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Jueves, 22 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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BTS y la Argentina: tres noches en La Plata que reordenan el mapa cultural del país

La gira ARIRANG trajo al septeto coreano al Estadio Único con entradas agotadas, y desató un fenómeno social que excede lo musical: comunidades de fans que redactan sus propias reglas, debaten en redes y custodian la convivencia de miles de desconocidos que acampan para ver a sus ídolos.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
BTS y la Argentina: tres noches en La Plata que reordenan el mapa cultural del país

A mediados de los años noventa, cuando todavía existía la ilusión de que el pop era un idioma que se hablaba en inglés, muy pocos imaginaban que un grupo de Seúl terminaría alterando la rutina de una ciudad universitaria como La Plata. Sin embargo, eso es exactamente lo que acaba de ocurrir. El lunes 19 de octubre aterrizó en Ezeiza el avión que trajo a los siete integrantes de BTS, y desde entonces el calendario argentino se reordenó en torno a tres fechas concretas: 21, 23 y 24 de octubre en el Estadio Único Diego Armando Maradona, todas con localidades agotadas y con la particularidad de que buena parte de la organización previa no la firmó la producción del show, sino las propias comunidades de seguidores.

Yo sigo este fenómeno desde hace años, y lo que me sigue asombrando no es la masividad sino la capacidad logística de ARMY, como se autodenomina la base de fans globales. En cuestión de horas, el desembarco del grupo en el aeropuerto se transformó en una vigilia espontánea que fue transmitida por cientos de celulares, con imágenes que circularon por todas las plataformas y que alimentaron ese seguimiento minuto a minuto que ya es una marca registrada de esta generación de oyentes.

Las reglas que el fandom se dio a sí mismo

Antes de que el primer ARMY Bomb se encendiera, las fanbases locales empezaron a publicar listas de recomendaciones que se volvieron virales. El pedido más comentado fue, curiosamente, el de asistir bañados, tanto al estadio como a los acampes previos, para sostener condiciones mínimas de higiene durante esperas que pueden prolongarse varias jornadas bajo el sol o la lluvia. La consigna, que a primera vista puede parecer menor, concentró buena parte del debate público y dejó en claro que la experiencia del concierto empieza mucho antes de que las luces del escenario se apaguen.

  • No arrojar objetos al escenario en ningún momento del show.
  • Mantener los ARMY Bomb a una altura que no obstruya la visión del resto de los asistentes.
  • Respetar el espacio personal en el campo y en las tribunas.
  • No difundir en tiempo real ubicaciones ni traslados de los integrantes del grupo.
  • No congregarse en hoteles ni en espacios privados de los artistas.
  • Evitar prácticas asociadas a las sasaeng, fans que invaden la intimidad de los músicos.

Esta última línea de recomendaciones, la referida a las sasaeng, término coreano que describe a quienes persiguen a los artistas en sus espacios íntimos, fue la que más fuerte resonó en la previa. Las comunidades argentinas pidieron explícitamente no seguir traslados, no difundir horarios privados y no estacionarse en los hoteles donde se alojaría el grupo, una conducta que, según remarcan los propios fans, contradice la ética que ARMY defiende como propia y que, en definitiva, es la que les permite convivir con miles de desconocidos durante varios días.

El fenómeno también dejó a la vista tensiones internas que, por lo general, no trascienden al público general. En las redes circularon mensajes que cuestionaban la presencia de figuras públicas ajenas al fandom en zonas que algunos seguidores perciben como propias, ganadas con años de acompañamiento. Lo concreto, y conviene recordarlo para no alimentar polémicas innecesarias, es que el acceso y la ubicación dependen exclusivamente de las entradas adquiridas y de las disposiciones logísticas del evento, sin distinción entre seguidores históricos y recién llegados.

“Lo que me sigue asombrando no es la masividad sino la capacidad logística de una comunidad que se autoorganiza, redacta sus propias normas de convivencia y se hace cargo de cuidar a miles de desconocidos.”Osvaldo Duarte

A mis lectores de siempre les sugiero, si tienen la oportunidad, darse una vuelta por las cercanías del Estadio Único en alguna de las tres noches. Más allá del show en sí, que promete ser de los más ambiciosos de la gira ARIRANG, vale la pena observar de cerca cómo funciona esta comunidad en movimiento, cómo se reparten tareas, cómo se relevan en los acampes y cómo resuelven, en tiempo real, los conflictos que surgen cuando miles de personas conviven en un mismo punto del mapa. Es, en definitiva, una de las expresiones culturales más interesantes que nos tocará presenciar en lo que resta del año, y un recordatorio de que la música, cuando se cruza con un fandom de estas características, termina enseñándonos bastante más de lo que imaginamos sobre la vida en comunidad.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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