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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Resident Evil regresa a la pantalla grande de la mano de un director que promete renovar la pesadilla

Zach Cregger, responsable de la inquietante Barbarian, se hace cargo de una adaptación con trama original que recupera escenarios, criaturas y mecánicas clásicas de la franquicia de Capcom.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 6 min de lectura
Resident Evil regresa a la pantalla grande de la mano de un director que promete renovar la pesadilla

A mediados de los noventa, cuando todavía se hablaba de disquetes y de módems que chillaban como gatos enojados, un grupo de jugadores argentinos descubrió en una computadora prestada eso de caminar por pasillos oscuros con una pistola en la mano y la reserva justa de balas. Aquella sensación de vulnerabilidad absoluta, de saber que cada puerta podía esconder un zombi o un perro con la cabeza abierta en tentáculos, fue la marca registrada de Resident Evil, una franquicia que Capcom lanzó en 1996 y que con el tiempo se convirtió en una de las piedras angulares del Survival Horror. Décadas después, mientras el público debate si el género está agotado o si todavía puede dar sorpresas, llega a los cines una nueva película que propone exactamente eso: volver a las raíces, pero con una historia que no adapta ningún juego puntual y que apuesta por un director con un currícululo tan breve como inquietante.

La película sigue a Bryan, un protagonista diseñado para funcionar como una especie de versión cinematográfica del jugador promedio que se sienta frente a la consola con el pad en la mano y el pulso acelerado. Su recorrido por Raccoon City, la ciudad maldita que la saga popularizó a partir de 1998, replica la estructura de los videojuegos: avanzar por escenarios hostiles, administrar recursos escasos y resolver acertijos elementales para abrir puertas que parecen diseñadas para impedir el paso. Esa lógica, que los jugadores conocen de memoria, aparece traducida al cine con una fidelidad que los fans van a reconocer al instante.

Un director con olfato para el terror

La apuesta más interesante del proyecto se llama Zach Cregger, un realizador estadounidense que se dio a conocer con Barbarian, una película de 2022 que mezcló humor negro, tensión sostenida y un giro final que dejó al público con la boca abierta. Cregger no es un nombre masivo, pero sí es una garantía para quienes siguen de cerca el terror independiente estadounidense. Su llegada a Resident Evil fue interpretada como una decisión deliberada de los productores para inyectarle al sello algo de la frescura que la franquicia venía necesitando después de varias entregas cinematográficas que dividieron a la crítica y al fandom. Con Cregger en la silla de director, la película deja en claro que no viene a repetir la fórmula de los films protagonizados por Milla Jovovich en los años dos mil ni tampoco a imitar el tono de los reboot más recientes.

Mecánicas de juego, lenguaje de cine

El guión respeta una serie de situaciones que cualquier jugador de Resident Evil reconoce sin necesidad de que nadie se las explique. Bryan se topa con accesos bloqueados y cerraduras que requieren objetos específicos, ese clásico recurso de los juegos para obligar al usuario a retroceder y explorar antes de avanzar. La administración de municiones aparece como una preocupación central: el protagonista consigue una pistola, una escopeta y un rifle de asalto, pero las balas escasean. En una de las escenas más representativas, debe recorrer una granja entera en busca de cartuchos para poder utilizar la escopeta. Esa dinámica de buscar antes de disparar, de economizar cada tiro, fue siempre uno de los sellos de la franquicia y la película la lleva al lenguaje audiovisual con bastante oficio.

La iluminación cumple un papel narrativo equivalente al de la linterna en los videojuegos. Bryan la enciende para atravesar la nieve, las alcantarillas y las calles devastadas de Raccoon City, y ese haz de luz funciona al mismo tiempo como herramienta de supervivencia y como peligro: en los juegos, usar la linterna puede delatar la posición del personaje ante ciertos enemigos. La película recoge esa ambigüedad y la traduce a una tensión permanente entre ver y ser visto.

  • Un perro que persigue a Bryan dentro de un granero y cuya cabeza se abre para mostrar tentáculos, una de las imágenes más recordadas de los Resident Evil originales.
  • Una criatura que ataca con vómito ácido en el ascensor de un hospital, en un guiño a los jefes finales que abundan en la saga.
  • Un monstruo compuesto por fragmentos de cuerpos que incorpora nuevos restos mediante sus tentáculos y aumenta de tamaño a medida que avanza el combate.

Umbrella, los científicos y el peso de la corporación

En el centro del conflicto aparece Umbrella, la farmacéutica ficticia responsable del brote viral que desató el apocalipsis zombi en el universo de Resident Evil. Paul Walter Hauser y Zach Cherry interpretan a dos científicos de la compañía que intentan frenar el desastre que ellos mismos contribuyeron a generar. La dupla actoral le otorga al filme un contrapunto casi tragicómico: dos hombres de laboratorio atrapados en una pesadilla que ayudaron a construir, decididos a limpiar su conciencia mientras el mundo se derrumba a su alrededor. Hauser, caracterizado de anteojitos y camisa arrugada, y Cherry, con esa cara de que lo hizo famoso en la serie Severance, componen una extraña pareja que funciona como alivio y como motor dramático al mismo tiempo.

Los escenarios elegidos tampoco son casualidad. La acción recorre las calles de Raccoon City, una alcantarilla, una granja y un hospital, es decir, cuatro de los espacios más recurrentes en los juegos de la franquicia. Esa ciudad, que en Resident Evil 2 se convirtió en un personaje más, vuelve a ocupar el lugar central en la trama: allí funciona el laboratorio de Umbrella desde el cual se propagó el brote que transformó a los vecinos en zombis y a los animales en monstruos. Para los jugadores argentinos que crecieron acompañando a Leon Kennedy y Claire Redfield por esas calles, verlas reconstruidas en cine tiene algo de encuentro con un viejo conocido al que se creía perdido.

Una historia original en un universo conocido

Lo que distingue a esta película de las anteriores adaptaciones de Resident Evil es su voluntad de no depender de ningún título específico de la saga. La trama es nueva, los personajes son nuevos y el conflicto se sostiene por sí mismo, aunque esté atravesado por criaturas, lugares y reglas que los jugadores reconocerán al instante. Esa decisión le permite al filme funcionar como una puerta de entrada para el público que nunca tocó un videojuego, sin perder el guiño constante para quienes pasaron horas buscando hierbas verdes y munición para la escopeta. Cregger, el Cregger como ya lo empiezan a llamar los fans del terror después de Barbarian, parece haber entendido que el mejor homenaje a una franquicia no es la copia literal sino la traducción honesta de su espíritu a otro lenguaje.

A casi treinta años del debut de Chris Redfield y Jill Valentine en aquella mansión llena de zombis, Resident Evil vuelve a las pantallas con una propuesta que combina nostalgia, tensión y una buena dosis de ingenio cinematográfico. Quienes quieran reencontrarse con la franquicia desde una butaca de cine van a encontrar varios motivos para volver a sentir ese cosquilleo en la nuca que producía caminar por un pasillo oscuro sin saber qué esperaba del otro lado de la puerta. Mi recomendación, como siempre, es ir con tiempo, apagar el celular durante la función y dejarse llevar por el recorrido: hay munición, pero no sobra, y las criaturas siempre aparecen cuando uno menos lo espera.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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