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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el diván se muda al living: Rolón, Pergolini y los reclamos con humor de Otro día perdido

La visita del psicoanalista al programa derivó en una sesión descontracturada sobre los códigos afectivos del equipo: nombres confundidos, besos que no llegan y un seguimiento en Instagram que se volvió tema de.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Cuando el diván se muda al living: Rolón, Pergolini y los reclamos con humor de Otro día perdido

A fines de los años noventa, cuando la televisión argentina empezaba a probar formatos más íntimos, muy pocos imaginaban que un psicoanalista pudiera sentarse en un living de talk show a mediar entre compañeros de trabajo como si fueran pacientes de un grupo terapéutico. Sin embargo, lo que ocurrió en Otro día perdido con la visita de Gabriel Rolón parece confirmar que aquella intuición estaba adelantada a su época, porque la entrevista formal derivó, casi sin proponérselo, en una suerte de terapia grupal de humor, de esas que uno imagina más propias de una sala de espera que de una mesa de programas.

La escena arrancó con una discusión menor pero cargada de simbolismo: la distribución de los sillones. Agustín Aristarán, más conocido como Rada, le propuso al psicoanalista ubicarse entre él y Evelyn Botto, y esa decisión encendió las primeras preguntas del conductor Mario Pergolini, que ofició de anfitrión y de paciente involuntario al mismo tiempo. A partir de allí, lo que tenía que ser una entrevista sobre libros y clínica se transformó en un ida y vuelta de reclamos en clave cómica.

Nombres que no salen, besos que no llegan

Evelyn Botto llevó la conversación hacia su propio lugar dentro del equipo y preguntó cuánto tiempo más iban a seguir tratándola como la nueva, después de un año de trabajo compartido. El detonante fue más concreto todavía: contó que Pergolini, en algunas oportunidades, la llama Layla en lugar de Evelyn, un desliz que para ella tiene peso afectivo y no mera distracción. El conductor respondió con una confesión genuina, dijo que tiene dificultades para recordar nombres, y ella rechazó la explicación con la misma franqueza con la que se habla en un diván.

La locutora sumó otro dato de la vida cotidiana del equipo: dijo que su compañero no acostumbra saludarla con un beso, y Rolón, que ya estaba instalado en su rol de intérprete de los vínculos, respondió que las personas tienen distintas maneras de relacionarse y de expresar afecto, una frase clásica de su repertorio. Para profundizar, el psicoanalista observó que el propio Rada tampoco suele dar besos al saludar, y dejó flotando la pregunta sobre los códigos invisibles que regulan la cercanía entre quienes comparten horas frente a cámaras.

Instagram como campo de batalla

El segundo round del intercambio lo abrió Rada, que eligió un terreno más contemporáneo y, si se quiere, más delicado: las redes sociales. Contó que Pergolini había dejado de seguirlo en Instagram y que, peor aún, se lo había anunciado en persona mientras estaban juntos. Para el humorista, que el conductor figurara entre sus seguidores tenía un valor casi simbólico, una especie de carta de presentación frente a desconocidos que miran el perfil antes de cualquier encuentro.

Pergolini, lejos de esquivar el tema, explicó que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas, una sinceridad que desató la inmediata contraofensiva de Rada: le planteó que, si esa era la molestia, podía haber silenciado la cuenta sin necesidad de cortar el lazo digital. Rolón intervino con una de sus observaciones preferidas, dejó caer que dejar de seguir a alguien también puede leerse como un mensaje sobre la relación entre ambos, y volvió a quedar claro que, en la mesa de Otro día perdido, ningún gesto es inocente.

“¿Una terapia grupal busca que todos se lleven bien? El objetivo depende de cada situación, porque no es lo mismo un grupo que debe seguir trabajando junto que uno que se reúne por elección.”Gabriel Rolón

Pergolini, ya entrado en el juego, le preguntó a Rolón si una terapia grupal apunta a que todos se lleven bien, y el psicoanalista explicó que el objetivo depende de cada situación y preguntó si se trataba de compañeros que debían seguir trabajando juntos, una definición que dejó al conductor sin escapatoria. Rada cerró el bloque con un nuevo reclamo en tono de broma sobre el trato que recibía y las actividades que le proponían, antes de que el conductor diera por terminada la dinámica y, por fin, retomara la entrevista original. Queda flotando, para quienes miramos desde afuera, una pregunta que excede al programa y atraviesa a cualquier redacción, estudio o oficina: qué lugar ocupa el humor cuando los compañeros de trabajo necesitan resolver, sin querer, las pequeñas heridas que deja la convivencia diaria. Si me permiten la recomendación personal, vale la pena buscar el completo y prestar atención no solo a lo que se dice, sino a los silencios y a las sonrisas que hay del otro lado de la mesa.

  • Evelyn Botto planteó que la siguen llamando "la nueva" y que Pergolini la llama Layla.
  • Pergolini confesó que tiene dificultades para recordar nombres, y ella no le creyó.
  • Rada reveló que Pergolini dejó de seguirlo en Instagram y se lo dijo en persona.
  • Pergolini justificó la decisión argumentando que las publicaciones le resultaban aburridas.
  • Rada sugirió que podía haber silenciado la cuenta sin cortar el seguimiento.
  • Rolón describió el momento como una terapia grupal descontracturada.
OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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