas de la era de los reptiles en islas remotas, mientras del otro lado de la medianera el verdulero gritaba su mercadería y mi vieja sacaba la ropa de la pileta inflable. Esa tensión entre lo fabuloso y lo absolutamente doméstico es, justamente, lo que J.J. Abrams -el Abrams de toda la vida, el de la sonrisa amplia y los proyectos ambiciosos- quiere reivindicar cuando habla de El final de Oak Street, la película que David Robert Mitchell dirigió con su sello Bad Robot detrás de cámara.

El film llegó a las salas con una premisa que, a priori, suena a delirio: dinosaurios sueltos en un barrio residencial. Con Ewan McGregor y Anne Hathaway como cabezas de cartel, la apuesta arrancó con un presupuesto estimado de 80 millones de dólares y terminó su recorrido por las boleterías mundiales con 89 millones recaudados, una cifra que deja sabor a poco para una superproducción de verano y que reabre el debate sobre qué busca hoy el público cuando se sienta en la butaca a ver monstruos gigantes.

La comparación que incomoda

Para Abrams, el problema fue que desde el primer tráiler se instaló en la conversación un espejo inevitable: Parque Jurásico. Y ese espejo, según él, le jugó en contra. No porque la película sea mala -todo lo contrario-, sino porque el planteo artístico de Mitchell apunta a otro territorio. En sus propias palabras, la franquicia de los dinosaurios de Spielberg se desarrolla en selvas majestuosas e islas lejanas, mientras que acá la operación creativa consistió en poner a esos mismos animales prehistóricos frente a columpios, furgonetas de helados, piscinas elevadas y colectivos escolares. Ahí, en esa yuxtaposición deliberada, está el corazón del asunto.

“Me encantan las películas de Jurassic tanto como a cualquiera, pero esas películas, en su mayor parte, se desarrollan en esas hermosas selvas, en esas islas lejanas. El enfoque de David aquí consistía precisamente en la yuxtaposición de la vida familiar suburbana, absolutamente cotidiana (columpios y furgonetas de helados, piscinas elevadas y autobuses escolares) con los dinosaurios.”J.J. Abrams

Lo que se juega en la vereda

  • El contexto importa tanto como la amenaza: la película gana cuando el espectador reconoce la vida de barrio detrás de cada escena.
  • La originalidad como bandera: Abrams dice que la gente busca historias nuevas y que esa es la carta fuerte del film.
  • La promesa del tráiler: el productor asegura que lo que se vio en el avance se cumple dentro de la sala.
  • El elenco como ancla: McGregor y Hathaway sostienen la mirada íntima de la propuesta.
  • Un cierre discutido: ambos actores confirmaron que el final que llegó al cine reemplazó a uno más oscuro y complejo que se pensó durante el desarrollo.

Queda, claro está, la pregunta incómoda que la propia taquilla plantea: si el público, a la hora de elegir, sigue prefiriendo la épica selvática de las películas que ya conoce o si está dispuesto a acompañar a un director -al Mitchell de It Follows, el de la cámara paciente y el terror silencioso- en una aventura que prefiere la vereda a la isla. Abrams insiste en que la segunda opción es la correcta y que El final de Oak Street tiene su propio mérito, más allá del resultado en boletería.

Si me permiten la recomendación personal, vayan a verla cuando puedan: es de esas cintas que piden pantalla grande y oscuridad de sala, no pantalla de teléfono en el colectivo. Y si tienen la edad suficiente como para haber crecido viendo Jurassic Park en el VHS del living, dense el gusto de comparar, pero con los ojos abiertos a otra sensibilidad: acá no hay jaulas de laboratorio ni puertas que se cierran con un siseo hidráulico. Hay una calle, una casa con porche y un dinosaurio que, por alguna razón que no voy a spoilear, se cruzó con todo lo que creíamos conocido.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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