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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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El Duque de Halstead vuelve a las andadas: la segunda temporada de The Gentlemen se anima a ser más oscura y europea

Theo James regresa como Eddie Horniman en una entrega que lo saca de la campiña inglesa, lo cruza con la mafia italiana y le cobra la factura moral del poder. La serie de Guy Ritchie se reinventa sin perder su humor negro.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
El Duque de Halstead vuelve a las andadas: la segunda temporada de The Gentlemen se anima a ser más oscura y europea

A fines de los años noventa, cuando todavía se editaban revistas de video y las series inglesas llegaban al Cono Sur en VHS traducidos a medias, yo era de los que se maravillaban con esas comedias de gánsteres que mezclaban aristocracia y pistoleros. Eran films de Guy Ritchie, justamente, los que me habían enseñado que un lordship podía terminar vendiendo marihuana en el campo sin perder el apellido. Por eso, cuando supe que aquella película se transformaba en serie y que la serie crecía hasta tener una segunda temporada, sentí esa vieja complicidad de quien ve cómo un mundo se expande hacia donde uno alguna vez imaginó que podía ir.

La nueva entrega de The Gentlemen, disponible en Netflix, retoma al Duque de Halstead, al que todos en el mundillo empiezan a llamar Eddie, en un punto delicado: lo encontramos malherido, arrastrándose por un campo embarrado, y la narración retrocede tres meses para mostrarnos cómo llegó hasta ahí. No es el aristócrata despistado de la primera temporada, el que cayó en el negocio del cannabis casi por accidente y gracias a la herencia inesperada de un título nobiliario. Ahora Eddie Horniman es otra cosa.

Un imperio que se quiere internacional

Eddie ya se sacudió la tutela inicial de Bobby Glass, el patriarca del clan que controla el cannabis en Gran Bretaña, y sueña con expandir el negocio más allá de las islas. Para eso necesita recuperar tierras alrededor de la finca familiar y aceitar acuerdos con gente nueva, sobre todo del crimen europeo, que aparece como un socio clave en esta etapa. En el medio, se mueve entre el cannabis legal, la política británica y alianzas con actores del crimen internacional, un equilibrio cada vez más difícil de sostener.

El gran conflicto de la temporada no es solo territorial: es moral. Eddie empieza a entender que sus buenos modales y su educación de duque pueden leerse como debilidad en un mundo donde la amabilidad se confunde con ingenuidad. Acumular poder, descubre el personaje, implica dejar de permitir que otros decidan por uno. Esa transformación, que va de a patrón del crimen, es el verdadero motor dramático de estos episodios.

Viejos conocidos y nuevos rostros

  • Bobby Glass, el patriarca que ahora se entrega a su despertar espiritual y frena las ambiciones de Eddie y Susie.
  • Susie Glass, la socia que crece en poder propio y deja de ser la chica de la esquina para convertirse en pieza clave del negocio.
  • Marco Moretti, el mafioso italiano que interpreta Sergio Castellitto y trae consigo toda la tradición del cine de gánsteres mediterráneos.
  • Cico Maldini, su colaborador, a cargo del italiano Michele Morrone, que aporta una cuota de imprevisibilidad bien europea.

Ritchie mantiene su marca registrada: el espectáculo visual, la violencia estilizada con aires de historieta, el humor negro que puede hacer reír en una escena y asustar al corte siguiente. Pero esta vez todo eso está al servicio de una pregunta más seria: cuánto cuesta construir un imperio y qué le queda a uno cuando el imperio ya está construido. La transformación de Eddie recuerda a la de tantos personajes clásicos del género, esos antihéroes que ganan control sobre su entorno y, al mismo tiempo, pierden la salida.

A mis lectores de siempre les digo lo que les digo cada vez que aparece una segunda temporada de una serie que nos gustó: dénle una oportunidad, aunque sea un capítulo. Porque The Gentlemen no es solo una secuela: es la confirmación de que Guy Ritchie sabe estirar un universo sin repetir la fórmula. Y porque, en el fondo, ver a un duque inglés aprendiendo a ser gángster mientras negocia con la mafia italiana tiene algo de esos viejos VHS de los noventa que nunca me cansé de rebobinar. Vale la pena acompañarlo en este nuevo tramo.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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