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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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El regreso del Indio del certámen: Joaquín Levinton volvió al jurado de Es mi sueño y habló de todo

El líder de Turf se reincorporó a las grabaciones del concurso que conduce Guido Kaczka, aclaró que su ausencia estaba prevista por compromisos laborales y se refirió a la denuncia por abuso sexual que lo tiene en el ojo público. En una charla informal con la prensa, agradeció el apoyo del público y de sus compañeros y dejó el seguimiento judicial en manos de sus abogados.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El regreso del Indio del certámen: Joaquín Levinton volvió al jurado de Es mi sueño y habló de todo

A fines de los años noventa, cuando Turf empezaba a sonar en los reductos porteños con aquel rock callejero que mezclaba guitarras filosas y letras de suburbio, nadie imaginaba que su cantante terminaría siendo, décadas más tarde, una de las figuras convocadas para decidir el destino de cantantes anónimos en la pantalla abierta. Sin embargo, el tiempo tiene esas ironías que sólo se entienden cuando uno las vive desde adentro, y por eso no me sorprendió del todo saber que Joaquín Levinton, el Indio para los que seguimos su pista desde aquella primera camada de discos, volvió a sentarse en el jurado de Es mi sueño, el concurso de canto que conduce Guido Kaczka y que se emite por la pantalla de eltrece.

Lo que sí me llamó la atención es la manera en que se dio el regreso. Porque durante las últimas semanas se tejieron todo tipo de especulaciones en torno a la continuidad del músico, alimentadas por la denuncia por abuso sexual que pesa sobre él y por una ausencia que, en los pasillos del canal y en las redes sociales, se leía como una señal de alarma. La realidad, según reconstruí a partir del material al que tuve acceso, fue bastante más terrenal: el cantante tenía compromisos laborales previos, las grabaciones se reprogramaron y, una vez resuelta la agenda, el Indio volvió al estudio como si nunca se hubiera ido.

Una vuelta sin estridencias, pero con palabras medidas

Antes de cruzar la puerta del estudio, Levinton dialogó brevemente con la prensa que lo esperaba en la entrada. El tono fue distendido, casi de reencuentro, y el cantante eligió poner el acento en su oficio más que en el escándalo. "Me encanta volver a trabajar. Me encanta hacer lo que hago", dijo, y agregó una frase que a mí, que lo sigo desde aquellos primeros shows en pubs del Abasto, me sonó a declaración de principios: recordó que hace treinta años que intenta alegrar al público con sus canciones y que procura trasladar esa misma energía al concurso.

“Acá todos me apoyan, todos me quieren y no hay mucho más que decir.”Joaquín Levinton

También confirmó que habló con Guido Kaczka antes de reincorporarse, un dato que parece menor pero que a esta altura de los tiempos se vuelve clave: en los formatos de talento, la relación entre conductor y jurado es el motor invisible del programa, y cualquier cortocircuito se nota en cámara. El líder de Turf, en cambio, eligió transmitir calma y agradecimiento. Agradeció, puntualmente, a la gente que se acerca a saludarlo por la calle y a sus compañeros de equipo, a quienes definió como una especie de familia televisiva.

La denuncia, en boca de sus abogados

  • La ausencia en las grabaciones estaba prevista por compromisos laborales previos del cantante.
  • Levinton negó haber mantenido una relación de pareja con la denunciante y calificó el vínculo como breve.
  • El músico describió la situación judicial como "una pesadilla" y derivó el seguimiento en sus abogados.
  • Consideró que la acusación es "muy seria" y, por eso, merece seriedad: no aceptó extenderse en una entrevista individual.

Lo que me queda dando vueltas, como espectador y como periodista, es el modo en que Levinton eligió pararse frente al micrófono. Podría haber esquivado el tema, podría haber ironizado o podría haber montado un discurso épico. Optó por algo que a esta altura suena casi anticuado: pedirle a la prensa que se tome el asunto con la misma seriedad con que él dice tomarse la acusación, y correr el foco hacia su trabajo. Es, si se quiere, una postura tan conciliadora como calculada, pero también genuina, porque vuelve a poner en el centro lo que un jurado de un concurso de canto está convocado a hacer: escuchar, opinar y, sobre todo, darle una oportunidad a quien se para frente al escenario con una canción bajo el brazo.

Mi recomendación, si me permiten el consejo personal que me caracteriza, es que vuelvan a darle play a Es mi sueño y miren al Indio con atención. No para emitir un juicio moral desde el sillón de casa, que de esos ya hay demasiados dando vueltas, sino para entender cómo se mueve un artista de raza cuando tiene que defender su lugar en un escenario que no eligió, en un momento que tampoco eligió. A veces, las mejores páginas de la historia de un músico se escriben en los capítulos más incómodos, y este,, es uno de esos. (Perdón, la máquina se mandó una: quise decir que este, sin dudas, es uno de esos capítulos.)

Levinton volvió, y con él volvió la Turf de los domingos a la noche, esa banda sonora que muchos de nosotros llevamos puesta desde la adolescencia. Que la Justicia determine lo que tenga que determinar; mientras tanto, el cantante seguirá cantando y el público, como siempre, decidirá con el control remoto.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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