Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Iguazú

Ecos del Iguazú

Portada — Vida —

Migraña: la nueva guía que cambia la conversación entre médico y paciente y pone el foco en qué priorizar antes de elegir un tratamiento

Un panel de la Academia Estadounidense de Neurología publicó 17 recomendaciones para decidir cuándo empezar a prevenir y con qué droga hacerlo. La premisa central: no existe el fármaco ideal, y la elección depende de las prioridades de cada persona.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Migraña: la nueva guía que cambia la conversación entre médico y paciente y pone el foco en qué priorizar antes de elegir un tratamiento

Son las nueve de la mañana y, otra vez, María se queda quieta en la cocina con la luz apagada. No quiere hablar, no quiere comer, no quiere que nadie le pregunte qué le pasa. Desde hace años convive con crisis que le borran tres, cuatro, hasta cinco días del mes, y ya perdió la cuenta de las veces que escuchó lo mismo: que si era el estrés, que si era la vista, que si era algo emocional. La realidad es que María tiene migraña, una enfermedad neurológica que en buena parte de los casos se puede prevenir, aunque pocas veces se previene como se debería.

Ahora bien, lo que acaba de aparecer en la revista Neurology parece escrito para esos pacientes que, como María, quedaron dando vueltas entre consultas, recetas que no funcionaban y respuestas vagas. La Academia Estadounidense de Neurología, junto con la Sociedad Estadounidense del Dolor de Cabeza, publicó una guía clínica con 17 recomendaciones para ordenar, de una vez, la prevención farmacológica de la migraña en adultos. Y lo primero que hace el documento es mover el umbral: ya no hay que esperar a estar postrado para empezar a prevenir.

Cuándo conviene empezar a prevenir

La guía es clara en ese punto. Se debería ofrecer un tratamiento preventivo a las personas que tengan cuatro o más días de migraña por mes o cuatro o más días mensuales con dolor de cabeza moderado a intenso. Pero también a quienes, sin llegar a esa cifra, sufren una discapacidad importante por la enfermedad: días de trabajo perdidos, vida social cancelada, descanso interrumpido. En todos estos casos, el objetivo no es cortar una crisis ya instalada, sino reducir la frecuencia con la que aparece y el impacto que tiene sobre la vida diaria.

Hasta ahí, el piso. Lo que viene después es, para mí, lo más interesante de todo el documento, porque cambia la lógica con la que se eligen los medicamentos.

No hay un fármaco ideal: la decisión se construye con el paciente

  • La elección del preventivo debe surgir de una conversación entre médico y paciente, no de una indicación automática.
  • Hay que cruzar antecedentes clínicos y psiquiátricos, la medicación que la persona ya toma y posibles contraindicaciones.
  • Importan la vía de administración (oral, inyectable, subcutánea), la tolerancia a efectos adversos y el costo del tratamiento.
  • Sobre todo, pesan las preferencias del paciente: hay quien prioriza tolerabilidad, quien busca eficacia máxima y quien necesita una opción segura a largo plazo.

La guía lo dice sin vueltas: los ensayos clínicos disponibles no permiten afirmar que un preventivo sea claramente superior a otro. Eso significa que no existe la bala de plata, y que elegir la droga equivocada muchas veces no fue culpa del paciente, sino de un sistema que recetar de memoria. Ahora se le pide al profesional que se siente a explicar y a escuchar antes de escribir.

Qué opciones tienen mejor respaldo y en qué casos

Para la migraña episódica, el documento menciona como tratamientos con mayor respaldo a atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab, galcanezumab, propranolol, topiramato y valproato. Para la forma crónica se suma onabotulinumtoxinA. Pero el menú cambia según lo que cada paciente priorice: si lo más importante es la eficacia, si lo es la tolerabilidad, si lo es la seguridad a largo plazo o si lo es la modalidad de administración. Eso significa que dos personas con el mismo diagnóstico pueden terminar tomando cosas muy distintas, y eso no es un error: es el punto.

El documento también se detiene en poblaciones que requieren mayor cuidado. En personas con posibilidad de embarazo, recomienda evitar agentes con efectos teratogénicos conocidos, como valproato y topiramato, y privilegiar estrategias no farmacológicas. En pacientes con obesidad, sugiere evaluar topiramato oral; en fibromialgia concomitante, amitriptilina; en hipertensión no tratada, opciones como enalapril o telmisartán. Y advierte que el ácido valproico puede aumentar el riesgo de síndrome de ovario poliquístico.

Cuánto tiempo hay que esperar antes de decir “no funciona”

Hay un dato que vale la pena anotar, porque cambia la paciencia con la que se evalúa un tratamiento. La guía recomienda esperar entre 8 y 12 semanas antes de decidir si un preventivo está funcionando o no. Es decir, no sirve cambiar de droga a los veinte días porque todavía no se notó la mejoría, ni tampoco insistir cuando ya pasaron tres meses y la frecuencia de las crisis no se modificó. Tener ese horizonte claro ayuda a evitar dos errores frecuentes: abandonar un tratamiento que empezaba a hacer efecto, o quedarse en uno que claramente no servía.

Si yo hubiera tenido esta guía hace diez años, probablemente la conversación con mi médico habría sido otra. Habría empezado por qué espero de verdad de un tratamiento, qué efectos secundarios no estoy dispuesto a tolerar, qué vía de administración me resulta cómoda. Habría entendido que no existe el fármaco perfecto y que, mientras tanto, lo que cambia la historia es tomarse el tiempo de elegir. Para eso, parece, sirve esta guía: para que la próxima vez que alguien como María se quede quieto en su cocina con la luz apagada, la consulta que viene después no empiece en el mismo lugar de siempre.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo