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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cómo actúan los medicamentos para la obesidad y por qué el médico no puede soltar la lapicera ni un mes

La semaglutida y la tirzepatida imitan señales que el intestino ya fabrica, pero no hacen solas: requieren alimentación, ejercicio, descanso y un seguimiento clínico que ajuste la dosis y cuide el músculo. La jefa de Nutrición del Hospital de Clínicas de la UBA, Pilar Quevedo, explica qué mirar antes, durante y después del tratamiento.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Cómo actúan los medicamentos para la obesidad y por qué el médico no puede soltar la lapicera ni un mes

Me lo crucé la semana pasada en la sala de espera de un consultorio del centro: un señor de unos cincuenta y tantos, con el aire de quien lleva meses peleándola, hojeaba una revista mientras el turno no llegaba. Cuando por fin lo llamaron, entró con una pregunta que se repite cada vez más en los consultorios porteños: "¿Y si pruebo con la inyección esa que salió en la tele?". No es un caso aislado. La consulta por medicamentos para adelgazar dejó de ser una rareza y se convirtió en una de las razones más frecuentes por las que un adulto argentino vuelve a pedir turno. Por eso me parece valioso repasar, con la mayor claridad posible, cómo funcionan realmente estos fármacos y, sobre todo, qué controles piden los profesionales que los indican de manera seria. La médica que mejor lo explica, a mi entender, es Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA.

Quevedo arranca siempre desde el mismo lugar: el tratamiento farmacológico de la obesidad comienza con una evaluación médica y exige controles durante todo el desarrollo. La dosis y el ritmo de descenso de peso, advierte, deben ajustarse a cada persona. El objetivo no se agota en marcar menos en la balanza: incluye reducir grasa corporal y, al mismo tiempo, preservar la masa muscular, algo que suele quedar fuera de la conversación cuando se habla de estos medicamentos en una mesa de bar.

Una historia clínica antes que una receta

Antes de pensar en una inyección, el profesional necesita reconstruir la historia del paciente: cuánto pesa, cuánto bajó antes, qué intentó, qué le funcionó y qué le rebotó. Ese mapa previo define si el medicamento tiene sentido, cuál se elige y con qué expectativa. "La respuesta al fármaco, sus posibles efectos y los cambios en la composición corporal se observan durante el seguimiento", resume Quevedo. La especialista detalla que las dosis se suben de manera gradual, mediante un proceso que en la jerga se llama titulación. También se evalúa si la persona incorporó ejercicio y de qué tipo: el trabajo de fuerza y el cardiovascular pueden modificar la evolución, y no es lo mismo un paciente que camina tres veces por semana que uno que ya entrena con pesas.

Qué hacen la semaglutida y la tirzepatida dentro del cuerpo

Acá viene la parte que más me cuesta explicar a mis conocidos sin recurrir a metáforas forzadas, así que voy a intentar ser lo más llano posible. La semaglutida y la tirzepatida reproducen señales que el intestino ya genera de manera natural y que se comunican con otros órganos: el cerebro, el estómago y el páncreas, entre ellos. Según Quevedo, la semaglutida actúa sobre un único receptor, mientras que la tirzepatida interviene sobre dos vías complementarias. Sus acciones se vinculan con la regulación del apetito, la sensación de saciedad y el control de la diabetes. No son "quemadores" ni "anorexígenos" en el sentido clásico: son hormonas sintéticas que imitan a las que el cuerpo ya conoce.

“Son frecuentes los relatos de hambre intensa, dificultad para sentirse satisfecho y consumo de alimentos entre comidas. Esas experiencias forman parte de una enfermedad multifactorial y no pueden explicarse solamente por la voluntad individual.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA

El problema de después: el rebote que nadie quiere nombrar

Hay un punto que la publicidad suele callar y Quevedo, en cambio, pone sobre la mesa con franqueza: después de adelgazar, el organismo puede activar mecanismos que favorecen la recuperación del peso. Los mismos medicamentos que ayudaron a bajar también sirven para sostener el descenso durante el período de uso indicado. Al suspenderlos, puede producirse una recurrencia, sobre todo si no existe una estrategia integral que acompañe el tratamiento. Por eso el abordaje serio incluye cinco patas:

Quevedo además subraya que los hábitos no se construyen en el vacío: dependen del entorno familiar y laboral, condiciones que hay que considerar al reorganizar la vida cotidiana. Cambiar la comida sin contemplar quién compra en el súper, qué horarios hace la persona o cuánta plata queda para verdura al final del mes, suele terminar en frustración. Los resultados, por último, se evalúan a lo largo del tiempo, no en la primera semana. Y acá vuelvo a mi escena inicial, la del señor en la sala de espera: si finalmente leindicaron un tratamiento, lo más probable es que su médica le haya pedido análisis, una densidad corporal, un plan de físico y un calendario de controles. La inyección, en criollo, es apenas una pieza de un rompecabezas bastante más grande. Y merece la pena vergüenza de quien promete lo contrario.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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