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Un solo número para saber cómo envejece el cuerpo entero: la capacidad intrínseca y la nueva forma de medir la salud en la vejez

Investigadores de todo el mundo trabajan con un indicador que reúne cinco dimensiones del funcionamiento humano: cognición, locomoción, sentidos, ánimo y energía. La Organización Mundial de la Salud lo formalizó en 2015 y ensayos clínicos en Francia y Estados Unidos buscan validarlo como herramienta de seguimiento médico.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · 28 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Me lo imagino como una foto completa, no como una radiografía aislada. Lo que proponen los investigadores que estudian la longevidad es justamente eso: dejar de mirar el cuerpo por partes y empezar a leerlo como un todo. Para eso desarrollaron un indicador llamado capacidad intrínseca, que reúne en un solo puntaje cinco dimensiones del funcionamiento humano: cognición, locomoción, capacidad sensorial, bienestar psicológico y vitalidad.

La idea puede sonar ambiciosa, incluso un poco abstracta, pero en la práctica significa algo bastante concreto. En lugar de esperar a que aparezca una enfermedad para empezar a tratar, el sistema permite detectar deterioros chicos, esos que todavía no dan síntomas claros pero que ya están cambiando la vida cotidiana de una persona. Algo tan simple como caminar más lento, perder firmeza en la mano o quejarse de un cansancio permanente puede ser una señal temprana, y este índice busca recogerla antes de que se transforme en algo serio.

Cómo se mide y qué pruebas lo componen

Muchas de las pruebas que alimentan ese puntaje ya se usan en los consultorios de geriatría. La velocidad al caminar, la fuerza de agarre y los tests de detección de deterioro cognitivo son viejas conocidas de los especialistas. Lo nuevo no son los exámenes en sí, sino la decisión de combinarlos en un índice único y, sobre todo, la voluntad de seguirlo a lo largo del tiempo, como se sigue la presión arterial o el colesterol.

“Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad.”John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia

Beard es uno de los impulsores originales del concepto, que la Organización Mundial de la Salud formalizó en 2015 dentro de su programa de envejecimiento saludable. La movida fue un cambio de eje: pasar de un modelo centrado en diagnosticar patologías a uno que observa cómo funciona el organismo en su conjunto, con la convicción de que ahí está la clave para ganar calidad de vida en los años que vienen.

  • Cognición: memoria, atención y velocidad para procesar información.
  • Locomoción: fuerza muscular, equilibrio y forma de caminar.
  • Capacidad sensorial: visión y audición.
  • Bienestar psicológico: estado de ánimo y salud mental.
  • Vitalidad: energía general y tolerancia al esfuerzo físico.

En Francia ya hay un ensayo en marcha en el que adultos mayores completan cuestionarios periódicos sobre su capacidad intrínseca y, según el resultado, reciben recomendaciones personalizadas. Si el puntaje baja, se los deriva a un médico o a un especialista en geriatría para estudios más profundos. Los resultados todavía no son concluyentes, pero la experiencia es una de las más avanzadas para probar este enfoque en la vida real.

Del otro lado del océano, en Estados Unidos, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud financia un programa que busca demostrar algo que parece de sentido común pero todavía hay que probar con evidencia: que la capacidad intrínseca refleja de verdad cómo se siente y funciona una persona, y que puede mejorar con ejercicio, con cambios de hábitos o incluso con fármacos ya existentes que se usan para otras indicaciones.

Aunque todavía no forma parte de los controles médicos de rutina, lo que está en juego es enorme. Si los ensayos terminan de validarlo, este índice podría convertirse en una herramienta habitual de seguimiento en los consultorios y, más ambicioso todavía, en un criterio para aprobar medicamentos dirigidos al envejecimiento como proceso, y no a una enfermedad puntual. Y a mí, como lectora y como adulta que ya empieza a pensar en cómo quiere llegar a los setenta, esa idea me cambia la conversación: ya no se trata solo de esquivar males, sino de medir, con un número, cuánta vida buena nos queda por delante.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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