Cuando la foto no sos vos, pero el daño te lo hacen igual: cuatro adolescentes bajo la lupa en Lomas de Zamora
Chicas de una escuela secundaria del sur del conurbano bonaerense vivieron semanas de vergüenza, asco y miedo después de que compañeros suyos fabricaran y difundieran imágenes íntimas falsas usando inteligencia artificial. La causa penal avanza, las familias se organizan y el caso reabre un debate incómodo: el archivo puede ser un montaje y aun así arruinarte la vida cotidiana durante un buen rato.

Solemos pensar que el daño de una imagen íntima requiere que esa imagen sea real. Que si uno puede decir "esto no soy yo", el problema se desinfla. Pero lo que vienen contando chicas de un colegio secundario de Lomas de Zamora desmiente esa idea de manera bastante cruda: les alcanzaron unas fotos sacadas de sus propios perfiles públicos en redes, las metieron dentro de un programa de inteligencia artificial y salieron a circular versiones explícitas que nunca existieron. La falsedad del material no borró la vergüenza. Tampoco el asco. Ni la sensación de vulnerabilidad.
La investigación está en manos de la Justicia y apunta a cuatro menores de edad, señalados como los supuestos autores de la producción y difusión de ese contenido manipulado. La fiscalía los investiga por el delito de producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), la misma figura penal que se aplica cuando las víctimas son personas reales, porque la ley equipara ambos casos. En las últimas semanas se realizaron allanamientos en el marco de la causa, que se encuentra en etapa de instrucción.
Una frase que lo explica todo
“Aunque sé que es falso, me da vergüenza.”Una de las adolescentes afectadas, ante su familia
Esa es la paradoja que más cuesta digerir, y que las propias víctimas se encargaron de poner en palabras. Una de ellas contó que tardó en hablar con sus padres porque no quería que la vieran "así", pese a saber que las imágenes eran un montaje. Otra expresó el miedo más elemental y al mismo tiempo más difícil de desactivar: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo." En la lógica de internet, una vez que algo se suelta, se pierde el control sobre adónde va a parar. Y eso, cuando lo que se suelta es una imagen íntima falsa con tu cara, pesa.
Lo que se investiga y lo que ya se sabe
- Cómo se obtenían las fotos: las imágenes originales se sacaban de perfiles públicos en redes sociales de las propias víctimas, sin necesidad de hackeos ni maniobras técnicas complejas.
- Cómo circulaban: el material manipulado se movía principalmente en grupos digitales cerrados, con indicios firmes de que también pasó a plataformas de mensajería masiva.
- Qué pasó en la escuela: cuando las chicas afectadas fueron a hablar con las autoridades del colegio, sintieron que la respuesta llegó tarde y fue insuficiente. Más adelante se organizaron jornadas de diálogo y los menores investigados pasaron a cursar de manera virtual.
- Qué ordenó la Justicia: además de los allanamientos, se dispuso el cese del hostigamiento y se pidieron medidas concretas para evitar el contacto entre las partes.
- Qué hicieron las chicas: organizaron una protesta frente al establecimiento, que reunió a estudiantes de distintos cursos y a familias. Los videos se viralizaron y aparecieron testimonios de jóvenes de otras escuelas que reconocieron haber pasado por situaciones muy parecidas.
Lo más interesante de este caso, y a la vez lo más preocupante, es que muestra un fenómeno que deja en offside a padres, docentes y equipos de orientación por igual. Cuando un chico o una chica sufre ciberacoso clásico —un mensaje hiriente, una foto real filtrada, un rumor—, ya es difícil dar una respuesta rápida y adecuada. Cuando encima el contenido que se viraliza es un montaje generado con inteligencia artificial, la herramienta legal existe, pero la reacción social todavía es lenta. No es raro: la tecnología avanza más rápido que los protocolos.
Por eso la aparición de esta causa en Lomas de Zamora importa más allá del barrio y del colegio puntual. Importa porque hay decenas de familias en el conurbano bonaerense mirando el celular de sus hijas con una pregunta nueva: ¿qué subo, qué dejo de subir, qué les digo, a quién llamo si pasa? Y porque, como muestran las propias víctimas, el daño que produce una imagen falsa no distingue entre lo verdadero y lo fabricado. lastima igual. lastima mucho, y durante bastante tiempo.
Mientras escribo esto, pienso en esas adolescentes que tuvieron que juntar coraje para contar lo que les pasaba, que salieron a manifestarse en la puerta del colegio y que hoy cargan con una angustia que ningún juez va a poder borrarles con una resolución. Les creo cuando dicen que saben que las imágenes son falsas. Y les creo también cuando dicen que eso, sin embargo, no les alcanza para estar tranquilas. Tienen razón en lo uno y en lo otro. Y merecen que el resto del mundo, empezando por las familias y las escuelas, se tome en serio esa mezcla.
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