Un doctor a bordo le dio tiempo a una pasajera en pleno vuelo a Roma
Una mujer sufrió un bloqueo cardíaco grave antes de cruzar el Atlántico. Un médico que viajaba en el avión la asistió hasta que una ambulancia la recibió en la escala de Río de Janeiro.

Una mujer que viajaba rumbo a Roma sintió que algo andaba mal antes de que el avión empezara a cruzar el océano Atlántico. Lo que siguió dependió, en buena medida, de una casualidad que nadie había planeado: entre los pasajeros había un médico.
El cuadro que se le diagnosticó fue un bloqueo cardíaco grave, una alteración en el ritmo del corazón que, si no se trata a tiempo, puede terminar en un paro. Es el tipo de situación que cualquiera de nosotros preferiría no imaginar a diez mil metros de altura, lejos de cualquier hospital.
Cómo fue la asistencia a bordo
Cuando la pasajera se descompensó, el profesional se identificó y empezó a asistirla de inmediato. Según relató en un mensaje a sus colegas, si la situación se hubiera producido sobre el Atlántico, habría tenido que pedirle al comandante que regresara a Río de Janeiro.
“La estabilizamos lo necesario como para esperar la ambulancia.”El médico que viajaba a bordo
La escala en Río de Janeiro resultó decisiva. Durante la parada, el equipo logró mantener estable a la mujer con una presión arterial de 60/30, hasta que llegaron la médica y los paramédicos de la ambulancia. Después, la pasajera fue trasladada de inmediato a un hospital.
Qué se sabe del caso y del riesgo en vuelo
- El bloqueo cardíaco es una interrupción en el sistema eléctrico que coordina los latidos del corazón.
- Según el grado, puede provocar mareos, pérdida de conciencia o paro cardíaco.
- En vuelo, sin equipamiento de terapia intensiva, lo que puede hacer un médico es monitorear, estabilizar y ganar tiempo.
- Las cabinas presurizadas alteran levemente la saturación de oxígeno en sangre, lo que puede desencadenar o agravar episodios en personas con condiciones cardíacas previas.
- Las aerolíneas están obligadas a llevar desfibriladores y botiquines básicos.
No se conocen datos sobre la identidad de la pasajera ni sobre su evolución tras llegar al hospital. Por ahora, lo que queda es el relato de una mujer que volvió a tener margen gracias a alguien que, por casualidad, estaba sentado en la fila de al lado.
Leer una historia así me deja con una mezcla de alivio y de respeto por quienes, sin buscarlo, se ponen al frente de una emergencia. Me quedo con la idea de que, a veces, la diferencia entre una tragedia y un susto la marca alguien que supo qué hacer en el momento justo.
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