La inflación de agosto perfora el piso del año, pero la deuda de las familias crece a la sombra
Las consultoras privadas ubican el índice entre 1,5% y 1,6%, con alimentos casi congelados y carnes a la baja. En paralelo, el Banco Central advierte que uno de cada cuatro pesos comprometidos por los hogares ya se va en cuotas o deudas vencidas.

El real brasileño arrancó la rueda cambiaria en el orden de los 5,70 pesos por unidad, mientras que el guaraní se mantenía en la zona de los 0,19 pesos en las pizarras del microcentro porteño. Son cotizaciones que esta semana sirven como referencia para mirar del otro lado del puente, donde los precios de la mercadería brasileña se mueven al ritmo de San Pablo y no del IPC argentino. Y vaya si en esta oportunidad la diferencia se agranda.
Las principales consultoras privadas proyectan que la inflación de agosto cerrará entre 1,5% y 1,6%, el registro más bajo de 2026. EcoGo calculó un IPC del 1,5% para el mes, mientras que el estudio de Orlando Ferreres lo ubicó en 1,6%. De confirmarse cuando el INDEC difunda el dato oficial, el indicador volvería a perforar el piso de los dos puntos porcentuales por primera vez en el año.
Alimentos casi quietos y carnes a la baja
El dato más llamativo del relevamiento privado aparece en el rubro alimentos. EcoGo proyectó una suba de apenas entre 1% y 1,1% para ese capítulo, incluso por debajo del promedio general. Algunas categorías, como las carnes, habrían registrado leves caídas de precios durante el mes, un comportamiento poco frecuente en los últimos tiempos y que ayuda a explicar por qué la desaceleración se hace visible en la góndola y no solo en los papeles.
En las veredas de Posadas, Encarnación y Foz de Iguazú la comparación es inevitable. Del lado argentino, el kilo de asado se consigue por debajo de los 9 mil pesos, una cifra todavía elevada para el salario local pero llamativamente más barata que hace seis meses. Del lado brasileño, la misma pieza se paga en reales convertidos a un valor varias veces superior. Y del lado paraguayo, la carne sigue siendo la más barata del triángulo, aunque la diferencia con Argentina se acortó en los últimos meses por la apreciación del guaraní frente al peso.
Mientras tanto, el dólar mayorista cerró el jueves en 1.512 pesos, por encima del umbral de los 1.500 que operó como referencia durante las semanas previas. Esa suba del tipo de cambio oficial, contenida pero persistente, es uno de los factores que las consultoras miran con atención para evaluar si el ancla cambiaria aguanta los próximos meses.
La deuda de las familias pisa el acelerador
El dato positivo de los precios convive con un escenario financiero cada vez más ajustado para los hogares. Según datos del Banco Central, uno de cada cuatro pesos que las familias comprometen en el sistema financiero ya está destinado al pago de cuotas de créditos o corresponde a deudas con atrasos. Esa carga acumulada limita la capacidad de seguir tomando préstamos y deja poco margen para eventuales saltos del tipo de cambio o de los precios regulados.
La expansión del crédito al consumo frenó su ritmo y la morosidad viene en alza. Sectores con alto peso en el empleo formal, como construcción, industria y comercio, muestran caídas de actividad frente al año anterior, lo que enfría el consumo en general y, a la vez, reduce el ingreso disponible de las familias que dependen de esos rubros.
Tasas altas y consumo que no arranca
Las tasas de financiamiento a corto plazo para empresas llegaron a escalar hasta el 32 por ciento anual en las últimas semanas. Si bien retrocedieron hacia el 28 por ciento, siguen en niveles que muchos economistas consideran incompatibles con una recuperación sostenida del crédito y de la actividad productiva. Para las pymes de la frontera, donde la diferencia de precios con Brasil y Paraguay define la supervivencia, pagar esa tasa significa directamente no poder reponer stock en momentos clave del calendario comercial.
En el barrio de Villa Cabello, en Posadas, el panorama se repite detrás de cada mostrador. Marcelo Cabral, que atiende un maxikiosco a tres cuadras de la avenida costanera, resume el sentir del comercio de frontera con una frase seca: 'Los precios por fin aflojan, pero la gente llega a fin de mes con la tarjeta explotada y sin efectivo para comprar. Antes vendías menos y cobrabas; ahora vendés un poco más y te pagan en cuotas que no sabes si van a entrar'. Cabral dice que en su negocio las ventas de agosto subieron apenas un tres por ciento frente a julio, pero que la cobranza se estiró hasta cuarenta y cinco días. 'Con eso no te alcanza ni para pagar al proveedor del otro lado, que te cobra contado y en dólares', completa.
Para los hogares, una inflación por debajo del 2 por ciento puede representar una pausa en la pérdida de poder adquisitivo. Pero cuánto de eso se traduzca en alivio concreto depende, en buena medida, de cómo evolucionen los salarios en los próximos meses, de la dinámica del mercado de trabajo formal y de hasta dónde aguante la cadena de pagos que hoy sostiene a millones de familias con cuotas y refinanciaciones.
La foto de agosto, entonces, muestra dos argentinas que corren en paralelo: una macro donde la inflación toca su piso del año y otra micro donde la deuda de las familias sigue creciendo. La pregunta que queda flotando es si el alivio de los precios llegará a tiempo para descomprimir el crédito familiar antes de que la mora termine de contagiar a los sectores que todavía aguantan.
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