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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Mirtha Legrand terminó el ciclo de antibióticos y los médicos aguardan su definitiva recuperación en el Mater Dei

La conductora, de noventa y nueve años, completó el tratamiento por el cuadro respiratorio que la mantiene hospitalizada desde el dieciocho de septiembre. Su familia la acompaña y Juana Viale continúa al frente de la mesa hasta que su abuela pueda regresar a la televisión.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Mirtha Legrand terminó el ciclo de antibióticos y los médicos aguardan su definitiva recuperación en el Mater Dei

A fines de los años ochenta, cuando todavía funcionaba la confitería del hotel Alvear como punto de encuentro ineludible para el mundo del espectáculo, yo escuché por primera vez a Mirtha Legrand decir, con esa voz inconfundible que parece un trazo de tinta china sobre el silencio, que la vejez no se cura ni se esquiva, se atraviesa. Aquella definición me volvió a la memoria esta semana, cuando el sanatorio Mater Dei confirmó que la diva de los almuerzos completó el tratamiento con antibióticos y los profesionales que la asisten consideran que la evolución del cuadro respiratorio es francamente favorable, aunque todavía no haya una fecha cierta para el alta definitiva.

La información se conoció a través de un parte firmado por el director médico de la institución, Enrique Echagüe, en el que se precisa que Legrand, de noventa y nueve años, culminó la tanda de medicamentos y permanece internada acompañada por su familia más cercana. El comunicado, difundido el lunes por la noche, expresa además un agradecimiento por las múltiples muestras de afecto recibidas durante estas semanas y advierte que, de no mediar cambios significativos, la próxima actualización médica recién se conocerá el miércoles, el ritmo habitual que el sanatorio viene sosteniendo desde el inicio de esta segunda internación del mes.

Una convalecencia que empezó en septiembre

El derrotero médico de Mirtha en septiembre arrancó con un cuadro gripal que derivó en una bronquitis persistente. Tras varios días de atención y estudios, recibió el alta el sábado trece y regresó a su domicilio para completar la recuperación. Sin embargo, apenas cinco días más tarde, el jueves dieciocho, debió volver al Mater Dei por dificultades respiratorias y un cuadro compatible con neumopatía, que demandó nuevos estudios, tratamiento específico y supervisión permanente. Desde entonces, cada parte oficial insistió en la misma línea: mejoría gradual, controles sostenidos y prudencia a la hora de anticipar pasos.

El parte del jueves veinticinco había subrayado que la conductora había incrementado la actividad física junto al equipo de kinesiología y que la idea era mantenerse hospitalizada hasta completar la recuperación para retomar sus actividades cotidianas. Ahora, con el antibiótico terminado, la expectativa pasa por consolidar esos avances y evaluar el momento indicado para volver a la rutina, siempre con el cuidado que imponen los casi cien años de la Mircha.

Juana, la abuela que mira la tele

Mientras la convalecencia se extiende, la mesa más famosa de la televisión argentina sigue encendida gracias a Juana Viale, que asumió tanto las emisiones de La Noche de Mirtha como los almuerzos dominicales en reemplazo de su abuela. En una de las aperturas, Juana contó que Mirtha sigue las emisiones desde el sanatorio y le hace devoluciones sobre lo que ve en pantalla. "La abuela está mejorando muy bien", expresó al enviarle un saludo desde el estudio, en una de esas escenas que mezclan lo doméstico y lo televisivo con la naturalidad que solo se consigue cuando hay años de historia compartida entre cámaras.

A esta altura, lo que más llama la atención no es la cantidad de partes médicos, sino la serenidad con que la familia y el equipo de salud vienen transitando una internación que, por la edad y el peso simbólico de la paciente, podría haberse transformado en una sucesión de especulaciones. Lo cierto es que la Chiqui sigue donde quiere estar en este momento: en buenas manos, acompañada por los suyos y esperando el día en que el cuerpo le diga que es tiempo de volver a sentarse frente a una cámara. Cuando eso ocurra, prometo volver a pedir un turno en la mesa más larga de la televisión argentina, esa donde todavía se sirve, como en las viejas confiterías, una sobremesa que no se apura nunca.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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