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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Holder abrió la puerta a un debate incómodo: ni los 125 kilos ni la selfie de Ibiza eran una victoria

El ex Gran Hermano mostró dos fotos opuestas de su cuerpo para advertir que ambas escondían un problema de fondo. Su testimonio pone el foco en la presión estética de las redes y en los hábitos que muchas veces se esconden detrás de una imagen.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Holder abrió la puerta a un debate incómodo: ni los 125 kilos ni la selfie de Ibiza eran una victoria

Corría mayo del año pasado y Tomás Holder, más conocido simplemente como Holder, se paró frente a la balanza y el número no le dejó margen: 125 kilos. Yo lo recuerdo de aquella edición de Gran Hermano como un pibe desfachatado, de los que entran a la casa gritando, y por eso me llamó la atención saber que, fuera de las cámaras, llevaba siete meses sin pisar un gimnasio, encerrado entre cuatro paredes, con la PlayStation encendida hasta doce horas por jornada y una dieta sostenida a base de comida chatarra. "No encontraba rumbo, no encontraba soluciones", resumió él mismo al evocar ese tramo de su vida, al que vinculó directamente con un mal momento emocional que prefirió no adornar.

Meses después, ya en julio de este año, la postal fue otra. El Tomi llegó a Ibiza con un cuerpo marcado que no pasó desapercibido en playas y boliches de la isla. Pero lejos de colgarse la medalla, él mismo se encargó de desinflar la euforia: "Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico". Esa frase, a mi entender, es la columna vertebral de toda su reflexión, porque desnuda algo que en el mundillo del fitness y de las redes casi nunca se dice en voz alta.

Cinco meses de dieta estricta y un precio que nadie muestra

Para llegar a esa definición, Holder contó que pasó cinco meses con un control alimentario riguroso, al punto de desarrollar culpa cada vez que comía y de quedar condicionado por la balanza. Lo que antes era un placer tan simple como una hamburguesa se transformó en un conflicto cotidiano. El propio joven reconoció que el soporte químico que le permitió sostener ese físico no es sostenible en el tiempo, lo que vuelve contradictorio celebrar una imagen que, por sus propias palabras, no debería tomarse como meta.

La decisión de exponer la foto de los 125 kilos, que tenía guardada por vergüenza, fue sobre todo un gesto de acompañamiento. "Cuiden su salud y sobre todo su salud mental", pidió, en un mensaje que se lee como una advertencia y como un consejo casi confesional. En el mismo repaso, Holder desmintió retoques faciales y atribuyó los cambios en sus rasgos a la dieta y al uso de barba, un detalle menor al lado del núcleo de su testimonio, pero útil para entender cómo se construyen, capa por capa, las percepciones sobre el cuerpo ajeno.

“Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico.”Tomás Holder

Si me permiten la cercanía, creo que Holder puso el dedo en una llaga que atraviesa a toda una generación: la de creer que la única forma de querer el propio cuerpo es mostrarlo en su versión más extrema, ya sea por exceso o por defecto. Como lector y como alguien que sigue estos temas desde hace años, me quedo con su conclusión, tan simple como incómoda: ni los 125 kilos escondidos en un placard ni la selfie en Ibiza eran un estado de salud real. La recomendación, en mi caso, es leer su testimonio sin convertirlo en trend, sin buscar la foto para escrache ni para admiración, y entender que detrás de cada cuerpo que se sube a una red social hay, casi siempre, una historia que no entra en el encuadre.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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