Niki, el afinador que escucha lo que otros no oyen: llega a las plataformas la nueva apuesta de Daniel Roher
Un thriller de intriga que convierte a un joven con hiperacusia en protagonista de una doble vida: repara pianos en casas adineradas y abre cajas fuertes en operaciones clandestinas. Con Leo Woodall y un Dustin Hoffman en rol clave, el primer filme de ficción del canadiense Roher se sostiene en una ejecución precisa y detallista.

A fines de los años ochenta, cuando las aulas de los conservatorios todavía se llenaban de muchachos con oído privilegiado que aspiraban a ser los futuros afinadores de las grandes salas, yo era un cronista curioso que se sentaba en las galerías a escuchar cómo una cuerda mal tensada podía arruinar una velada entera. Por eso, cuando me crucé con la propuesta de Daniel Roher para su primer largometraje de ficción, sentí que volvía a ese mundo de martillos, fieltros y secretos que solo percibe quien está entrenado para escuchar. Lo que encontré en Un talento único es, justamente, un thriller que toma ese oído excepcional como motor de una historia de atracos con clima, silencios calculados y una tensión que crece nota a nota.
La película sigue a Niki, un joven con hiperacusia que se gana la vida afinando pianos en casas adineradas y en conservatorios, y que de manera paralela aprovecha esa sensibilidad auditiva para participar en operaciones clandestinas de apertura de cajas fuertes. Esa doble vida es el corazón del relato y la excusa que encuentra Roher, ganador del Óscar por el documental Navalny, para desplegar un sentido del ritmo preciso y una mirada obsesiva por el detalle: los mecanismos del instrumento, el movimiento de las cuerdas, la coreografía mínima de una mano que busca la frecuencia justa. El sonido no ilustra la imagen; la conduce.
Un protagonista sólido y un viejo zorro de reparto
Leo Woodall carga con el peso del filme con solidez y construye a Niki sin subrayados: lo vemos trabajar, dudar, decidir, y el espectador termina acompañándolo incluso cuando el camino se vuelve riesgoso. A su lado aparece Dustin Hoffman como el veterano afinador que lo introduce en el oficio y, de algún modo, también en ese mundo paralelo. Es un personaje de peso, de esos que en otra producción podría haber quedado en un rol decorativo, pero que aquí aporta densidad y un aire de vieja escuela que recuerda a los grandes thrillers de personajes adultos.
“Lo que sostiene a Un talento único no es la originalidad de su premisa, sino la ejecución: una realización que sabe cuándo detenerse en el detalle y cuándo avanzar, sin demoras innecesarias.”Osvaldo Duarte
Cinco thrillers de atracos con protagonistas fuera de lo común, para mirar a continuación
- Ladrón de guante blanco (Thomas Crown Affair, 1999), con Pierce Brosnan como un millonario que roba cuadros por pura emoción estética, dirigida por John McTiernan.
- Abre los ojos (Inside Man, 2006), de Spike Lee, donde Denzel Washington encarna a un negociador que se enfrenta a un robo bancario ejecutado por Clive Owen con un plan minucioso.
- The Italian Job (2003), remake del filme de 1969, en el que Mark Wahlberg lidera un equipo de ladrones especialistas que llevan adelante el robo de un convoy de oro en Venecia.
- Ladrón (Heist, 2015), con Jeffrey Dean Morgan y Robert De Niro como dos hombres del mundo del crimen que aceptan un último trabajo con un giro inesperado.
- Ladrones de elite (The Score, 2001), donde Robert De Niro interpreta a un ladrón veterano que planea el robo de un cetro real en Montreal, dirigido por Frank Oz.
La película no pretende reinventar el género y, en ese sentido, hay que valorarla por lo que ofrece: conflictos claros, un personaje con una habilidad específica y operaciones de riesgo creciente que van subiendo la apuesta. Tiene las limitaciones propias de una producción de escala media, pero no presenta fisuras graves de inicio a fin. Para quien busque una historia de intriga sin exigencias desmesuradas y con un protagonista al que se le toma cariño, es una opción más que recomendable. En lo personal, la vi en una tarde cualquiera y terminé prestándole atención al ritmo de mi propia heladera, que tampoco es un piano pero, después de Un talento único, hasta un zumbido parece tener nota. Ya en plataformas, es de esas películas que se agradecen: un pasatiempo inteligente que, sin gritarlo, te deja pensando en lo que somos capaces de escuchar cuando alguien nos enseña a hacerlo.
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