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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Doce ficciones para noches largas: del apocalipsis breve a la comedia británica que reconcilia

Una recorrida personal por series que combinan el suspenso, el drama familiar y el humor, con opciones para todos los tiempos y estados de ánimo.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Doce ficciones para noches largas: del apocalipsis breve a la comedia británica que reconcilia

A fines de los años noventa, cuando apenas existían plataformas y la tele por cable marcaba el ritmo de los descubrimientos, uno elegía qué mirar con la misma seriedad con la que se elegía un libro en la librería de barrio. Eran tiempos en los que las series eran colonias: pequeñas comunidades a las que uno se sumaba o quedaba afuera. Hoy, con catálogos infinitos, vuelve la pregunta de siempre: por dónde empezar. Por eso me senté a armar esta lista, pensando en quienes, como yo, prefieren dejarse llevar por una recomendación honesta antes que por un algoritmo. Son doce ficciones para noches largas, que pueden empezar con un capítulo breve de veinte minutos o estirarse hasta seis temporadas en Yorkshire.

El suspenso como punto de partida

Si lo que buscan es intriga, hay tres caminos bien distintos. La ruta del dinero es una producción danesa que arranca con un hallazgo inquietante: el cuerpo de un trabajador en un parque eólico, y a partir de ahí abre una investigación sobre prácticas empresariales que no deja títere con cabeza. Su compatriota Glue, creada por Jack Thorne, prefiere el pueblo rural inglés: un cadáver debajo de un tractor expone los secretos más íntimos de un grupo de adolescentes. Y si lo suyo son las conspiraciones, Utopia, de Dennis Kelly, tiene todo lo necesario: unos usuarios de un foro consiguen el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes, y una organización poderosa comienza a perseguirlos para obtenerlo.

  • La ruta del dinero: el policial nórdico con denuncia social como motor.
  • Glue: el misterio rural que esconde verdades incómodas.
  • Utopia: conspiraciones, manuscritos y persecuciones.

Historias breves y familias que se reinventan

Para quienes tengan poco tiempo o ganas de algo contundente en pocos capítulos, El colapso propone ocho episodios de unos veinte minutos, cada uno rodado en plano secuencia, con relatos independientes sobre personas que buscan sobrevivir al derrumbe de la sociedad. Es una experiencia tan visual como vertiginosa. Si la paciencia rinde más, Los Durrell tiene cuatro temporadas y sigue a una familia que deja Inglaterra para instalarse en Corfú, a partir de la obra autobiográfica de Gerald Durrell. Es la clase de serie que reconcilia con la vida: personajes que se mudan para empezar de nuevo.

Vínculos, duelos y humor británico

Las pérdidas y los lazos humanos atraviesan varias de estas propuestas. En The Virtues, Stephen Graham interpreta a Joseph, quien vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma infantil y reencontrarse con su hermana. Big Boys, en cambio, aborda el duelo desde la vida universitaria: Jack llega después de un año en su casa tras la muerte de su padre y conoce a Danny, su compañero de habitación. La ficción tiene tres temporadas y va del dolor al humor con delicadeza. También hay amistades adultas en Leonard y Hungry Paul, protagonizada por Alex Lawther y Laurie Kynaston, donde una muerte, una boda y un romance modifican las rutinas de sus personajes. Quienes busquen algo más luminoso pueden sumarse a Todas las criaturas grandes y criaturas, que cuenta con seis temporadas y tiene como eje el trabajo del joven veterinario James Herriot en Yorkshire.

La mirada de Russell T. Davies y el humor ácido

Dos creaciones de Russell T. Davies completan otro tramo del recorrido. Queer As Folk retrata a tres hombres gays en Manchester, y Nolly presenta a Helena Bonham Carter como la estrella televisiva Noele Gordon, en un biopic que tiene tanto glamour como bisturí. Si lo que se quiere es reír a carcajadas, Such Brave Girls se centra en las hermanas Josie y Billy y su madre soltera, con un tono ácido y muy británico.

Como recomendación personal, les diría que empiecen por Big Boys. Es de esas series que abrazan sin hacer ruido, que permiten mirar el duelo con una sonrisa, y que tienen el raro mérito de hacer sentir al espectador menos solo. Después, si les quedan ganas, vuelvan sobre Los Durrell, apaguen el teléfono, y déjense llevar por Corfú. A veces, la mejor serie es la que nos reconcilia con la vida cotidiana.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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