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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ikebana: una izakaya porteña donde el sushi se cruza con el chorizo, la molleja y la trucha

En Palermo Soho, Jerónimo Sammartino y el chef ejecutivo Esteban Leira armaron una carta que combina piezas de sushi, ramen, tempura y sando con ingredientes de raíz local como el chorizo y la molleja, más cócteles con fernet y un mochi de frutilla, chocolate y miso para cerrar la noche.

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Karina SzewczukTurismo · · 3 min de lectura
Ikebana: una izakaya porteña donde el sushi se cruza con el chorizo, la molleja y la trucha

Soy Karina Szewczuk y me acerco hasta Palermo Soho con la misma curiosidad de siempre: ver cómo se cocina eso que después termina en la mesa. En este caso, la recorrida empieza en una barra desde la que se puede mirar de cerca el trabajo de los cocineros, porque Ikebana funciona como una izakaya y justamente ahí está una de sus gracias, ver el armado de cada plato en vivo, con el ruido de la cocina de fondo y el vapor de las cazuelas cruzando el mostrador.

La idea, según me cuentan los que están detrás del proyecto, es armar un menú que reúna distintas preparaciones japonesas sin encasillarse en un solo estilo. Por eso la carta combina sushi con ramen, tempura, karaage, poke y sandos, y a la vez se permite sumar ingredientes locales como chorizo, molleja o trucha. Es una cocina de fusión, sí, pero con una lógica clara: tomar la técnica japonesa y dejarla conversar con productos que cualquier porteño reconoce.

Entradas que ya cuentan el juego

Para arrancar, la propuesta tiene dos preparaciones que resumen el espíritu de la casa. Una son las gyozas rellenas de chorizo con manzana verde, una mezcla donde la grasa del embutido se equilibra con la frescura y el ácido de la fruta. La otra es un tiradito de trucha con ají amarillo, palta, jalapeño encurtido y boniato crocante, una entrada con picante suave, textura crujiente y un punto cremoso que funciona como antesala del resto del menú.

El sushi y los platos de cazuela

Dentro del apartado de sushi, además de los rolls clásicos, aparece un nigiri de molleja que se completa con mermelada de ají, alioli de cilantro y sal marina de vino tinto, una preparación que muestra el lado más creativo de la carta. Para quienes prefieran un plato más contundente, servido en cazuela, está el poke de trucha: arroz como base, pescado, salsa tare, kimchi, zanahorias glaseadas, almendras, repollo, cebolla morada encurtida, coliflor en tempura y mermelada de ají encima, una combinación que mezcla fermentados, crocantes y suaves en una misma olla.

Para beber y para cerrar

La carta de bebidas suma un cóctel bien porteño con formato japonés: fernet, salino de ostras, cordial de ananá y limón, una mezcla que puede sonar arriesgada pero que en el vaso funciona como puente entre la barra clásica argentina y la coctelería de autor. Y para el final, el mochi de la casa: cobertura de masa de harina de arroz con un relleno que combina frutilla, ganache de chocolate y miso, un cierre con dulzor, fruta y ese toque salado-fermentado que ya recorrió toda la carta.

  • Reservá con tiempo: la barra tiene pocos lugares y es lo mejor para ver la cocina en acción.
  • Pedí las gyozas de chorizo y manzana verde como entrada para compartir.
  • Si te gusta el sushi con vueltas, arrancá por el nigiri de molleja con mermelada de ají.
  • El poke de trucha es la opción más rendidora si querés un plato único bien completo.
  • Cerrá con el mochi de frutilla, chocolate y miso: es el broche justo después de tantos sabores.
KS
Karina SzewczukTurismo

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