Pardo, el pueblo de menos de 200 almas donde Bioy Casares escribió "La invención de Morel" y cumple 150 años
A 200 kilómetros de Buenos Aires, sobre la Ruta Nacional 3, un paraje del partido de Las Flores festeja siglo y medio desde la llegada del primer tren. Con Borges, Silvina Ocampo y los seudónimos Bustos Domecq como parte de su pasado, este rincón rural se prepara para celebrar el 19 y 20 de septiembre con desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo.

Cuando uno se interna por la Ruta Nacional 3 y deja atrás los últimos tramos del asfalto para tomar un camino vecinal de tierra, aparece Pardo con sus pocas cuadras arboladas y menos de 200 habitantes. Este paraje rural del partido de Las Flores, en el centro de la provincia de Buenos Aires, cumple 150 años desde la llegada del primer tren, aquel 18 de septiembre de 1876, y lo festeja el fin de semana del 19 y 20 de septiembre con desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. Lo que a simple vista parece un pueblo detenido en el tiempo guarda, sin embargo, una de las historias literarias más ricas del país.
Una pulpería, una estancia y los Bioy
La historia arranca en 1835, cuando Juan Bautista Bioy, un inmigrante francés, compró un campo a Lino Pardo y fundó la estancia Rincón Viejo. Junto al camino que con el tiempo sería la Ruta 3 levantó también una pulpería, ese comercio de campaña que era punto de encuentro, de noticias y de copas. Décadas más tarde, su nieto Adolfo empezó a pasar los veranos allí junto a su esposa, Silvina Ocampo. Jorge Luis Borges llegaba de visita, y también Victoria Ocampo, la fundadora de la revista Sur. En ese ambiente de campo, lejos del ruido de la ciudad, se cocinaron varias de las obras más importantes de la literatura argentina del siglo XX.
Cuenta la memoria del lugar que Bioy comenzó a escribir en Rincón Viejo "La invención de Morel", publicada en 1940 y convertida con los años en una de las novelas de ciencia ficción más celebradas en lengua castellana. Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba sobre todo a la pintura, empezó a escribir en Pardo, y ese paisaje rural aparece en sus libros "Viaje olvidado" (1937) y "Autobiografía de Irene" (1948). Borges, por su parte, menciona la estancia en su cuento "El Sur". Y juntos, bajo los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, Bioy y Borges firmaron una obra de literatura fantástica y policial que dejó marca en las letras nacionales.
El Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares
El pueblo nació, como tantos otros de la pampa húmeda, alrededor de la estación del ferrocarril. Ese edificio sobrevivió al cierre del servicio y hoy aloja el Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, donde se conservan fotografías, libros, documentos y objetos personales del escritor que reconstruyen no solo su vida sino también la historia rural del lugar. Entre los papeles más buscados por los visitantes están los registros del casamiento de Bioy y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940, un documento que le devuelve al pueblo una dimensión casi íntima de la literatura.
Para recorrer Pardo alcanza con caminarlo, porque se trata de pocas cuadras de calles tranquilas donde el visitante se cruza con la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada desde siempre a la familia Bioy, con la escuela que lleva el nombre del abuelo del escritor y con el Club Unión Deportiva. Las calles,, tienen nombres de árboles, un detalle chico que a mí, que ando siempre con la libreta a mano, me parece de los más encantadores del lugar.
Dónde comer, dormir y cabalgar
- Bar-pulpería La Vieja Estación: funciona en el predio de una antigua estación de servicio, abre fines de semana y feriados, ofrece comidas de olla en invierno y parrilla en verano, con opciones vegetarianas. Tiene cuatro cabañas y suma un camping con parador para motorhomes que incluye descarga de aguas negras y grises.
- Proyecto Yamay: propone cabalgatas y avistaje de fauna en los campos cercanos, una buena manera de meterse de lleno en el paisaje que inspiró a Bioy.
- Alojamiento de campo: la oferta crece año a año y combina cabañas equipadas con estancias que ofrecen pensión completa y actividades rurales.
Les cuento, porque sé que a más de uno le pasa como a mí, que en estos pueblos chicos la mejor información se consigue charlando con la gente del lugar. Por eso, antes de salir, conviene llamar por teléfono a los hospedajes, que suelen tener pocas plazas y se agotan rápido los fines de semana de festejo. Y un consejo final de quien ya pasó por Pardo más de una vez: lleven cámara, pero también tiempo. Este es un pueblo para caminarlo lento, leer un rato bajo un árbol y dejar que la literatura, que está en el aire, termine de hacer el resto.
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