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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Hace 42 años, De Niro y Streep se cruzaban en Manhattan: por qué vale la pena reencontrarse con 'Enamorarse'

El film de Ulu Grosbard que reunió a dos gigantes de Hollywood en un registro íntimo vuelve a estar disponible. Una historia sobre adultos, decisiones y la rutina que se rompe en una librería de Manhattan.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Hace 42 años, De Niro y Streep se cruzaban en Manhattan: por qué vale la pena reencontrarse con 'Enamorarse'

Tengo que confesar algo antes de arrancar: la primera vez que vi 'Enamorarse' fue en un cine de barrio de Buenos Aires, en una sala de las que ya no quedan, a mediados de los ochenta. Yo era muy chico y, por supuesto, no entendí ni una palabra de lo que pasaba entre Frank y Molly. Pero me acuerdo de la librería, de la nieve y de la sensación de que esos dos adultos estaban haciendo algo que no tenían permiso para hacer. Décadas después, uno vuelve sobre esta película con otros ojos, los mismos que tantas cintas del Hollywood de los ochenta soportaron con resignación, y la sorpresa es que sigue ahí, intacta, sin pedir demasiado.

Paramount Pictures la estrenó en 1984 y la trajo de vuelta al ruedo en estos días, a 42 años de su estreno original. Está basada en la obra teatral de Peter Parnell, que el dramaturgo había escrito poco antes. La dirección quedó en manos de Ulu Grosbard, un hombre de teatro que se movía cómodo cuando los actores tenían que decir poco y mirar mucho. Y el guion fue responsabilidad de Michael Cristofer, conocido sobre todo por su trabajo como dramaturgo y por aquel guion de 'La rosa' (The Rose).

Dos gigantes en un registro distinto

Bob De Niro y Meryl Streep ya se habían cruzado en 'El francotirador' (The Deer Hunter, 1978), la película de Michael Cimino que les valió a ambos sus primeras nominaciones al Oscar. Pero aquel encuentro era de otro orden: trauma, guerra, masculinidad rota, un duelo interpretativo de los que hacen época. Aquí, en cambio, la apuesta era más modesta y, por eso mismo, más riesgosa. Streep dejaba atrás laMargaret Thatcher de 'La dama de hierro' y los acentos perfectos que la harían leyenda; De Niro se alejaba de Travis Bickle y de Jake LaMotta. Los dos tenían que vérselas con algo que, en teoría, no se les daba bien: la vida cotidiana de adultos con familia, hipoteca y cuenta en el supermercado.

Y lo hicieron. Esa es la primera sorpresa que uno se lleva cuando revisa la película hoy. Streep compone a Molly Gilmore como una mujer que todavía se mira al espejo con curiosidad y que, al mismo tiempo, carga con el cansancio de un matrimonio que ya pasó de largo. De Niro hace algo similar con Frank Raftis, un abogado que un día toma un tren y se cruza con alguien que le desordena la agenda, las convictions y el ritmo del subte.

Un encuentro que empieza con un paquete equivocado

  • El arranque es una escena en una librería de Manhattan, en plenas fiestas. Ella compra un libro, él también; por error, se llevan los paquetes del otro.
  • Meses después se reencuentran en el tren suburbano que los dos usan a diario, el lugar donde la mayoría de los neoyorquinos finge leer y donde, en esta película, dos personas empiezan a mirarse de verdad.
  • La familiaridad crece, los cruces se vuelven rituales, las conversaciones se alargan. Y ahí aparece el problema: los dos están casados, los dos tienen hijos, los dos saben lo que está pasando y lo que eso significa.
  • El guion de Cristofer no los apura ni los disculpa: los deja en esa incomodidad, con la culpa como compañía y el deseo como interferencia.

Lo que me sigue conmoviendo de 'Enamorarse', y se lo digo con la honestidad de un tipo que ya vio demasiadas comedias románticas en su vida, es que la película no se resuelve nunca del todo bien. No hay un finale que cierre el conflicto como si fuera un arco de cupido. Frank y Molly tienen que decidir qué hacer con algo que ninguno buscó, sabiendo que cualquier respuesta les va a doler. Ese es el motor del film y también su mayor riesgo: en una industria que suele premiar los finales cómodos, Grosbard se planta en la incomodidad.

La ciudad es otra de las protagonistas, y eso no es un detalle menor. La librería del Upper West Side, los vagones del Metro-North, las cafeterías de Yonkers y los departamentos con cocina americana funcionan como un mapa emocional de Nueva York. Es, en el fondo, una película sobre la rutina rota: dos personas que hacen todos los días el mismo trayecto y, un día, ese trayecto deja de ser el mismo.

Elenco, crítica y un legado modesto

El elenco de apoyo merece una mención aparte porque sostiene mucho del peso dramático: Harvey Keitel está notable como el taxista y amigo que le dice en la cara lo que Frank no quiere escuchar; Dianne Wiest compone a la esposa de él con la inteligencia sensible que la haría famosa dos años después en 'Hannah y sus hermanas' (Hannah and Her Sisters); Jane Kaczmarek y David Clennon completan el círculo de matrimonios que orbitan la pareja central.

En lo comercial, los números fueron discretos. La película recaudó poco más de 11 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, una cifra chica para una producción con dos estrellas de ese calibre en plena era de los blockbusters. La crítica tampoco fue unánime: Roger Ebert le dio dos estrellas sobre cuatro y cuestionó el guion, aunque reconoció que había momentos puntuales donde De Niro y Streep, juntos, eran difíciles de igualar. Igual, con el correr de los años, 'Enamorarse' se fue convirtiendo en una de esas películas que el público recuerda con cariño aunque la taquilla no la haya acompañado, y hoy es un objeto de culto para los fans de los dos actores que, en cada nueva entrega, salen a buscarla.

Si nunca la vieron, aprovechen que está disponible de nuevo. Y si ya la vieron hace tiempo, como me pasó a mí, dense el gusto de revisarla en una noche de semana, con la casa en silencio. Les aseguro que van a descubrir que la película habla de un tipo de amor que el Hollywood de hoy se niega a filmar: el que no conviene, el que no épico, el que llega cuando uno ya bajó la guardia y se subió al tren.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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