Pactos, distancias y tensiones: así llega la cuarta temporada de La edad dorada
La serie de Julian Fellowes retoma la alta sociedad neoyorquina de fines del siglo XIX con los Russell y los van Rhijn en un nuevo escenario de alianzas y rivalidades.

La cuarta temporada de La edad dorada ya tiene fecha de regreso y, con ella, la promesa de cerrar tramas que vienen sembradas desde el primer capítulo. La serie creada por Julian Fellowes vuelve a poner en el centro a las familias Russell y van Rhijn en la alta sociedad de Nueva York hacia finales del siglo XIX, con Christine Baranski, Cynthia Nixon y Carrie Coon al frente de un elenco que suma personajes secundarios cada vez con más peso.
Los Russell, divididos entre dos frentes
Según el material de base, la temporada arranca con la familia partida en dos. George enfrenta dificultades políticas que ponen en riesgo su monopolio ferroviario, mientras Bertha viaja a Inglaterra para acompañar a su hija Gladys, ahora marquesa, en el nacimiento de su hijo. Esa distancia física tiene una consecuencia interesante: la histórica rivalidad entre Bertha y Agnes van Rhijn cede terreno, y ambas llegan a una tregua tácita para moverse en paralelo por los circuitos de poder de la ciudad.
Del lado de Agnes, el relato la muestra con un nuevo anclaje en las instituciones históricas de Nueva York y preparándose para recibir al presidente Grover Cleveland. Su hijo Oscar, por su parte, cierra un matrimonio que le conviene en varios sentidos a la vez, al unir fuerzas con uno de los personajes más calculadores de la serie. Es un pacto que, de acuerdo con lo que adelanta la nota, promete alimentar buena parte de la temporada.
Las tramas que vienen desde afuera
- John, ex lacayo convertido en hombre de fortuna, intenta abrirse camino en una esfera social que todavía no lo acepta por completo, con nuevos proyectos en marcha.
- Peggy, escritora e hija de una familia acomodada, sigue navegando los prejuicios de la Nueva York decimonónica como mujer negra educada, incluidos los que llegan desde su propio entorno familiar y político.
- Carrie Coon, ausente en los primeros episodios, está llamada a retomar el centro de la acción cuando Bertha regrese de Europa.
Para quien siguió las temporadas anteriores, la producción mantiene el nivel visual que la distinguió: fotografía de época cuidada y un vestuario que funciona como registro de jerarquía social. Además, Baranski y Nixon sostienen la dinámica central con una química que convierte incluso las conversaciones menores en escenas con tensión propia. Desde mi lugar, es justamente esa capacidad de hacer dramático lo cotidiano la que hace que uno quiera volver a sentarse frente a la pantalla.
Hay, sin embargo, un límite que la serie todavía no supera del todo. La mirada sigue siendo más generosa con los conflictos de las clases altas que con la vida cotidiana del servicio doméstico. Los arcos de John y Peggy empujan ese límite, aunque sin cruzarlo por completo, y ahí está una de las preguntas que la nueva tanda deja abiertas.
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