El doble que no se jubila: Brad Pitt vuelve a calzarse las botas de Cliff Booth bajo la mirada de Fincher
Netflix oficializó la secuela de Érase una vez en Hollywood con un guion de Tarantino, dirección de Fincher y un estreno pensado para pisar fuerte en las salas IMAX antes de recalar en la plataforma.

Me acuerdo como si fuera ayer de aquella tarde de 1994, cuando un grupo de cineastas de la colonia artística del Abasto juntaba sillas en un patio improvisado para proyectar, en un VHS gastado, las películas de acción que protagonizaban dobles de riesgo. Eran otros tiempos, otras reglas, y la figura del doble de acción tenía un halo casi mítico que en las nuevas generaciones se perdió. Por eso, cuando pienso en la confirmación de Las nuevas desventuras de Cliff Booth, la nueva película que Netflix acaba de oficializar con Brad Pitt en la piel de su personaje más querido y con David Fincher como director, no puedo evitar sentir que hay algo de aquel espíritu volviendo al centro de la escena, como si la historia de las colonias obreras del espectáculo se reencontrara con la pantalla global.
La película, que lleva por título Las nuevas desventuras de Cliff Booth, llegará a la plataforma el 23 de diciembre, después de un paso previo por salas IMAX previsto para noviembre. El dato no es menor: en un presente donde el streaming parece devorarlo todo, la decisión de mantener dos semanas en pantalla grande, y nada menos que en el formato más imponente, habla de una apuesta por recuperar la experiencia cinematográfica como ritual compartido, algo que en mi barrio de toda la vida siempre asociamos con la salida al cine de los sábados.
Una historia ambientada en 1977
Booth, el doble de acción que le valió a Pitt su primer Oscar, regresa en una nueva entrega situada en 1977, ocho años después del cierre de la primera película. El foco está puesto en cómo ese personaje navega por un Hollywood que ya no es el que conocía, y aquí aparece uno de los puntos más jugosos del proyecto: la distancia entre aquel mundo de estudios clásicos y la industria que empezaba a transformarse a finales de los setenta. La promesa es la de un retrato íntimo de un oficio en extinción, el del doble de riesgo, que en las colonias de trabajadores del cine supo tener códigos y lealtades casi gremiales.
Quentin Tarantino escribió el guion, pero esta vez le dejó la silla del director a David Fincher, y vale la pena detenerse en esa decisión. El propio Tarantino fue claro al explicar por qué dio un paso al costado: quería reservar su próxima película como director, que planea sea la última, para algo que no fuera una continuación. «Me encanta este guion, pero estaría repitiendo lo mismo. Simplemente no me entusiasmaba», sostuvo. La sinceridad, en un medio donde las segundas partes suelen ser puro cálculo, resulta casi conmovedora.
“Me encanta este guion, pero estaría repitiendo lo mismo. Simplemente no me entusiasmaba.”Quentin Tarantino
- Elizabeth Debicki
- Carla Gugino
- Yahya Abdul-Mateen II
- Scott Caan
- Peter Weller
- Karren Karagulian
El elenco que acompaña a Brad es de esos que invitan a quedarse en la sala hasta el final del crédito: Elizabeth Debicki, Carla Gugino, Yahya Abdul-Mateen II, Scott Caan, Peter Weller y Karren Karagulian, entre otros. Pitt también figura como productor junto a Ceán Chaffin, lo que refuerza la idea de que se trata de un proyecto muy personal, construido desde la confianza entre artistas que ya saben cómo trabajar juntos.
La sombra de un título de culto
No está de más recordar lo que fue la primera entrega: Érase una vez en Hollywood se estrenó en 2019 por Sony Pictures, recaudó 377 millones de dólares en todo el mundo y obtuvo diez nominaciones al Oscar, con dos estatuillas, una de ellas para Brad en la categoría de actor de reparto. Con los años se convirtió en un título de culto y funcionó como plataforma de lanzamiento para actores que luego ganaron protagonismo en la industria. Esos números y ese recorrido explican por qué la expectativa alrededor de la secuela es tan alta y por qué Netflix eligió blindarla con un estreno en IMAX antes de llevarla a su catálogo.
Un adelanto breve ya había circulado durante la Super Bowl de febrero y dejó una línea que anticipa el tono de la película: «No tengo muchos talentos, pero sé que no debo interponerme en el camino de una buena historia». Es una definición perfecta de Booth, y también, si uno quiere leerla en clave de barrio, una forma muy nuestra de entender el oficio: saber cuándo dar un paso al costado para que la historia brille.
Mi lectura, a confesión de parte
Quiero ser honesto: me genera expectativa, pero también una cautela razonable. La dupla Tarantino como guionista y Fincher como director es una combinación inesperada que puede funcionar de maravillas o puede chocar de frente. El universo de Fincher, más oscuro, obsesivo y calculado, no es el mismo que el de Tarantino, más festivo y desacomplado. Ver cómo se reconcilian esos dos mundos en un personaje que ya tiene dueño será, para mí, el verdadero atractivo de la película. Si le suma el respaldo del formato IMAX, la apuesta se vuelve casi irrechazable.
Mi recomendación, desde el afecto de siempre, es que no esperen a diciembre para sumarse: cuando el estreno en salas se confirme en noviembre, vale la pena buscarse una butaca, una compañía amiga y dejar que la pantalla grande haga lo suyo. Después, el 23 de diciembre, en la comodidad del hogar, uno siempre puede volver a entrar en el universo de Booth y confirmar si aquella magia de 2019 sigue viva o si, como tantas historias del cine, encontró un cierre digno en el camino.
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