Barry Manilow vuelve a parar: una bronquitis lo deja a dos canciones del final en Las Vegas y reabre el debate sobre su salud
El cantante interrumpió su show en el Westgate cuando apenas empezaba, sumó otra cancelación a su historial reciente y volvió a quedar en el centro de la escena por motivos que no son musicales. Lo que se sabe sobre su cuadro, su paso por el quirófano y la frase que él mismo eligió para describir lo que le tocó vivir.

A veces una tos seca en medio de un estribillo parece una pavada, algo propio del trajín de un escenario, del aire acondicionado pegando de frente, del cantante que ya pasó los ochenta y se niega a bajarse del escenario. Pero cuando el que tose es Barry Manilow, y lo hace en el International Theater del Westgate Las Vegas Resort & Casino, la tos deja de ser un detalle de camarín y pasa a ser una noticia que recorre el mundo, porque detrás de esa tos hay un cuerpo que hace menos de un año libró una pelea silenciosa contra un cáncer de pulmón en estadio 1 y que, desde entonces, viene avisando que la fragilidad es parte del paquete. Esta vez, como me tocó verlo tantas veces repasando su carrera para estas páginas, el viejo Barry volvió a quedar a mitad de camino: apenas dos canciones y la sala todavía con el primer café en la mano.
Una noche que terminó antes de empezar
El procedimiento fue tan seco como triste. Manilow arrancó el show, atacó los primeros dos temas y, cuando la bronquitis dijo basta, se retiró del escenario sin brusquedades pero sin margen. La banda, curtida en mil giras, siguió tocando instrumentales mientras una voz en off se hizo cargo del anuncio que nadie quería escuchar: el espectáculo había terminado. Minutos después, los asistentes empezaron a recibir correos electrónicos con las instrucciones para reintegro de entradas. La función prevista para el día siguiente fue directamente suspendida, y sus representantes salieron a confirmar el diagnóstico: bronquitis aguda, nada menor en alguien con los pulmones que él tiene.
Una residencia que no termina de arrancar
- La temporada en Las Vegas estaba pensada para febrero, pero la operación de pulmón la corrió a marzo.
- En mayo volvió a postergarse: Manilow habló de grandes avances, aunque su médico le bajó el pulgar.
- Entre medio cumplió fechas en el Reino Unido durante junio, con el objetivo de regresar a Las Vegas en julio.
- El episodio de ahora suma un nuevo capítulo a una sucesión de paradas que el propio artista viene justificando desde hace meses.
Pongo estas fechas en fila porque, en mi experiencia covering a artistas longevos, lo que parece un capricho de calendario suele ser un termómetro clínico. Cada postergación es una conversación con un médico, un estudio de imágenes, una prueba de esfuerzo. No es lo mismo suspender un show a los cuarenta que hacerlo después de una lobectomía, y Manilow, que el año pasado entró al quirófano para que le extirparan la parte del pulmón afectada, sabe perfectamente dónde está el límite entre el show del sábado y la internación del lunes.
“Si no me hubieran hecho esas pruebas para ver cómo estaban los pulmones, eso me salvó la vida, porque lo que tenía no tenía síntomas.”Barry Manilow, entrevista con la revista People (marzo)
Esa frase, que él mismo eligió para contar lo que le pasó, es la que mejor resume por qué un cantante de su trayectoria puede pasar de programar temporadas enteras a tener que salir del escenario a los cuatro minutos. El hallazgo fue casi un accidente médico: empezó con molestias en las caderas y terminó en una tomografía que detectó el tumor. Sin síntomas, sin tos persistente, sin nada que delatara lo que se venía. Cuatro semanas después del diagnóstico confirmado, Manilow entró al hospital para la lobectomía y salió, por suerte, sin tener que pasar por quimioterapia ni radioterapia. Yo, que vengo siguiendo su carrera desde aquella vez que lo vi en el Madison Square Garden a fines de los ochenta, no puedo menos que recordar aquella escena y compararla con esta: el mismo hombre, el mismo micrófono, otra pelea.
Lo que más me conmueve, y lo digo con la honestidad que me caracteriza en esta columna, es cómo cambió su manera de hablar de la vida después del diagnóstico. "Realmente me ha hecho pensar profundamente sobre si hice lo que quería hacer, si he hecho feliz a la gente, si he sido un buen amigo", dijo, y en esa lista de preguntas está todo lo que uno quisiera decirle a un artista que nos acompañó durante décadas con canciones que sonaron en cada cumpleaños, en cada primer baile, en cada mudanza. Manilow, para mí, es de esos cantantes que ya no necesitan demostrar nada: su lugar en la historia del pop está sellado, pero igual se sube al escenario, y eso, después de un cáncer de pulmón, tiene un valor que no se compra con entradas.
Por ahora no hay nuevas fechas confirmadas para compensar la noche truncada en Las Vegas. Lo que sí queda claro es que cada vez que el viejo Barry, como lo llaman sus fans más fieles, tose en público, no estamos ante un capricho de diva sino ante la señal de un cuerpo que ya avisó lo que tenía que avisar. Mi recomendación, mientras tanto, es la misma que le doy a cualquier colega que cubre a un artista de su edad: no especular con lo que no sabemos, confiar en los partes médicos oficiales y, sobre todo, no perder la oportunidad de ir a verlo la próxima vez que pueda cantar las dos canciones que esta vez no llegó a terminar.
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