Medicamentos vencidos en la calle: la postal que se repite en Neuquén y la red de farmacias que espera tus cajitas
Un operativo municipal retiró remedios de tachos y contenedores del centro neuquino y volvió a poner sobre la mesa un interrogante cotidiano: qué hacer en casa con lo que sobra del botiquín.

Son las primeras horas de la mañana en el cruce de San Martín y Chubut, en pleno corazón de Neuquén, y un equipo de la Subsecretaría de Ambiente, Naturaleza y Protección trabaja con guantes y bolsas especiales sobre un contenedor de basura. Lo que hace un rato parecía un simple tacho desbordado empieza a mostrar su contenido menos visible: blisters sueltos, frascos a medio usar y cajas con la fecha ya vencida, mezcladas con cáscaras de naranja y papeles. La escena se repite, con el mismo patrón, en San Martín y Río Negro, a pocas cuadras. Lo que para muchos vecinos fue alguna vez un gesto casi reflejo —tirar a la bolsa lo que sobró de un tratamiento, lo que no se usó o lo que ya no sirve— aparece ahora como un problema concreto, con nombre y apellido: residuos patógenos abandonados en la vía pública, al alcance de cualquiera que pase por allí.
La imagen me golpea porque la conozco de cerca, de mi propio botiquín y, sospecho, del de la mayoría de las casas. ¿Quién no guardó durante meses, a veces años, un jarabe que el chico ya no toma, unas pastillas que quedaron a medias, un antiinflamatorio que vino en un kit de viaje y nunca se abrió? La pregunta, que parece menor, se vuelve enorme cuando uno se entera de que esos mismos productos pueden terminar en la calle, manipulados por un nene que juega, lamidos por un perro callejero o arrastrados por la lluvia hasta una cuneta. La Municipalidad de Neuquén lo dice sin rodeos: dejar medicamentos en lugares accesibles es exponer a quienes pasan, y por eso el operativo que retiró los remedios hallados en los contenedores no fue una tarea de limpieza más, sino un paso dentro de un circuito específico pensado para evitar justamente eso.
Cómo es el camino que recorre una caja de pastillas después de que la dejás en la farmacia
El programa municipal de Recolección Segura de Medicamentos Vencidos funciona con una lógica simple pero desconocida para buena parte de los vecinos: las farmacias adheridas reciben los remedios sin costo, en contenedores rojos claramente diferenciados de los tachos comunes. Una vez que esos recipientes se llenan, pasan a manos de personal especializado —en este caso, trabajaron juntos la Subsecretaría de Ambiente y la empresa Baasa— y son tratados como residuos patógenos. La disposición final, según lo informado por el área de Ambiente, se realiza en un horno pirolítico, es decir, un sistema de destrucción térmica a alta temperatura que reduce el riesgo de que cualquier principio activo termine en el suelo o en el agua.
- Llevá los medicamentos vencidos o que ya no uses a la farmacia adherida más cercana, en cualquier horario de atención.
- Depositalos en el contenedor rojo identificado para este fin, no en la bolsa de residuos comunes ni en un tacho de la calle.
- No los dejes al alcance de niños, mascotas o personas que puedan confundirlos con productos en uso.
- Si el envase es muy grande o tenés una gran cantidad acumulada, consultá en la farmacia o en la Subsecretaría de Ambiente por una entrega especial.
- Evitá tirar blisters, frascos o cajas a la vía pública: además de un riesgo sanitario, está prohibido y puede ser sancionado.
Mientras los operarios completaban la recolección en el centro, desde la Municipalidad recordaron algo que parece obvio pero que, en los hechos, no lo es: arrojar residuos en la calle no está permitido. Y cuando esos residuos son medicamentos, la infracción se cruza con un riesgo extra, porque un blister abandonado en una plaza puede terminar en la mochila de un chico o en la boca de un animal antes de que alguien lo advierta. A eso se suma un segundo componente, menos visible pero igual de importante: el impacto ambiental de liberar compuestos químicos en lugares donde no corresponde, fuera del circuito que la ciudad diseñó específicamente para tratarlos.
Ahora bien, más allá del operativo y de los comunicados, lo que a mí me queda dando vueltas es la pregunta que muchas veces no tiene respuesta clara en la mesa familiar. ¿Qué hago con este frasco que me sobró del antibiótico? ¿Lo llevo igual aunque le falten dos comprimidos? ¿Y si la caja está abierta pero todavía no venció? ¿Puedo tirar los jarabes en la pileta, como me enseñaron de chico? Son dudas de las que se habla poco, casi en voz baja, y que terminan resolviéndose —cuando se resuelven— en la bolsa de residuos, que es justo el último lugar al que deberían ir. Por eso, cada vez que veo una imagen como la de los tachos del centro de Neuquén vuelvo a lo mismo: la solución no pasa solo por retirar lo que ya está mal, sino por tener a mano el dato para no repetirlo mañana en casa.
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