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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Fatiga que no se va: por qué una psicóloga británica pide mirar también el plato antes de recetar

Kimberley Wilson sostiene que cansancio, apatía y malhumor persistentes merecen una evaluación que incluya alimentación, sueño y contexto de vida, sin reemplazar la psicoterapia ni los medicamentos cuando hacen falta.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 3 min de lectura
Fatiga que no se va: por qué una psicóloga británica pide mirar también el plato antes de recetar

Me pasó, como les habrá pasado a varios de ustedes, de atravesar semanas en las que el cuerpo pide pausa y la cabeza responde con niebla. Dormís, pero amanecés roto. Comés, pero sin ganas. Y entonces alguien, en lugar de mirarte los ojos, te pregunta qué comiste en los últimos meses. La psicóloga Kimberley Wilson está convencida de que esa pregunta tiene que instalarse en la consulta de salud mental, y no como una curiosidad, sino como parte del mapa de cualquier tratamiento. Para esta profesional británica, el cansancio que se arrastra, la apatía que no se sacude con un buen café y el ánimo que se aplana sin causa aparente merecen una evaluación que también pase por la cocina, el placard de los suplementos y la calidad del descanso.

Lo que ella plantea no es una moda ni una vuelta de tuerca de la dietética: es una integración. La alimentación, el sueño y el movimiento entran a la consulta como datos clínicos, del mismo modo que entran los eventos traumáticos, las pérdidas recientes o el estrés del trabajo. La psicoterapia y la medicación siguen siendo herramientas centrales, pero dejan de ser las únicasvarillas a tocar. La idea, según Wilson, es entender qué factores están empujando en cada caso y recién después decidir por dónde se empieza. Una persona con un pasado de situaciones traumáticas quizá requiera una terapia especializada; alguien con anemia o una alimentación muyrestrictiva puede ver de sus síntomas al corregir un déficit concreto. Son dos caminos que pueden necesitarse y que no se contraponen.

Los nutrientes que Wilson pone bajo la lupa

  • Vitaminas B3 y B12, vinculadas al funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso.
  • Zinc, asociado a procesos de regulación emocional y respuesta inmune.
  • Selenio, mineral antioxidante implicado en funciones neuropsicológicas.
  • Omega-3, presente en pescados azules como sardina, salmón y caballa, recomendable al menos una vez por semana.

Wilson aclara, y vale la pena subrayarlo, que la insuficiencia de cualquiera de estos nutrientes no determina por sí sola que alguien padezca depresión o ansiedad. Puede agravar el cansancio, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo, y por eso vale la pena investigarla cuando los síntomas se vuelven persistentes. Quienes siguen una dieta vegetariana ovegana pueden requerir suplementación, y en ese punto la profesional sugiere consultar con un profesional de salud antes de tomar un frasco por cuenta propia.

La experiencia en una cárcel de Londres y lo que dejó ver

El interés de Wilson por esta articulación entre cuerpo y psiquisela se consolidó en un lugar poco amable: la prisión de mujeres de Holloway, en Londres. Ahí, trabajando con internas en esa dirección, observó que muchas presentaban dificultades para regular sus emociones que coincidían con carencias alimentarias. Citó además ensayos clínicos aleatorizados en cárceles que vincularon la administración de micronutrientes con una disminución de episodios violentos entre personas privadas de la libertad. La propia Wilson marca el límite: esa asociación no significa que la conducta de una persona se explique solo por lo que come.

La revisión que ella propone es más amplia. A la nutrición se suman el sueño, el sedentarismo, el consumo de sustancias, los conflictos personales y el estrés laboral, entre otros ejes. Y hay un detalle que la especialista agradece despacio: los efectos de cambiar la alimentación, el descanso o la actividad física tardan meses en sentirse, y esa paciencia también forma parte del tratamiento. No es un sprint, es una mudanza lenta de hábitos que, en muchos casos, vale la pena empezar.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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