Guillermo Toledo vuelve a la carga contra Torrente y reabre una pregunta que incomoda a Santiago Segura
El actor asegura que el personaje debería ser el villano y no el héroe de la saga, y que el realizador se enfurece cada vez que se lo plantea. Una discusión que va mucho más allá de la pantalla y atraviesa el lugar del humor en la cultura española.

A fines de los años noventa, cuando yo empezaba a cubrir los estrenos de cine español en las viejas redacciones de fotocopia, Santiago Segura irrumpió en las salas con un personaje que parecía salido del barro más espeso de la peor sobremesa de bar: un policía franquista, borracho, bruto, xenófobo y orgulloso de serlo. Torrente, el brazo tonto de la ley, se convirtió en una franquicia imparable y cambió para siempre la manera de hacer comedia en este país. Casi treinta años después, aquel hallazgo sigue dando que hablar, y un actor que conoce bien a Segura, Guillermo Toledo, acaba de volver a clavar el dedo en la llaga con una afirmación que incomoda: Torrente debería ser el malo de su propia película, no el héroe.
Un héroe que reúne todo lo peor
En sus últimas declaraciones, recogidas por distintos medios españoles, Toledo reconstruyó su mirada sobre el personaje con una precisión que conozco de otras coberturas: para él, Torrente condensa "todo lo peor de la España más oscura", un catálogo que incluye fascismo, racismo, homofobia y machismo. El punto central de su crítica no es la existencia del personaje, sino el lugar narrativo que la saga le asignó. Si un personaje reúne todos esos rasgos, razonó, lo lógico dentro de cualquier manual de guión sería que ocupara el sillón del antagonista, no el del protagonista al que el público termina aplaudiendo. La contradicción que Toledo le señala a su colega y amigo es, justamente, esa: convertir en bandera festiva lo que el cine clásico castiga.
“Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe.”Guillermo Toledo
Toledo eligió un ejemplo que conoce cualquiera que haya visto alguna de las cinco entregas de la franquicia: la escena en la que Torrente tira al suelo un trozo de carne y tres personas negras se trenzan por él. Para el actor, la secuencia no contiene crítica alguna; muy por el contrario, lo que hizo fue despertar la risa cómplice del público, que encontró gracioso el chiste sin detenerse a pensar en qué se estaba riendo. En su lectura, ahí está el peligro: "el humor es un arma política muy poderosa", sostuvo, y cuando se usa sin filo termina reforzando el estereotipo que aparenta cuestionar.
La diferencia entre incomodar y festejar
Toledo contrastó esa lógica con su propia experiencia dentro del colectivo teatral Animalario, donde el humor se trabaja como una herramienta de incomodidad deliberada. La idea que repite cada vez que habla del tema es simple y la conozco de haber cubierto varias de sus funciones: si el público se ríe, ese primer impulso es una puerta de entrada, pero debe abrirse hacia una pregunta y no hacia la euforia. "Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: ¿de qué me estoy riendo? Te pone frente a un espejo", resumió. Esa es, a su entender, la frontera entre un humor crítico y uno que, aunque se vista de transgresión, termina celebrando lo que dice denunciar.
- Torrente concentra, según Toledo, "todo lo peor de la España más oscura": fascismo, racismo, homofobia y machismo.
- El actor sostiene que, por sus rasgos, el personaje debería ser el villano y no el héroe de la saga.
- Asegura que Santiago Segura "se enfada mucho" cada vez que le plantea esta contradicción.
- Critica la escena en la que tres personas negras se pelean por un trozo de carne: para él no hay crítica, solo risa cómplice.
- Define al humor como "un arma política muy poderosa" y reclama que se use para incomodar, no para reforzar estereotipos.
- La última colaboración entre ambos fue La reina de España (2016); antes compartieron El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004).
Las dos figuras centrales de esta discusión, el Peliculillas y el Segurata, como los llamo yo desde hace décadas en estas páginas, tienen una historia común que empieza en los rodajes compartidos y sigue en escenarios públicos de discusión. Su última película juntos fue La reina de España en 2016, una comedia con aroma a clásico de Hollywood dirigida por Fernando Trueba, y antes habían coincidido en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo en 2004, una de esas rarezas del cine español que sobreviven en la memoria de los fans más curiosos. Esa trayectoria compartida vuelve más interesante el cruce: no es un colega distante el que le marca la contradicción a Segura, es alguien que conoce el mecanismo de la saga desde adentro.
¿Le asiste la razón a Guillermo? Creo, como opinador de oficio, que la discusión no admite respuestas tan tajantes. La saga de Torrente construyó un personaje deliberadamente grotesco, un esperpento valleinclanesco que se ríe de sí mismo tanto como de quienes lo aplauden, y una parte de su gracia nace precisamente de esa ambigüedad. Pero también es cierto que el cine español, y el humor en general, suelen confundir la provocación con la crítica, y a veces el espejo termina mostrando lo que el público quería ver. La pregunta que deja abierta esta pelea amistosa entre Toledo y Segura es de las que vale la pena hacerse frente a la pantalla: cuando un personaje repugnante se vuelve héroe de su propia historia, ¿nos estamos riendo de él o con él? Mi recomendación personal de siempre, en estos casos, es volver a ver las películas con el volumen bajo y prestar atención a las risas de la sala: ahí se escucha, mejor que en cualquier manifiesto, de qué lado está parado cada espectador.
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