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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La naranja en el cielo de Neuquén: cuando el temporal empuja a quedarse en casa

Seis departamentos del interior quedaron bajo alerta naranja por tormentas, granizo y ráfagas, con acumulados que podrían superar los 50 milímetros. Las recomendaciones de las autoridades y un recordatorio que nunca está de más.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
La naranja en el cielo de Neuquén: cuando el temporal empuja a quedarse en casa

Son las primeras horas de la tarde de este lunes y el cielo sobre gran parte del interior neuquino empieza a cerrarse con ese tono plomizo que los vecinos del sur ya conocen bien. La pregunta, mientras los teléfonos muestran alertas en cadena y las radios repiten el parte meteorológico, es siempre la misma: si lo agarran a uno en la calle, ¿adónde se corre? La respuesta, en las últimas horas, la dieron las autoridades con un mensaje que no admite ambigüedades: quien pueda, que se quede en casa.

Adónde pega más fuerte el temporal

El Servicio Meteorológico Nacional emitió un alerta naranja para seis departamentos del interior de Neuquén: Loncopué, Picunches, Ñorquín, Añelo, Pehuenches y Chos Malal. En esas zonas se esperan tormentas con abundante actividad eléctrica, caída de granizo y ráfagas de viento que pueden ser intensas. Los registros de lluvia previstos van de 20 a 50 milímetros en pocas horas, con la posibilidad de que en puntos localizados se supere ese umbral, una cifra que, traducida a calle, significa calles anegadas en minutos y sumideros que no dan abasto.

En paralelo, otros distritos quedaron bajo alerta amarilla, el escalón inmediatamente inferior: Confluencia, Picun Leufu, Catán Lil, Collón Curá, Zapala y los sectores bajos de Aluminé, Huiliches y Lácar. Allí los acumulados previstos oscilan entre 10 y 20 milímetros, con granizo ocasional y ráfagas. En las áreas de mayor altura no se descarta, además, la caída de nieve, un condimento que complica todavía más el tránsito por rutas de montaña.

Qué hacer antes, durante y después de la tormenta

  • Quedarse en casa salvo que sea estrictamente necesario y mantener distancia de puertas y ventanas mientras dure el temporal.
  • Retirar o asegurar objetos sueltos en patios y balcones que el viento pueda transformar en proyectiles.
  • Revisar desagües y sumideros para evitar que la lluvia los encuentre tapados.
  • Si ingresa agua a la vivienda, cortar la electricidad y desconectar los electrodomésticos antes de cualquier otra maniobra.
  • Nunca circular por calles anegadas: el agua puede ocultar pozos, tapas abiertas o cables caídos, y la profundidad cambia en minutos.
  • Armar un kit con agua potable, alimentos no perecederos, botiquín, radio a pilas y linterna, y tener el teléfono cargado y a mano los números de Protección Civil, Bomberos y Policía.
  • Si la tormenta sorprende al aire libre, buscar refugio de inmediato en un edificio, una casa o un vehículo cerrado, y evitar zonas arboladas o espacios abiertos.

El parte oficial insiste con una recomendación que, cada vez que la escucho, me parece de las más difíciles de cumplir en la vida real: no subestimar el agua. Ver una calle cubierta por unos centímetros de líquido y pensar que se puede cruzar es, muchas veces, el error que termina en el hospital. La regla, simple y dura, dice que si el agua cubre las ruedas o no se ve el asfalto, no se cruza. Y si ya estás del otro lado, no se vuelve.

En las comunidades mapuches que habitan parte de estos departamentos, muchas familias saben de memoria cómo prepararse para una tormenta de verano: reservas de agua, velas, alimentos guardados y, sobre todo, la advertencia de mantener a los chicos y a los mayores lejos de los ríos y los canales que bajan desde la cordillera. Es un saber que se transmite de generación en generación y que, cada vez que aparece un alerta como este, vuelve a quedar demostrado que no es superstición sino memoria acumulada.

Mientras el reloj avanza hacia la tarde y la noche, que es el tramo que los pronosticadores marcan como el de mayor riesgo, lo más razonable es mirar el cielo, chequear las últimas actualizaciones del parte y, si todavía no se armó el kit de emergencia, tomarse diez minutos para hacerlo. No es tarea de expertos: alcanza con una mochila, dos botellas de agua, algo de comida que no necesite heladera, un botiquín básico, una linterna con pilas y un cargador portátil para el celular. Lo que parece un trámite menor, en medio de un corte de luz que puede durar varias horas, termina siendo la diferencia entre pasar la noche con calma o pasarla a oscuras y a la deriva.

Voy a cerrar como empecé: con la imagen de una provincia que mira hacia arriba, que mira el radar en el teléfono y que, otra vez, se prepara para una de esas tardes en las que el cielo se pone naranja de verdad. Que no tengamos que lamentar nada es, en buena medida, decisión de cada uno de los que estamos leyendo esta nota. Yo, por las dudas, ya cargué el teléfono, dejé una linterna sobre la mesa y tengo el termo con agua caliente listo. Más vale prevenir, como decía mi vieja, que después no queda más que lamentar.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

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