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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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El guiso de chipirones que se cocina en media hora y no necesita harina ni espesantes

Patatas chascadas, chipirones salteados y gambones al final: un guiso marinero de cuchara que se arma en menos de treinta minutos, espeso de manera natural y perfecto como plato único.

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Karina SzewczukTurismo · · 3 min de lectura
El guiso de chipirones que se cocina en media hora y no necesita harina ni espesantes

Hay una verdad que confirmé después de probar esta receta varias veces: los mejores guisos de mar no necesitan harina ni espesantes para tener cuerpo. Basta con chascar las patatas y saltear los chipirones antes de sumar el resto. En menos de treinta minutos de cocina queda un plato de cuchara hondo, aromático, con ese perfume a caldo de pescado que llena la casa y un espesor natural que sorprende. Económico, saciante y sin técnica compleja, funciona como plato único o como segundo después de un entrante liviano.

Por qué las patatas se chascan y no se cortan en cubo

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Chascar significa iniciar el corte con el cuchillo y terminar de romper el trozo con la mano, a la altura de la patata. Esa superficie irregular, con bordes deshilachados y astillas de almidón expuesto, es la que hace todo el trabajo: al contacto con el caldo, libera almidón y lo espesa de manera natural. Es el mismo truco que usan las abuelas en los guisos de campo desde hace décadas, y acá se aplica al mundo del mar con resultados idénticos.

  • Los chipirones se saltean solos con un chorrito de oliva hasta que cambian de color: un par de minutos.
  • Entran las patatas y el sofrito, se dejan cinco minutos a fuego medio para que la patata no quede cruda en el centro.
  • Se cubre con caldo de pescado y se cocina quince minutos a fuego lento.
  • Al final se suman los gambones pelados y las judías verdes cortadas en tiras.
  • Se apaga el fuego, se tapa y se deja reposar unos minutos para que los sabores se integren.

El orden de los pasos, según un cocinero de puerto

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Le consulté a Martín, un cocinero que conozco del litoral y que trabaja con pescado todos los días, y me confirmó lo que la receta repite: "Los chipirones van primero, solos, para que larguen su agua y se concentren. Si los metés con todo el resto desde el arranque, se cocinan de más y quedan gomosos". Su otro consejo práctico fue el del reposo tapado: "Las patatas chascadas retienen mucho calor, siguen cocinándose adentro aunque la hornalla esté apagada. Si dejás la olla tapada cinco minutos, los gambones se terminan con el calor residual y quedan justo en su punto". Vale la pena probarlo.

El resultado admite dos lecturas en la mesa, y las dos son válidas. Hay quienes lo comen tal como sale, con cuchara y abundante caldo, disfrutando cada capa de sabor por separado. Otros prefieren aplastar las patatas con el tenedor contra el fondo de la olla para mezclarlas con el líquido y convertirlo en algo más espeso, casi en una salsa rústica donde los chipirones y los gambones se acomodan sobre una crema de patata y pescado. Ninguna de las dos formas está equivocada: depende del hambre y de la compañía.

Mi consejo práctico para quien se anime a probarlo: completar el menú sin sobrecargarlo. Antes del guiso alcanza con algo pequeño, unos mejillones al vapor con limón o una ensalada breve de hojas verdes con un hilo de aceite. Así el protagonismo queda en el guiso, que es lo que corresponde. Y un detalle que me hizo ganar tiempo la última vez: tener el caldo de pescado ya listo (un vaso grande) antes de empezar a cocinar. Con todo a mano, los treinta minutos que promete la nota son reales, no una exageración de marketing.

KS
Karina SzewczukTurismo

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