A 290 kilómetros de Iguazú, una reserva privada de Misiones combina cabañas sobre el agua, kayak y senderos en la selva paranaense
La reserva Margay, en El Soberbio, propone dos o tres días de caminatas, navegación por el arroyo Paraíso y un vivero que produce hasta 200.000 plantines al año para restaurar ambientes degradados

Tengo que confesarles algo antes de arrancar: cada vez que un material me habla de un arroyo, de un deck para desayunar mirando el agua y de un fogón con historias guaraníes, ya sé que me va a costar escribir con distancia. Y esta nota no fue la excepción. La reserva Margay queda en Misiones, a 290 kilómetros de Puerto Iguazú y apenas a 40 de El Soberbio, y propone algo que en la Argentina todavía cuesta encontrar: turismo de naturaleza bien articulado, con alojamiento de pocas unidades, caminatas con guía y un proyecto ambiental que se nota hasta en el vivero. Son cuatro cabañas sobre la ribera del arroyo Paraíso, escondidas entre la vegetación, y desde ya les digo que la estadía ideal es de dos a tres días, que es justo lo que el lugar pide para no apurar nada.
Qué se hace en Margay, día y noche
El lodge trabaja con senderos autoguiados para los que prefieren caminar solos y con caminatas acompañadas por un guía profesional, que va explicando las plantas y los animales del monte. También está la opción de meterse en el arroyo en kayak y dejarse llevar por una de las postales más lindas de la selva paranaense. De noche, la propuesta cambia de registro: encuentro alrededor del fogón, charla sobre la cultura guraní y pescado cocinado en hojas de banano, con una cocina fresca, orgánica y de identidad misionera. El deck sobre el agua, donde se sirve el desayuno y la merienda, es de esos lugares que uno no termina de sacarse de la cabeza.
En el corazón del proyecto está el vivero Kawsay, que produce entre 100.000 y 200.000 plantines por año de especies nativas, muchos de ellos destinados a recuperar ambientes degradados y al arbolado urbano. La reserva ocupa 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, que protege 253.000 hectáreas de selva, y desde ahí se articula el trabajo de cuidado del palo amargo, el seguimiento de fauna con cámaras trampa y sistemas agrícolas que mezclan cultivos con árboles nativos para restaurar suelos. También se participa del proyecto M2 x Naturaleza, enfocado en recuperar superficies afectadas por la producción y por incendios.
Qué llevar en la mochila: lista para no improvisar
- Muda de ropa para mojarse, pensando en kayak y arroyo
- Calzado de trekking con buen agarre para los senderos
- Pantalón largo y camisa de manga larga para protegerse en el monte
- Abrigo para la noche, porque en la selva la temperatura baja
- Repelente de mosquitos en cantidad
- Protector solar, sombrero y anteojos de sol
Como consejo práctico, les sugiero pensar la visita para febrero o marzo, que es cuando el material recomienda ir por el clima y el caudal del arroyo, y armar la valija con la misma lógica con la que uno se prepara para una expedición corta: una bolsa para lo seco y otra para lo que se va a mojar, porque las actividades en el agua y las caminatas se superponen durante el día. Y si les queda tiempo, aprovechen para hacer base en El Soberbio y conocer los Saltos de Moconá, que están a poca distancia y completan una recorrida por el sur misionero que, se los aseguro, no se olvida.
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