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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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"Monstruo: La historia de Lizzie Borden": el debut más bajo de la antología de Ryan Murphy que, igual, abre un capítulo histórico de Netflix

Con Ella Beatty como la famosa "loca del hacha", la miniserie arrancó con 12,1 millones de visualizaciones, quedó primera en sesenta países y cosechó un tibio 42% en Rotten Tomatoes. Recorrido por el caso real, las cifras de cada entrega de la franquicia y por qué Borden sigue siendo una obsesión cultural.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
"Monstruo: La historia de Lizzie Borden": el debut más bajo de la antología de Ryan Murphy que, igual, abre un capítulo histórico de Netflix

Crecí escuchando, en la sobremesa de la casa de mi abuela en Temperley, una versión criolla del caso de la mujer del hacha: nunca se supo bien quién era, pero el cuento volvía cada vez que un diario de tarde publicaba un crimen con machete en el conurbano. Por eso, cuando vi que Netflix se animaba con Lizzie Borden en lugar de insistir con el mismo perfil de asesino serial de la saga de Ryan Murphy, sentí que la franquicia estaba reconociendo algo que los historiadores norteamericanos saben desde hace rato: la historia criminal de Estados Unidos no se entiende sin los juicios de fin de siglo XIX en Fall River, Massachusetts. Esa memoria larga, la de los casos que se cuentan de generación en generación, es la que el gigante del streaming pone ahora en primer plano con "Monstruo: La historia de Lizzie Borden", una miniserie de ocho episodios que ya está disponible en la plataforma y que protagoniza Ella Beatty en el rol central.

La propuesta llega como cuarta entrega de la antología que Ryan Murphy e Ian Brennan inauguraron con "Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer" y que continuó con las historias de los hermanos Lyle y Erik Menéndez y de Ed Gein. En esta oportunidad, la cámara se posa sobre Lizzie Borden, la mujer sospechada del asesinato de su padre y de su madrastra en 1892, y a quien la cultura popular bautizó con el mote de "la loca del hacha", un apodo que la propia serie retoma como clave de lectura. Aunque la producción forma parte del mismo universo temático que las anteriores, su punto de partida es distinto: ya no se trata de un asesino masculino juzgado por la prensa amarilla, sino de una mujer que, según el relato, fue señalada por una comunidad entera sin que se la pudiera declarar culpable.

Las cifras de un debut que no rompe récords pero igual lidera

Netflix difundió los números de la primera semana y el cuadro de arranque muestra un panorama con luces y sombras. La serie debutó con 12,1 millones de visualizaciones, lo que la dejó en lo más alto del ranking en sesenta países, un dato que, leído sin contexto, parece estratosférico. Sin embargo, cuando se la compara con las entregas anteriores de la franquicia, el debut queda como el más bajo de las cuatro piezas que integran la saga:

  • "Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer" arrancó con 22 millones de visualizaciones en 2022 y se convirtió en un fenómeno global.
  • La temporada centrada en Lyle y Erik Menéndez debutó con 12,3 millones de reproducciones en 2024.
  • La entrega sobre Ed Gein obtuvo 12,2 millones en su estreno, apenas por encima de Borden.
  • "La historia de Lizzie Borden" se ubica por debajo de las tres, con 12,1 millones, y marca el piso de la franquicia hasta el momento.

Esa diferencia no significa fracaso: la serie sigue siendo la más vista de la semana en sesenta mercados y confirma que el apellido "Monstruo" todavía funciona como anzuelo. Pero también deja en evidencia que, después del shock inicial que produjo Dahmer, cada nueva entrega enfrenta una audiencia más curtida y menos sorprendida por el formato. Borden, además, llega con una carga simbólica particular: para el público estadounidense es un nombre que se canta en canciones infantiles y figura en tours de casas embrujadas, un patrimonio popular que la serie debe traducir a un idioma global sin traicionar el caso real.

Crítica tibia y un caso criminal que todavía obsesiona

El termómetro de la crítica especializada, por ahora, no acompaña a las audiencias masivas. En Rotten Tomatoes, la miniseriesuma un 42% de reseñas positivas, lo que la convierte en la segunda entrega peor valorada de la saga, solo por encima del debut centrado en los Menéndez. Esa puntuación coexiste con el liderazgo en visualizaciones, una combinación habitual en los true crime: el público consume masivamente lo que la crítica mide con prudencia, y la serie no es la excepción.

Lo que me interesa destacar, como lector antes que como periodista, es que Lizzie Borden nunca fue condenada. Fue absuelta en 1893 y volvió a ser juzgada en la opinión pública una y otra vez, siglo tras siglo, hasta convertirse en un mito fundacional del crimen estadounidense. Esa zona gris, la de una sospechosa eterna, es la que la serie tiene la oportunidad de explorar y por la que, creo, vale la pena darle al menos tres capítulos antes de juzgarla. Mi recomendación, si les tiembla el pulso con el true crime, es que la vean de día y con la luz encendida: no por el gore, que es contenido, sino porque la historia pide conversar después con alguien, y eso siempre suma.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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