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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Después de los 50: por qué la plancha adaptada y el puente se vuelven aliados del abdomen sin sobreexigir la espalda

Una rutina simple, dos ejercicios clásicos y una advertencia clave: la postura y la consulta médica previa pueden hacer la diferencia entre fortalecer la zona media y lesionarse.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Después de los 50: por qué la plancha adaptada y el puente se vuelven aliados del abdomen sin sobreexigir la espalda

Lo veo una y otra vez en el consultorio de la entrenadora que me asesora: mujeres y hombres que cruzan los 50 y se plantan frente al espejo con una pregunta que les quema en la cabeza. ¿Cómo hago para tener el abdomen firme sin lastimarme la espalda? La respuesta, me repite cada vez con la misma paciencia, no está en abdominales repetidos hasta el hartazgo sino en movimientos que entiendan cómo funciona el cuerpo a esa edad. La plancha con las rodillas apoyadas y el puente de glúteos son dos de esos recursos que ella suele poner sobre la mesa cuando el objetivo es trabajar la zona media sin forzar el cuello ni exigir de más a la columna.

La plancha adaptada: una exigencia menor, los mismos músculos

Apoyar las rodillas en el suelo cambia la ecuación. Según describe la Clínica Mayo en su guía de ejercicios para el core, la variante se realiza sobre los antebrazos y las rodillas, con el abdomen contraído para sostener la posición. La idea es que la carga sea más llevadera que en la plancha tradicional, donde el cuerpo se sostiene sobre los pies, sin resignar el trabajo de los músculos que importan.

Ahora bien, la postura no es un detalle menor: es casi todo. Los codos tienen que quedar justo debajo de los hombros y la cabeza debe seguir la línea de la espalda, como si fuera una extensión natural de la columna. Forzar el cuello para mirar hacia adelante es uno de los errores más comunes, y también uno de los que más se pagan al día siguiente. Mantener la alineación correcta hace que abdomen, espalda y caderas trabajen en equipo en lugar de que la zona lumbar se arquee y termine absorbiendo lo que no le corresponde.

Antes de lanzarse, hay una advertencia que la Clínica Mayo repite con énfasis: quienes tengan osteoporosis, problemas de espalda o cualquier otra condición de salud deberían pasar primero por un profesional. Poner una rodilla en el suelo no convierte automáticamente a la plancha en un ejercicio apto para todos. Cada cuerpo tiene su historia y su punto de partida, y la adaptación del movimiento no reemplaza una evaluación médica.

El puente: cuando la pelvis toma la palabra

El segundo movimiento que aparece en casi todas las guías es el puente de glúteos, un clásico que la Asociación Americana del Corazón incluye en su propuesta de fortalecimiento y estabilidad. La mecánica es simple: boca arriba, con las piernas flexionadas a la altura de las rodillas, se activa el abdomen y se eleva la pelvis. La clave está en no dejarse tentar por la inercia: la espalda debe mantener su alineación y el cuello tiene que quedar relajado, sin que el esfuerzo se le escape hacia arriba.

Lo interesante del puente es que no trabaja el abdomen en soledad. Caderas y glúteos participan del movimiento, y esa coordinación es la que explica por qué fortalecer la zona media nunca fue solo cuestión de hacer crunches. La zona media del cuerpo incluye la espalda baja y la pelvis, y todo ese conjunto es el que sostiene el equilibrio en las actividades más cotidianas: levantarse de una silla, cargar las bolsas del supermercado, jugar con un nieto en el piso.

La foto más amplia: fuerza, equilibrio y un esquema que combina todo

Estos dos ejercicios no funcionan como un plan aislado. Para los mayores de 65 años, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan una combinación que incluya actividad aeróbica, prácticas de equilibrio y, al menos dos días por semana, sesiones de fortalecimiento muscular que abarquen los principales grupos del cuerpo, con el abdomen como uno más de la lista. La idea es construir una rutina que entienda que el cuerpo después de los 50 necesita un cuidado más integral, donde ningún músculo queda fuera y ninguno queda sobreexigido.

Te lo confieso: cada vez que vuelvo a leer este tipo de guías, me quedo con la misma sensación. No hay fórmulas mágicas para los 50, 60 o 70 años, pero sí hay movimientos pensados para que el cuerpo siga funcionando como uno quiere. La plancha con las rodillas apoyadas y el puente son apenas dos piezas de ese rompecabezas, dos piezas que, bien ejecutadas y con el visto bueno de un profesional, pueden transformar la manera en que nos paramos frente al espejo cada mañana. La consulta con quien sepa de esto no es un trámite: es el primer ejercicio de la rutina.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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