Basil, el Holmes de Corbeyra, se enfrenta al caso más incómodo de su vida
La miniserie "El problema final", basada en la novela de Arturo Pérez-Reverte, llega a Netflix con José Coronado al frente de un elenco en el que también están María Valverde y Maribel Verdú. Cuatro episodios, un hotel aislado por un temporal y un crimen de esos que no se pueden resolver mirando hacia afuera.

Hay una imagen que me persigue desde que vi por primera vez a Basil Rathbone enfundado en aquella gabardina y disparando un revólver Webley en las películas de la Universal de los años cuarenta: la de un actor demasiado encasillado en un papel, dueño de un ingenio que en la vida cotidiana no le servía para nada. Cuando supe que Netflix estrenaría el viernes 25 de septiembre una serie titulada "El problema final", con José Coronado como protagonista, no pude evitar pensar en aquella sombra larga que la literatura policial viene arrastrando desde que Conan Doyle decidió matar a su detective en las cataratas de Reichenbach para liberarse de él. Arturo Pérez-Reverte, que es un hombre que sabe leer las genealogías de los géneros como otros leen los pedigris de los caballos de carrera, tomó ese hilo y lo tensó hasta convertirlo en una novela que es, a la vez, un homenaje y una encerrona: un actor que se hizo famoso interpretando a Sherlock Holmes se ve obligado, fuera del cine y sin la comodidad del guion, a resolver un crimen de verdad. Y el crimen, claro, no se parece en nada a los que Holmes resolvió con su pipa y su lupa.
Una isla, un temporal y trece sospechosos
La historia que llevará a la pantalla el director Félix Viscarret, con producción de MOD Producciones, está ambientada en 1959 y arranca con un temporal que deja a trece personas incomunicadas en un pequeño hotel de una isla. Entre los huéspedes aparece muerta Edith Mander, una turista inglesa que en un primer momento parece haberse quitado la vida, aunque las contradicciones de la escena terminan por delatar la mano de un asesino. Como la policía no puede llegar a causa del mal tiempo, los propios ocupantes del establecimiento deben hacerse cargo de la situación, con la incómoda certeza de que el responsable está entre ellos. Es el mecanismo clásico del misterio de cuarto cerrado, que Agatha Christie y sus herederos llevaron a la perfección: un grupo aislado, un crimen inexplicable y una madeja de sospechas que alcanza a todos por igual, incluso a los más inocentes.
Coronado, al que el público argentino conoce sobre todo por sus trabajos en cine y televisión españoles de las últimas décadas, encarna aquí a un veterano llamado Basil cuyo nombre no es casual ni gratuito: la referencia al gran Basil Rathbone, el Holmes más cinematográfico de todos los tiempos, atraviesa al personaje de punta a punta. Ese pasado en la pantalla es, justamente, lo que explica que los demás huéspedes acudan a él cuando necesitan esclarecer la muerte de Edith. Coronado, al hablar del proyecto, lo emparentó con los relatos de deducción de Conan Doyle y de la propia Christie, y destacó la diferencia que presenta esta propuesta respecto de otros thrillers que ha filmado a lo largo de su carrera, además de mostrar expectativas por la brevedad del formato: apenas cuatro episodios para una historia que necesita aire pero no le sobra ni un minuto.
Un elenco con memoria de cine
Alrededor de "Pepe" Coronado, como se lo conoce en el mundillo del cine español desde hace décadas, se reúne un reparto que tiene peso propio y trayectoria como para sostener cada uno de los trece roles. María Valverde, a quien el público local recordará por sus papeles en films como "Melissa P." o "La flaqueza del bolchevique" cuando se los cruzó en videoclubes y plataformas, se mete en la piel de Adela Figueroa, un personaje que promete funcionar como engranaje clave del mecanismo dramático. La acompañan Maribel Verdú, una actriz con una filmografía que incluye títulos fundamentales del cine español contemporáneo, y un grupo de intérpretes entre los que figuran Martiño Rivas, Gonzalo de Castro, Pepón Nieto, Cristina Kovani y José Condessa, nombres que articulan un mapa generacional interesante y que permiten confiar en que ninguno de los secundarios quedará como un boceto.
A mí, lo confieso, me atraen especialmente estas historias que vuelven sobre los pasos del policial clásico sin nostalgia fácil, con la conciencia de que el género ya fue revisitado mil veces y de que, sin embargo, todavía puede dar sorpresas. Pérez-Reverte, que además de novelista es periodista de raza y conoce el oficio de contar con ritmo, escribió un libro que entiende eso: que un misterio de habitación cerrada solo funciona si los personajes tienen el grosor suficiente como para que el lector dude de todos ellos a la vez. La serie de Viscarret, por lo que se anticipa, apunta a respetar esa regla no escrita y a sostener, a lo largo de sus cuatro capítulos, una tensión que no necesita apurarse ni resolverse antes de tiempo.
Si les interesa el policial de cámara cerrada, si sienten curiosidad por ver a un actor obligado a parecerse al personaje que lo hizo famoso, o si simplemente quieren pasar un par de tardes frente al televisor con una historia bien contada y mejor interpretada, "El problema final" merece un lugar en la agenda del 25 de septiembre. Yo, por mi parte, ya tengo previsto verla de un tirón, como se miraban antes las series de televisión, sin la interrupción del celular ni la mala costumbre del autoplay. A veces, un buen misterio en un hotel aislado es la mejor manera de comprobar que el género de Agatha Christie y Conan Doyle sigue tan vivo como en 1959, el año en que esta ficción sitúa su temporal y su crimen.
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