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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Ace Combat 8 abre la cabina y deja bajar al piloto: así se vive entre misiones en el portaaviones Endurance

La octava entrega de la saga de Bandai Namco reparte la acción entre el aire y la cubierta del portaaviones, con un sistema de progresión que permite armar el avión propio y también el de la escolta. La historia, ubicada una década después de Ace Combat 7, pone el foco en la construcción del héroe y la propaganda.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Ace Combat 8 abre la cabina y deja bajar al piloto: así se vive entre misiones en el portaaviones Endurance

A mediados de los noventa, cuando el Ace Combat original apareció en PlayStation, la saga proponía algo casi insólito para un arcade de aviones: darle al jugador la sensación de que piloteaba un caza de verdad. Casi treinta años después, Ace Combat 8: Wings of Theve vuelve a esa raíz y le agrega una decisión de diseño que a mí, como viejo fan de la serie, me resultó de lo más elocuente: hay vida fuera de la cabina. La nueva entrega de Project Aces y Bandai Namco reparte la experiencia entre el cielo y la cubierta del portaaviones Endurance, que funciona como base de operaciones y, al mismo tiempo, como refugio para los civiles que escapan del conflicto.

Esa vida de a bordo se recorre entre misión y misión. El jugador camina por comedores, hangares, espacios de reunión y la propia cubierta del portaaviones, y solo puede observar el entorno o participar en interacciones sencillas. No hay combate aquí ni puzzles: la idea es otra. Estos pasajes están pensados para que el protagonista, al que la trama llama familiarmente el piloto, se cruce con sus compañeros del Vuelo Joker, conozca sus historias y vea de cerca las consecuencias humanas de una guerra que, en el aire, se vive como una sucesión de vectores y cruces de misiles.

La progresión: del hangar al cielo, con todo bajo control

Antes de cada despegue, la propuesta mantiene una organización por misiones bien clara. Hay que revisar los objetivos, elegir aeronave, decidir el armamento y, si se quiere, sumar piezas de mejora. Los puntos que se obtienen al completar cada salida sirven después para comprar equipamiento y nuevos aviones en el hangar. Las elecciones no son decorativas: modifican la capacidad de carga, el daño del armamento y el comportamiento general de la nave, así que cambiar un misil por otro o sumar un repuesto puede ser la diferencia entre volver al Endurance o quedarse en el camino.

Lo interesante es que esa preparación también alcanza a los compañeros. Es posible configurar los aviones del resto del escuadrón o, si al jugador le interesa delegar, dejar que el juego les asigne una combinación adecuada. Entre las tareas disponibles aparecen la defensa del propio portaaviones, los ataques contra aeródromos enemigos, la escolta de una aeronave aliada y la destrucción de transportes. El abanico es variado y obliga a pensar la carga antes de salir.

El vuelo: dos formas de pilotear, una sola guerra

Para los que quieran ir directo al grano, están los controles estándar. Para los que, como yo, arrastramos la costumbre del esquema Expert de las entregas anteriores, la buena noticia es que sigue ahí: el llamado esquema Experto permite manejar los tres ejes de rotación del avión y amplía muchísimo las posibilidades de maniobra. En el aire, los enfrentamientos incluyen evasión de misiles, uso de armas especiales contra varios blancos al mismo tiempo y los clásicos ataques con ametralladora, que en esta saga nunca pierden esa épica de película de los años ochenta.

La historia: un símbolo que se construye mientras se vuela

La trama se ubica aproximadamente una década después de los hechos de Ace Combat 7, aunque perfectamente puede seguirse sin haber jugado esa entrega. Tras la invasión de Sotoa a la Federación de Usea Central y la caída de su capital, Theve, las fuerzas que quedan en pie operan desde el Endurance. El protagonista es un piloto rescatado del mar que termina heredando la identidad de un supuesto as de combate, convertido en símbolo de resistencia. A su alrededor, los integrantes del Vuelo Joker aportan distintas experiencias y actitudes frente a la guerra, y la construcción de esa figura heroica, con todo lo que la propaganda tiene para decir, atraviesa buena parte del relato.

Ahora, respondiendo la pregunta que me dejó pensando después de varias horas con el juego: ¿qué lugar les doy a los momentos de convivencia entre misiones? Les doy un lugar central, aunque a primera vista parezcan secundarios. Entiendo a quien los vea como un simple respiro entre dogfights, pero creo que están ahí por algo más profundo. Estos pasajes son los que le ponen nombre y cara a quienes van en el asiento de al lado, los que muestran qué se cocina en el comedor cuando los radares se apagan y los que, en definitiva, hacen que cada victoria en el aire pese de otra manera. Sin ellos, Ace Combat 8 sería otra cosa: un gran simulador de cazas con una historia, en lugar de un juego que se anima a contar una guerra desde dos lugares a la vez.

Mi recomendación, si están pensando en sumarse, es tomarse esas caminatas por el Endurance con la misma seriedad que un despegue en pista. Hay diálogos que se pierden entre disparos y hay pequeños gestos, una taza de café, una mirada al horizonte, que después vuelven solos a la memoria cuando el cielo se vuelve a poner complicado. Para los que ya peinamos canas con la saga, es un guiño a esa vieja idea de que un caza sin quien lo cuide en tierra es solo un objeto costoso flotando. Para los que se acerquen por primera vez, es la mejor puerta de entrada a un universo que, desde hace casi tres décadas, sigue encontrando formas nuevas de hacer emocionar con un avión de combate.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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