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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Las hermanas Owen vuelven a conjurar: el cierre abierto de "Prácticamente magia 2" reabre el debate sobre la tercera parte

Nicole Kidman y Sandra Bullock regresan casi treinta años después del estreno original, resuelven el conflicto central de la familia y dejan en el aire el futuro de Gillian y de las generaciones más jóvenes, lo que alimenta la expectativa de una nueva entrega.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Las hermanas Owen vuelven a conjurar: el cierre abierto de "Prácticamente magia 2" reabre el debate sobre la tercera parte

A fines de los años noventa, cuando todavía alquilábamos VHS en el videoclub del barrio y elegíamos las películas por la tapa más llamativa, hubo una que se nos grabó a fuego: "Prácticamente magia", esa comedia douce sobre dos hermanas con poderes que parecían sacados de un cuento de hadas pero vivían como cualquier vecina de pueblo. Pasaron las décadas, los VHS quedaron en un cajón y, sin embargo, la película encontró una segunda vida gracias al streaming, donde una generación entera que no había nacido cuando se estrenó la descubrió como si fuera un estreno. Por eso, cuando hace unos meses confirmé que había secuela, sentí que volvía a poner el pie en ese videoclub: la misma magia, pero con las actrices que ya no eran las de entonces y con una historia que, según pude reconstruir a partir del material al que tuve acceso, cierra algunos asuntos y deja otros deliberadamente abiertos.

Lo que resuelve la nueva entrega y lo que todavía espera

Les cuento, sin spoilers duros pero con algunos guiños, qué es lo que pasa en esta segunda parte. Las hermanas Owen se reencuentran para enfrentar una amenaza inesperada: Tom Bailey, un pariente lejano sin poderes mágicos que se presenta como un tipo común y corriente pero que, en realidad, quiere apoderarse del famoso libro de hechizos para ajustar cuentas muy personales con la familia. El plan no prospera porque las Owen, como era de esperar, lo neutralizan con un conjuro colectivo que funciona como cierre de ese arco y, de paso, como recordatorio de que la unión del clan sigue siendo su mayor fortaleza.

  • Frances descubre que la única manera de romper la maldición que pesa sobre las mujeres Owen, esa condena terrible que hace que los hombres que aman terminen muriendo, es mediante un sacrificio personal. Lo elige y lo lleva adelante, lo que permite que Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma desde la primera entrega, despierte de una vez por todas.
  • Las dos jóvenes de la familia, que crecieron entre sombras y promesas de poderes sin terminar de manifestarse, empiezan a desarrollar su propia magia, como si la decisión de Frances hubiera desbloqueado algo que venía latente hace generaciones.
  • Kylie, ya con Gideon despierto a su lado, decide casarse y armar su vida por fuera de la casa de las Owen, mientras que Sally retoma su vida amorosa de la mano de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y que funciona como compañero más que como partenaire dramático.
  • La película termina sin escena poscréditos, es decir, sin ese guiño final que muchas sagas actuales usan para anticipar la próxima entrega.

Ahora bien, lo que más me interesa señalar como espectador y como alguien que sigue estas historias desde siempre es que, más allá de los conflictos que se cierran, quedan varios hilos dando vueltas que no son un cliffhanger estridente sino, diría yo, una conversación que el filme deja deliberadamente abierta. El arco de Gillian, por ejemplo, que en la primera entrega era una de las columnas emocionales de la familia, no llega a un punto de cierre definitivo, como si el guion hubiera preferido reservar esa página para otro momento. Y las integrantes más jóvenes de la familia apenas empiezan a explorar su herencia mágica, incluyendo una pregunta que a mí, particularmente, me parece la más jugosa de todas: qué van a hacer con ese negocio familiar que las identifica ante el pueblo y que, en cierto modo, es la forma que tiene la magia de insertarse en lo cotidiano.

Sin ánimos de spoilear a quien todavía no la vio, creo que la decisión de no cerrar todo tiene su lógica y, honestamente, me parece hasta saludable. Las sagas que cierran cada cabo en el último minuto suelen dejar la sensación de un trámite cumplido; en cambio, las que se permiten dejar alguna puerta entreabierta dejan al espectador con algo para pensar el viaje de vuelta a casa. En este caso, además, la franquicia regresa en un contexto muy particular: la primera entrega encontró una segunda vida en plataformas de streaming, donde una nueva camada de espectadores la descubrió décadas después de su estreno original en 1998, lo que demuestra que la historia de las Owen sigue conectando con públicos que ni siquiera habían nacido cuando Nicole Kidman y Sandra Bullock se calzaron por primera vez los personajes. Eso es, para mí, la mejor garantía de que una tercera parte, si finalmente llega, no sería un capricho de estudio sino una respuesta a un público que genuinamente la está pidiendo.

¿Debería haber una tercera película para cerrar los arcos abiertos? Si me obligan a ponerlo en una frase, diría que no la necesito pero, como fan de toda la vida, desde ya la quiero. Mientras tanto, mi recomendación personal es bien concreta: vean "Prácticamente magia 2" como lo que es, un reencuentro cálido y emotivo con una familia que nos enseñó que la magia más poderosa es la que se transmite de generación en generación, y quédense con la sensación de que, si los hados y los estudios acompañan, todavía queda un hechizo por escribir. Lo firma Osvaldo Duarte, desde el sector de Cultura y Espectáculos, con la convicción de que, en cuestiones de magia cinematográfica, mientras haya libro abierto, siempre habrá algo más para conjurar.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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