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Por qué el desayuno puede cambiar la mañana de un chico en la escuela

Una revisión de estudios asoció saltarse esa comida con peores resultados escolares, aunque sin probar causalidad. La dietista Jennifer Hyland sugiere preparaciones simples con proteínas y fibra y propone dejar todo listo la noche anterior.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Por qué el desayuno puede cambiar la mañana de un chico en la escuela

Son las siete de la mañana en una cocina cualquiera de Buenos Aires y, entre el timbre del colegio y el colectivo que ya está doblando la esquina, la pregunta se repite en muchas familias: ¿se lleva algo en la mochila o sale con el estómago vacío? Yo lo veo seguido en mi propio hogar: cuando hay tiempo, el desayuno es un momento; cuando no lo hay, se transforma en una carrera contrarreloj en la que lo primero que se pierde es, justamente, esa comida. Por eso me detuve a leer con cuidado una revisión de investigaciones que asocia saltarse el desayuno con un menor rendimiento escolar en chicos y adolescentes, y me pareció importante traducirlo en un par de ideas que sirvan para esta vuelta a clases.

Qué dice la evidencia y qué no

Antes de ir a la cocina, vale aclarar qué muestran los estudios y hasta dónde llegan. Una revisión sistemática que reunió 45 trabajos encontró que desayunar puede ayudar a la atención, la memoria y la función ejecutiva, es decir, esas habilidades que usamos para organizar una tarea, sostener el esfuerzo y resolver problemas. Los efectos se notaron con mayor frecuencia cuando los chicos venían de una alimentación insuficiente o de desnutrición, lo que sugiere que el impacto es más fuerte en contextos de mayor vulnerabilidad. En paralelo, un análisis de 24 estudios observacionales relacionó la falta de desayuno con un mayor riesgo de desempeño académico bajo, pero eso no significa que omitir esa comida cause las malas notas: también pueden pesar el sueño, las condiciones económicas, la alimentación general del día y las rutinas de estudio. La propia evidencia advierte que todavía no se puede hablar de un desayuno ideal ni de beneficios asegurados a partir de programas escolares.

“Después del ayuno nocturno pueden aparecer cansancio, menor claridad para pensar y lentitud física. Desayunar aporta energía para afrontar las primeras horas de actividad.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s

Qué poner en el plato, según la dietista

Hyland pone el foco en una combinación concreta: proteínas y fibra, que ayudan a mantener la saciedad y evitan el bajón de media mañana. Con esa idea en mente, propone opciones simples que se adaptan al paladar argentino y al tiempo real con el que se cuenta un día de semana. La elección depende de los gustos de cada chico, de la edad y, sobre todo, de cuánto se puede cocinar a las apuradas.

  • Huevo acompañado de una tostada integral: se puede cocinar el huevo en uno o dos minutos y sumarlo a un pan de salvado que ya tengamos en la alacena.
  • Cereal integral servido con leche y fruta: una opción rápida para armar en el momento, sin perder de vista el azúcar del envase.
  • Yogur griego con granola de bajo azúcar: útil cuando hay hambre leve o cuando el chico come poco durante el día.
  • Avena remojada, huevos ya hervidos y fruta lavada: el clásico de dejar todo listo la noche anterior para que la mañana sea más corta.
  • Sándwiches de huevo congelados: Cleveland Clinic los sugiere como recurso para calentar cuando no quedó nada preparado y la urgencia apremia.

La especialista también pide cuidar el azúcar: los productos muy dulces pueden dar una suba rápida de energía seguida de hambre y cansancio, justo lo contrario de lo que se busca en una jornada escolar. Y deja una aclaración que a veces pasamos por alto: las necesidades de proteína de los más chicos no son iguales para todos, por lo que conviene mirarlos de manera individual y no asumir que una cantidad sirve para cualquier edad. Con todo eso en mente, la propuesta más práctica es, justamente, la más aburrida: organizar la noche anterior. Dejar la fruta lavada, los huevos hervidos en la heladera, la avena lista para remojar o incluso un sándwich armado en el freezer es, en mi experiencia, la diferencia entre un desayuno real y un café con apuro en la puerta del colegio. No resuelve todos los problemas, ni reemplaza las otras comidas del día, pero le saca peso a una mañana que suele jugarnos en contra. Y, si la ciencia dice lo que dice, también le da a los chicos una herramienta chica, pero concreta, para arrancar la escuela con un poco más de energía y un poco menos de vacío en el estómago.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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