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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Alergia al maní: por qué una reacción leve no asegura nada y cómo reaccionar a tiempo

La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, advierte que no hay forma de predecir la gravedad del próximo episodio y detalla las señales que convierten una exposición en una urgencia médica.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Alergia al maní: por qué una reacción leve no asegura nada y cómo reaccionar a tiempo

Son las seis de la tarde de un martes cualquiera y una madre termina de darle a su hijo de tres años una tostada con pasta de maní, esa que el nene comió decenas de veces sin mayores consecuencias. A los pocos minutos, el chico se rasca la boca, los ojos se le ponen rojos y empieza a toser de una manera que a ella le suena rara, distinta. La mujer duda: la última vez que pasó algo parecido fue apenas una ronchita que se fue sola. Esta vez, sin embargo, la tos no afloja y el nene dice, con una voz que a ella se le clava en el pecho, que le cuesta respirar. No hay tiempo para conjeturas.

Esa escena, que parece sacada de una ficción, es el escenario que cualquier familia con un integrante alérgico al maní puede llegar a vivir, y lo que vuelve a esos minutos tan críticos es algo que la alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, repite cada vez que puede: que no existe manera confiable de predecir cuán grave será la próxima reacción a partir de lo que ocurrió en la anterior. Una persona que solo tuvo manifestaciones leves en exposiciones previas puede, en el siguiente contacto con el maní, presentar una respuesta mucho más intensa. El antecedente, en otras palabras, no funciona como garantía.

Qué es la anafilaxia y por qué se vuelve una carrera contra el reloj

La anafilaxia es la palabra que ningún padre quiere escuchar y que, sin embargo, todos los que conviven con una alergia alimentaria deberían conocer de memoria. Se trata de una emergencia que puede comprometer la vida en cuestión de minutos. Lo traicionero del cuadro es que puede iniciarse de forma súbita, pero también comenzar con molestias que parecen moderadas y agravarse después, lo que vuelve indispensable observar cualquier cambio sin esperar que los síntomas cedan solos.

  • Dificultad para respirar.
  • Sensación de garganta cerrada.
  • Hinchazón marcada.
  • Mareos o desmayo.
  • Síntomas que aparecen en dos o más zonas del cuerpo al mismo tiempo, aunque cada uno por separado no parezca extremo.

Qué hacer en el momento justo

Ante cualquiera de esos signos, Bjelac es tajante: lo primero es administrar la epinefrina recetada por el médico tratante y llamar a los servicios de emergencia sin demora. No hay que valga, no hay que esperar a ver si mejora, no hay que probar con un antihistamínico a ver si alcanza. La epinefrina es la herramienta indicada y el reloj no negocia.

En bebés y niños pequeños, identificar la reacción puede volverse más complejo. Pueden aparecer los mismos síntomas que en chicos más grandes, pero también formas de presentación algo distintas, y esa variación hace más importante que cuidadores, familiares y personal a cargo conozcan de antemano qué observar y cómo proceder. Bjelac subraya que la preparación previa es parte central de la respuesta: tener un plan de acción claro, con la medicación a mano y sabiendo cuándo usarla, reduce la duda en el momento en que menos tiempo hay para dudar. Esa organización, además, implica que todas las personas que forman parte de la vida del niño conozcan los pasos a seguir.

La prevención cotidiana sigue siendo relevante, claro está: saber dónde puede estar presente el maní y revisar etiquetas de productos reduce las chances de una exposición accidental. Pero acá lo que me interesa dejar por escrito, como vecina y como cronista, es algo que la especialista repitió hasta el hartazgo y que a mí me quedó resonando: confiar en que porque la vez pasada no pasó nada, esta tampoco va a pasar, es la peor apuesta que una familia puede hacer. La alergia al maní no avisa, no escala de manera previsible y no respeta antecedentes. Por eso, mientras escribo estas líneas, no puedo dejar de pensar en esa madre de las seis de la tarde, en su hijo de tres años y en cuántos minutos le sobraron o le faltaron. La diferencia, casi siempre, se cocina antes: en la consulta con el especialista, en la receta al día, en la epinefrina guardada en un lugar conocido por todos, en la pregunta de más al leer una etiqueta. Prepararse no elimina el riesgo, pero cambia lo que pasa cuando el riesgo se vuelve carne viva.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

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