Pergolini rescata la ritualidad del vinilo y la lleva al living del streaming con una instalación propia
El conductor armó una estructura modular para exhibir discos en el estudio de No preguntes por Rusia: soportes impresos en una impresora 3D, una selección que cruza Spinetta con Prince y Nirvana, y la promesa de ir rotando las tapas emisión tras emisión.

A fines de los ochenta, cuando las disquerías de la calle Corrientes todavía eran templos donde se vendían los long plays como reliquias y los muchachos se agolpaban para ver cuál era el tema nuevo de Sumo o de los Redondos, nadie podía sospechar que el vinilo terminaría convertido en objeto de diseño de interiores. Pero el tiempo, que es caprichoso y suele darles la razón a los que se equivocan, terminó dándole la razón a los melómanos: lo que un día fue el soporte noble de la música popular volvió a las bateas, y de las bateas saltó a las paredes, a las mesas ratonas, a los livings y, ahora también, al set de streaming de Mario Pergolini, que en las últimas horas decidió convertir el fondo de No preguntes por Rusia en una suerte de gabinete curatorial de la música del siglo veinte y veintiuno, armado con piezas impresas en una impresora 3D y con la intención, según él mismo anticipó, de ir cambiando las tapas de una emisión a otra como quien rota los cuadros de un museo chico, íntimo y propio.
La movida no fue improvisada, ni mucho menos: Pergolini, que desde el inicio de la temporada 2026 transmite desde un estudio subterráneo que él mismo definió en su presentación como un sótano prestado, con limitaciones serias para recibir invitados y con una estética sobria dominada por paredes oscuras y luces azuladas, decidió sumar a ese universo una estructura diseñada por él mismo para sostener discos y exhibirlos como si fueran piezas de museo, y la explicitación del método, casi artesanal y muy de la lógica del hacélo vos mismo que caracterizó a tantas camadas de argentinos en las últimas décadas, terminó siendo parte del relato.
Una colección que cruza generaciones y geografías
Lo que se ve en cuadro es, en sí mismo, un mapa de las obsesiones musicales del conductor: en las filas superiores conviven Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, con Fore!, de Huey Lewis & The News, mientras que más abajo se codean discos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, y en una recorrida que el propio Pergolini fue haciendo al aire también aparecen piezas de Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos y Barry Manilow, en una mezcla desprovista de prejuicios geográficos que va de La Renga a Foo Fighters, de Los Piojos a AC/DC, de Viejas Locas a Ataque 77, y que se completa con Daniel Melingo y Fito Páez, en una lista que funciona como declaración de principios de un tipo que se asume melómano antes que cualquier otra cosa.
Entre las piezas más llamativas de la selección sobresalen dos objetos que ya de por sí justifican la recorrida: un laserdisc de Prince, formato que murió antes de que muchos lectores de esta nota cumplieran la mayoría de edad, y una edición japonesa de Nirvana, de esas tiradas chicas que durante años circularon por las tiendas especializadas de Buenos Aires como pequeñas joyas de importación y que todavía hoy despiertan el respeto de los coleccionistas.
El intercambio con Etevenaux y la mecánica de la rotación
El momento en el que la nueva disposición se hizo visible para la audiencia fue un cruce entre el conductor y su columnista Nico Etevenaux, que reparó en los cambios y quiso saber qué había pasado con el sector cercano a la figura de un Stormtrooper de Star Wars que ya formaba parte de la decoración; tras un intercambio breve, Etevenaux identificó los vinilos y comentó la disposición de los soportes, y Pergolini no dudó en afirmar que él mismo había hecho la instalación y en confirmar la rotación permanente del material: Los vamos a ir cambiando, dijo, con una frase que para los que conocemos al personaje desde sus épocas de Rock & Pop suena casi a una restitución histórica de la idea original de aquel ciclo, en el que la música no era un adorno sino el corazón del asunto.
La instalación no reemplaza, sin embargo, al resto del universo visual que el conductor viene construyendo desde el comienzo del ciclo: a los lados de la nueva estructura siguen estando una guitarra, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y objetos de colección, y en otra pared se mantiene intacta una estantería con discos compactos, en una convivencia de formatos que.describe con bastante precisión la biografía musical de cualquier argentino de mi entre 45 y 65 años, que pasó del cassette al CD, del CD al MP3 y del MP3 de vuelta al vinilo, y que entiende mejor que nadie que cada soporte cuenta una parte de la misma historia.
- Pergolini incorporó una estructura modular para exhibir vinilos en el fondo del estudio de No preguntes por Rusia.
- Los soportes fueron fabricados por el propio conductor con una impresora 3D, lo que permite reemplazar los discos sin desmontar el conjunto.
- La selección reúne títulos de Spinetta, Pink Floyd, Manu Chao, Babasónicos, Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos, Barry Manilow, Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez.
- Entre las piezas destacadas figuran un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana.
- El columnista Nico Etevenaux descubrió los cambios al aire y Pergolini confirmó la idea de ir rotando las tapas emisión tras emisión.
- El estudio subterráneo se mantiene con paredes oscuras, luces azuladas, una guitarra, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y una estantería con discos compactos.
Recomiendo, estimado lector, que la próxima vez que se siente frente al programa le preste atención no tanto a lo que se dice como al fondo: hay una operación cultural muy fina en esa pared, que recupera algo de aquella vieja idea de las colonias de vacaciones donde los preceptores pegaban en las paredes láminas con las efemérides del día, y que en este caso cumple la función de recordarnos que la música que escuchamos de chicos, la que nos hizo como somos, sigue mereciendo un lugar digno en la pared, aunque ese lugar sea, como aquí, el set de un programa de streaming con luces azuladas y un stormtrooper mirando desde un rincón.
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