El parador que no cierra: cómo Neuquén piensa todo el año por las personas que duermen a la intemperie
A dos meses de abrir, el refugio nocturno pasó de recibir 100 personas por noche a armar un dispositivo por etapas con foco en trabajo y familia. La experiencia arranca cada tarde en un tráiler junto al Hospital Bouquet Roldán y se inspira en lo aprendido en Ciudad Oculta.

Son las nueve de la noche en la Catedral María Auxiliadora y la fila ya se estiró hasta la vereda. Hay quienes llegan con un bolso, quienes arrastran una frazada, quienes simplemente se acercan porque saben que ahí los van a buscar. Un móvil los traslada al parador, donde esta noche habrá lugar para todos. A dos meses de su apertura, ese recorrido se repite con un promedio de cien asistentes por noche, con picos de hasta ciento veinte, en uno de los inviernos más crudo que se recuerde en la capital neuquina.
Le cuento los números que manejan quienes llevan adelante el dispositivo: cuatrocientas personas atendidas en sesenta días, la enorme mayoría varones, nueve de cada diez según el registro que llevan adelante. El ochenta y uno por ciento tiene domicilio acreditado en Neuquén, dato que cruzaron con el Registro Nacional de las Personas y que sirve para dimensionar que, lejos de lo que muchas veces se piensa, la población en situación de calle no siempre llega de afuera: en muchos casos es gente del propio barrio, de la propia ciudad, que terminó en la intemperie por una sumatoria de golpes que la estadística no termina de explicar pero que el rostro de cada uno cuenta sin palabras.
Un formato que no se guarda cuando llega el calor
Lo que empezó como un parador para sobrevivir las noches de invierno se convirtió, sin proponérselo del todo, en el primer ensayo de una política que piensa todo el año. La decisión fue mantener el dispositivo abierto cuando empiecen a subir las temperaturas, aunque ya no como refugio de emergencia sino como un esquema de atención por etapas orientado, sobre todo, a dos objetivos que suelen aparecer como imposibles para quien está en la calle: conseguir un trabajo y volver a vincularse con la familia.
El modelo se organiza en niveles. El primero, el de bajo umbral, recibe a cualquier persona tal como llega, sin pedirle que esté sobria, sin pedirle que se haya duchado, sin pedirle nada que no sea voluntad de acercarse. A partir de ese primer paso se abren etapas de mediano y alto umbral a medida que cada usuario avanza en su propio proceso. La idea, me explican, es que nadie quede afuera por no estar en condiciones de cumplir requisitos que, en el estado en el que llegan, sería una crueldad exigirles.
- Bajo umbral: ingreso voluntario y sin condiciones, pensado para quien llega del modo en que pueda.
- Mediano umbral: acompañamiento con equipos de salud mental, podología, odontología y medicina general.
- Alto umbral: orientación laboral y revinculación familiar, con el objetivo de acceder a un alquiler o regresar a un entorno familiar.
El punto de partida cambia con la nueva etapa. En lugar de la Catedral, la recepción funcionará en un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde cada persona podrá dejar sus pertenencias y desde donde saldrá el trasladado hasta el refugio. Quienes estén en condiciones de moverse por sus propios medios también podrán hacerlo, sin que el dispositivo pierda de vista a nadie. La decisión de instalarlo al lado del hospital no fue casual: busca que cualquier urgencia médica se atienda sin demoras y que la presencia del equipo de salud sea parte del paisaje cotidiano del parador.
La influencia de Ciudad Oculta y el trabajo de los equipos
El rediseño no salió de un escritorio. Dos personas del equipo viajaron dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, para ver de cerca cómo funcionan organizaciones con años de trayectoria en la atención de personas en situación de calle. Se volvieron con una certeza: en Neuquén hacía falta un dispositivo que no se apagara en primavera y que entendiera que cada persona transita el regreso a una vida más autónoma a un ritmo distinto. Eso es lo que intentan traducir, ahora, en el nuevo formato.
En lo concreto, el parador ya venía ofreciendo atención podológica los miércoles, controles de medicina general y odontología a cargo de residentes, y un equipo de psicólogos con abordajes individuales. Con el cambio se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y la participación activa del Ministerio de Salud de la provincia. A eso se agrega un trabajo coordinado con los otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para que nadie quede dando vueltas entre dispositivos que no se hablan entre sí.
Mientras escribo esto pienso en quienes esta noche otra vez van a estar en la calle y no van a golpear la puerta del parador, porque no se animan, porque no confían, porque les parece que ese lugar no es para ellos. Todavía existen, y son varios. Por eso me parece importante decirlo: el acceso es voluntario y las reglas de convivencia se cumplen adentro, pero nadie puede ser obligado a pedir lo que nunca le enseñaron a pedir. El primer paso, el más difícil, sigue siendo el de siempre: que alguien, alguna vez, les diga que pueden quedarse. Este invierno, en Neuquén, cuatrocientas veces alguien escuchó esa frase. El desafío ahora es que se repita durante todo el año.
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