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Viernes, 16 de octubre de 2026
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San Lorenzo, la ciudad santafesina donde San Martín escribió la gloria y el Paraná regala su atardecer

A 325 kilómetros de Buenos Aires, la localidad guarda el campo de batalla de 1813, un convento que fue hospital de campaña, cuatro museos en un mismo complejo y una mesa de río que invita a sentarse sin apuro.

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Karina SzewczukTurismo · · 3 min de lectura
San Lorenzo, la ciudad santafesina donde San Martín escribió la gloria y el Paraná regala su atardecer

Siempre que cruzo el puente sobre el Paraná y siento que el aire cambia, sé que estoy por llegar a San Lorenzo, esa ciudad santafesina que muchos asocian únicamente con la batalla del 3 de febrero de 1813 y que sin embargo regala mucho más que un capítulo de manual escolar. A 325 kilómetros de Buenos Aires, esta localidad ribereña combina historia sanmartiniana, paisaje de río y una cocina regional que me hace repetir visita cada vez que puedo.

El Campo de la Gloria, donde todavía late la historia

El punto de partida obligado es el Campo de la Gloria, el predio donde los Granaderos a Caballo derrotaron a las tropas realistas enviadas desde Montevideo. Hoy es una plaza arbolada por la que circulan familias con barriletes y mate, pero el monumento en bronce de 1965 y el pino histórico protegido por una reja de hierro nos recuerdan que allí, bajo esas mismas ramas, José de San Martín redactó el parte oficial de la única batalla que libró en suelo rioplatense. Es imposible no sentir un escalofrío al leer la proclama sobre la piedra.

Cruzando la avenida Sargento Cabral se llega al Complejo Museológico, que reúne cuatro espacios en un mismo recorrido y que a mí, particularmente, me deja siempre con ganas de pedir más tiempo. El Convento San Carlos Borromeo conserva las habitaciones donde se alojaron San Martín y su tropa, el comedor que funcionó como enfermería y el sitio donde murió el sargento Cabral. El Museo Sanmartiniano exhibe cartas personales, una copia del parte de batalla y la túnica del fraile Pedro García. El Museo de Historia Regional recorre la megafauna prehistórica, las comunidades originarias y las primeras olas inmigratorias, mientras que el Museo de Árboles Históricos cierra el circuito con especies centenarias del monte ribereño que invitan a caminar en silencio.

Costanera, río y ese atardecer que se queda en la memoria

La Costanera de Boulevard Urquiza y Ricchieri ofrece dos niveles de pasarela con vista directa al Paraná: cielo, islas y agua en primer plano, esa postal que uno se lleva en el celular pero que en realidad se guarda en el pecho. Al atardecer, la plaza Ovidio Lagos enciende un túnel de veinte chorros de agua que con la luz baja parece un pequeño espectáculo gratuito para quienes se quedan a cenar en la zona.

La mesa regional: río,parrilla y cerveza artesanal

  • Cervecería Bowie: dorada artesanal sin filtrar, de bajo alcohol, ideal como aperitivo de tarde.
  • Café y vivero Arboredo Jardinería: opciones dulces y saladas en un salón rodeado de plantas.
  • Panadería La Italiana: empanadas de pescado de río para comer caminando.
  • Restaurante Carbón: pescado de río grillado con papas rústicas y limones quemados; también colita de cuadril con papas gratinadas.
  • Bodegón del Club Libertad: parrillada clásica y las famosas pizzanesas, milanesas sobre base de pan con diferentes guarniciones.
  • El Viejo Bodegón: locro, pastas caseras y empanadas fritas para los que buscan sabores de raíz.

Como souvenir hay dos variedades de alfajores artesanales que llevan los nombres "San Martín" y "Malvinas", y lo mejor es que parte de la recaudación se destina a escuelas rurales y organizaciones sin fines de lucro, así que uno vuelve a casa con la conciencia tranquila y el paladar contento. Mi consejo práctico es sencillo: dedicarle al menos un día completo, arrancar temprano por el Campo de la Gloria, almorzar en la costanera y dejar la recorrida por los museos para la siesta, cuando el sol del Paraná afloja y se camina mejor entre los muros del convento.

KS
Karina SzewczukTurismo

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