Las princesas modernas como excusa para hablar de autonomía con los hijos
Personajes como Moana, Mérida o Raya reemplazaron a las protagonistas pasivas de las historias clásicas y, con ellas, llegaron nuevas preguntas para el hogar. Especialistas en narrativas infantiles señalan que esa "rebeldía" no es un problema de conducta sino una puerta para conversar con los chicos sobre identidad, deseos propios y respeto por el entorno familiar. La tensión entre el mandato y la vocación propia aparece en el centro de estas historias.

Las historias de princesas que acompañaron a generaciones anteriores de niñas tenían un denominador común: protagonistas que esperaban, que obedecían y que encontraban su lugar dentro de lo establecido. Las que acompañan a las infancias de hoy parten de otro punto.
"Ser rebelde no siempre es portarse mal; a veces es el primer paso para encontrar el propio camino, sin por eso dejar de amar y honrar de dónde venimos", plantea Silvina Baiardi, gerente de Relaciones Creativas y Culturales de The Walt Disney Company Latin America.
Para Baiardi, las figuras más antiguas tienen valor como referencia histórica: funcionan como punto de partida para explicarles a los chicos qué se esperaba de las mujeres en otras épocas y cuánto cambió eso. Las más recientes abren la conversación en sentido inverso: qué significa hoy ser valiente, hacer valer la propia opinión o tomar decisiones que no siempre coinciden con lo que otros esperan.
Personajes como Moana, Mérida o Raya comparten una característica central: valoran a su familia y a su comunidad, pero se hacen preguntas, salen de lo conocido y cuestionan reglas cuando consideran que algo no está bien. No abandonan su origen; lo amplían.
"Moana es una de las puertas de entrada más interesantes para hablar en familia sobre temas fundamentales en el crecimiento: seguir los propios sueños, incluso cuando no son los que otros esperan de nosotros", dice Baiardi. La historia de esa protagonista arranca con un llamado interno que choca directamente con lo que su padre y su pueblo esperan de ella. Esa tensión entre deseo propio y mandato familiar es algo con lo que cualquier chico o chica puede identificarse.
La clave, señala Baiardi, es que la rebeldía de estas protagonistas no se presenta como un problema de conducta sino como el motor que las lleva a crecer y, en definitiva, a aportar algo valioso a quienes las rodean.
Para los adultos, la propuesta concreta es usar esas escenas como disparadores en casa: preguntas simples como "¿qué es lo que a vos te llama?" o "¿te animás a seguirlo aunque implique salir de lo cómodo?" pueden abrir conversaciones más profundas sobre identidad y confianza.
¿Cuánto espacio les dejamos a los chicos para expresar su propia voz cuando no coincide con nuestras expectativas?
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