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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la grasa corporal se vuelve un problema por defecto y no por exceso: lo que empieza a perder el cuerpo antes de lo que muchos imaginan

Reducir los niveles de tejido adiposo por debajo de cierto umbral puede afectar músculos, huesos y el equilibrio hormonal, según especialistas que investigan a deportistas y personas entrenadas. La lectura del porcentaje en una balanza no cuenta toda la historia: la edad, el sexo y dónde se acumula la grasa pesan tanto como el propio número.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Cuando la grasa corporal se vuelve un problema por defecto y no por exceso: lo que empieza a perder el cuerpo antes de lo que muchos imaginan

Le pregunto a mi médica de cabecera cada vez que me subo a una balanza de bioimpedancia en el gimnasio y me dice que tengo, digamos, con un veinte por ciento de grasa. Yo siempre quise ver ese número más bajo, cuanto más bajo mejor, como si la definición muscular fuera un sinónimo de salud. Por eso, cuando empecé a leer lo que investigan Tamara Hew-Butler, Jessica Maung y Fredrik Karpe sobre lo que pasa cuando las reservas de grasa caen demasiado, me di cuenta de que estaba entrenando con una idea que, cuanto menos, necesita una buena revisada. La grasa corporal no es un enemigo a exterminar: es un tejido que almacena energía y que participa en la regulación hormonal del organismo. Llevar sus reservas a niveles demasiado bajos puede alterar distintas funciones del cuerpo, incluso en personas que entrenan de manera regular y se cuidan.

Para dimensionar de qué hablamos cuando hablamos de grasa corporal, conviene tener presente que un porcentaje aislado, por sí solo, no alcanza para evaluar la composición del cuerpo. Influyen en esa lectura la edad, el sexo y, sobre todo, la distribución del tejido adiposo, que es donde se acumula y de qué manera. Además, las herramientas de medición tienen diferencias importantes entre sí: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el nivel de hidratación de la persona en ese momento, mientras que los pliegues cutáneos, esos clásicos que se toman con un calibre en distintas partes del cuerpo, no permiten conocer la grasa que rodea los órganos.

Qué dice el DEXA y qué cuentan los atletas

Entre los métodos disponibles, la densitometría DEXA es la que mejor distingue entre masa grasa, masa muscular y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y puede ser costosa. Ese método se utilizó en un estudio con más de setecientos deportistas en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, en Estados Unidos. Los valores mínimos registrados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, bastante lejos del uno o dos por ciento que suele mencionarse al hablar de definición muscular extrema.

Tener menos reservas no supone necesariamente una mejor condición física. Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación, un dato que suele quedar fuera de la conversación cuando se habla de bajar el porcentaje a cualquier costo.

  • En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir, junto con la energía y el rendimiento deportivo.
  • En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o falta de menstruación, lo que a largo plazo puede afectar la salud ósea.
  • Según Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves.
  • La grasa produce leptina, una hormona que comunica al cerebro cuánta energía hay disponible; si esa señal cae por falta de reservas, el organismo puede relegar funciones para ahorrar recursos.

Estas consecuencias se explican por las tareas que cumple el tejido adiposo en condiciones normales. Además de guardar combustible para cuando hace falta, produce hormonas y señales químicas que mantienen en diálogo al cerebro con el resto del cuerpo. Por eso, cuando las reservas caen por debajo de cierto umbral, el organismo empieza a tomar decisiones que no siempre son las que uno quisiera: apaga funciones, prioriza la supervivencia y deja en segundo plano tareas que requieren energía, entre ellos mantener la masa muscular, la densidad de los huesos y el equilibrio hormonal.

Y ojo con un detalle que a veces se pasa por alto: el exceso también importa, especialmente cuando la grasa se concentra alrededor de los órganos. La acumulación de grasa visceral favorece la liberación de sustancias que inflaman al cuerpo y predisponen a enfermedades metabólicas y cardiovasculares, un tema que merecerá su propia nota en esta sección. Por ahora me quedo con una idea que, como lectora y como alguien que se sube a la balanza cada tanto, me cambió la mirada: la grasa corporal no es un número que bajar a como dé lugar, sino un indicador de equilibrio que conviene leer con contexto, con método y, sobre todo, con un profesional que sepa mirar más allá del dígito que marca la pantalla. Por eso, antes de obsesionarse con bajar el porcentaje, vale la pena charlar con un endocrinólogo o con un nutricionista que contenga cifras reales y no solo la foto del espejo.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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