El sí de Ivana y Darío: la boda que se cocina en Pacheco y tiene fecha en el almanaque
La empresaria confirmó que el 20 de marzo de 2027 dará el sí con Darío Cvitanich en el Golf Club, en una jornada pensada para el relax, sin rituario religioso y con un vestido que todavía no terminó de decidir, mientras repasa los anillos del pasado y se muestra abierta a empezar una etapa nueva en común.

Yo vengo siguiendo la trayectoria de Ivana Figueiras desde aquellos años en que su nombre circulaba en los pasillos de la farándula con la discreción de quien sabe que la exposición, a veces, se vuelve en contra, y la noticia de su casamiento con Darío Cvitanich me devuelve a esa sensación de estar cerrando un capítulo que arrancó hace décadas, cuando las colonias todavía funcionaban como territorios de encuentro social y las familias negociaban en silencio los acuerdos matrimoniales de sus hijas, porque en el fondo una boda nunca es solo una boda, es la foto de toda una época que se acomoda para abrir la siguiente.
El plot twist lo confirmó la propia Ivana en las últimas horas, cuando blanqueó que el casamiento con el exfutbolista ya tiene fecha marcada en el calendario: será el sábado 20 de marzo de 2027, en el Golf Club de Pacheco, un punto de la zona norte del conurbano bonaerense donde las familias de toda la vida suelen levantar las copas cuando hay algo importante que celebrar, y donde la pareja eligió armar una jornada que, por lo que se desprende de sus propias palabras, apunta más a la alegría distendida que al rito encorsetado.
La elección del 20 de marzo y un festejo sin altar
Figueiras explicó que la fecha se terminó corriendo unos meses hacia adelante porque hacía falta tiempo extra para ordenar cada detalle, y que en esa negociación interna el propio Cvitanich había empujado para realizarla en noviembre, la ventana que muchos eligen para escaparle al calor del verano y casarse bajo los jacarandás en flor, aunque finalmente se inclinaron por marzo, un mes que suele traer noches más amigables y que, además, carga un guiño íntimo: el veinte es el número favorito del exdelantero, y no es un dato menor si uno repasa la historia de las colonias rurales, donde los números siempre tuvieron peso simbólico en los acuerdos familiares, casi como pequeños guiños al destino.
Lo religioso, en este caso, queda afuera de la conversación: la boda será únicamente por civil, porque Cvitanich ya dio el sí ante un altar en su matrimonio anterior, y la pareja resolvió no repetir ese tipo de ceremonia, una decisión que también habla de cómo fueron cambiando los usos sociales en las últimas décadas, cuando la Iglesia dejó de ser el único escenario válido para oficializar uniones y el Registro Civil pasó a ocupar ese lugar central que durante generaciones tuvieron las parroquias de barrio.
“Fuimos a comer y él me iba a proponer casamiento. Se filtró porque una persona del hotel nos sacó unas fotos. Ese día me hizo la propuesta y obviamente le dije que sí.”Ivana Figueiras
La anécdota del pedido, además, tiene esa cuota inesperada que a mí, como viejo lector de estas historias, me despierta una sonrisa cómplice: la propuesta iba a quedar en la intimidad de una cena, pero alguien del hotel se sacó unas fotos que terminaron anticipando el compromiso antes de que la pareja pudiera dosificar la noticia a su ritmo, un episodio que, bien mirado, se parece mucho a esas escenas que se contaban en las colonias cuando un noviazgo se blanqueaba antes de tiempo por un comentario suelto en la pulpería o por una carta que caía en la mesa equivocada.
El vestido, los anillos del pasado y la lista de invitados
- Sobre el vestido, Figueiras todavía no lo tiene definido y trabaja en alternativas junto a la diseñadora Joti Harriague, con la idea de privilegiar un diseño tranquilo y posiblemente corto, lejos de los pomposos trajes de cola larga que dominaron las bodas del último siglo.
- En cuanto a los anillos de compromiso de relaciones anteriores, la propia Ivana repasó el destino que les dio: uno quedó olvidado en una planta, otro terminó arrojado por el inodoro, un tercero fue entregado a una de sus hijas y el cuarto fue devuelto a una expareja, después de que debió achicar la sortija que le regaló Cvitanich.
- Sobre la posibilidad de sumar un nuevo integrante a la familia, Figueiras fue tajante: no es un deseo que tenga, porque se siente completa siendo madre de sus dos hijas, una postura que también marca un cambio de época respecto de las colonias, donde la presión social solía empujar a ampliar la descendencia casi como una obligación moral.
- La lista de invitados se perfila con familiares y allegados de ambos, con el plus de que Cvitanich podría acercar a parte de su mundo del fútbol, lo que le dará a la celebración un tono híbrido entre lo íntimo y lo deportivo.
En lo personal, yo recomiendo mirar esta boda con la atención que merecen los detalles simples: la fecha elegida por un número que el novio quería cerca, la decisión de correr la celebración para llegar con los tiempos justos, un vestido que probablemente se vea más cómodo que pomposo y una ceremonia sin altar que, lejos de restarle solemnidad, le devuelve al casamiento ese aire de encuentro entre dos personas que se conocen y que ya eligieron compartir la vida, que en el fondo es de lo que se trata cuando uno repasa la historia de las colonias y advierte que, detrás de cada unión, lo que terminó pesando fue siempre el pulso íntimo de los protagonistas más que el marco solemne que los rodeaba.
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