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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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La hipótesis del amor: cuando la ciencia y el corazón comparten fórmula en Prime Video

Lili Reinhart y Tom Bateman protagonizan una comedia romántica basada en el best seller de Ali Hazelwood, dirigida por Claire Scanlon y escrita por Sarah Rothschild, donde un acuerdo entre una estudiante de posgrado y su profesor termina poniendo en jaque la frontera entre la razón y el deseo.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
La hipótesis del amor: cuando la ciencia y el corazón comparten fórmula en Prime Video

A fines de los años ochenta, cuando todavía se estilaban los acuerdos por carta y las novelas sentimentales se devoraban en los quioscos de la calle Corrientes, uno firmaba pactos con los amigos para llegar a fin de mes, para sacarse un turno en la facultad, para todo. Eran arreglos entre conocidos, con la palabra como único papel firmado. Ese lejano ritual de confianza elemental —darle la palabra a alguien y sostenerla hasta que la vida decidía otra cosa— es, en buena medida, el corazón cómico y dramático de La hipótesis del amor, la película que acaba de desembarcar en Prime Video y que reordena piezas clásicas del género con la precisión de quien acomoda pipetas en un laboratorio.

Una ficción con ADN universitario

La película, producción estadounidense de 2026, adapta la novela de Ali Hazelwood y tiene una duración de 110 minutos. La dirección quedó en manos de Claire Scanlon, mientras que el guion lleva la firma de Sarah Rothschild, que trabajó sobre el material literario para trasladar a la pantalla la química —literal y figurada— entre una estudiante de posgrado y el profesor que la hostiga en los pasillos.

Lili Reinhart —a quien el público de Riverdale recuerda como Betty— interpreta a Olive Smith, una joven dedicada a sus estudios que persigue un objetivo tan noble como enredado: ayudar a su amiga Anh a animarse a salir con Jeremy, un compañero de la universidad. Para empujar ese cruce, Olive decide fingir que ya no siente nada por Jeremy y, sobre todo, mostrarlo en público. Rachel Marsh y Nicholas Duvernay se ponen en la piel de Anh y de Jeremy, los dos personajes que orbitan alrededor del engranaje.

Del otro lado del mostrador aparece Adam Carlsen, el profesor distante y de modales ásperos al que da vida Tom Bateman. Lo que empieza como una mentira piadosa para que Anh vea el camino despejado se transforma, casi por decantación, en una farsa compartida con el docente: Adam necesita simular un noviazgo para conseguir una beca que le permita continuar con su propia investigación. Así, la negociación que en cualquier otra comedia sería sólo un pretexto argumental aquí se ata con doble nudo: Olive quiere cuidar a su amiga, Adam quiere cuidar su carrera. Los dos firman sin saber que están firmando algo más profundo.

Del pacto al sentimiento: la curva emocional

El reparto se completa con Jaboukie Young-White y Arty Froushan, que aportan los relieves cómicos y la textura de campus que el relato necesita para que la burbuja académica no se vuelva hermética. La amistad también pesa en las decisiones de la protagonista: Olive perdió a su madre durante la adolescencia y encuentra en Anh algo más que una compañera de laboratorio, una suerte de familia elegida con la que comparte la devoción por la ciencia.

A medida que sostienen el pacto, los términos se corren: aparecen los gestos fuera del libreto, las miradas que sobran, las cenas que empiezan como obligación y terminan como costumbre. La película acompaña ese paso del noviazgo inventado al vínculo afectivo con el tempo propio de las comedias románticas que confían en sus intérpretes, y Reinhart y Bateman responden con una dupla que sostiene tanto el humor como la incomodidad de dos personas que mienten demasiado bien para su propio bien.

Una recomendación para terminar

Si a usted, querido lector, le pasó alguna vez que terminó haciendo algo por un amigo y descubrió, camino a casa, que el favor se le había vuelto propio, La hipótesis del amor le va a resonar con una familiaridad incómoda. No es una película para ver esperando grandes revoluciones formales, sino para dejarse llevar por la sonrisa lenta que se instala cuando dos personajes se van corriendo de su propio libreto. Le sugiero verla un domingo por la tarde, con algo caliente para tomar y a la distancia prudente de cualquier parecido con su propia vida sentimental, porque uno nunca sabe dónde quedó firmado el pacto que ahora le toca sostener. La cita queda abierta en Prime Video.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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