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Por qué comer menos no alcanza: la psicología que falta en los tratamientos para adelgazar

Expertos y toda la Organización Mundial coinciden en que bajar de peso requiere mirar más allá de la comida y el ejercicio: la cabeza, el descanso y hasta los genes también juegan su partido.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Por qué comer menos no alcanza: la psicología que falta en los tratamientos para adelgazar

A las siete de la tarde, cuando Mariana vuelve del trabajo en colectivo y todavía tiene que cocinar para sus dos hijos, el paquete de galletitas del armario la llama con una insistencia que ella describe como imposible de ignorar. No tiene hambre, dice, pero siente el cuerpo tan exigido que cualquier atajo que le prometa alivio le resulta irresistible. Esa escena que se repite casi a diario le impide sostener la alimentación y la nutrición que la nutricionista le diagramó hace tres meses, y que sí cumplió las primeras dos semanas. La pregunta que se hace Mariana —¿por qué no puedo? cuando en realidad sí quiero— aparece en consultorios de todo el país y empieza a tener una respuesta cada vez más precisa desde la psicología.

Bajar de peso no es solo un tema de voluntad

Bajar de peso no depende únicamente de comer menos y moverse más. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden de lleno en la relación con la comida y en la posibilidad de mantener cambios con el paso del tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a entregar una grilla de alimentos y una rutina de ejercicios sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de sostener y aparecen los famosos efectos rebote que dejan a tanta gente con la sensación de haber fracasado en lo que se propuso.

Lo que dice la OMS y lo que confirma un metaanálisis reciente

La Organización Mundial de la Salud entiende que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que cada persona atraviesa. Por eso recomienda una atención multimodal, es decir, un abordaje que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas adaptadas a las necesidades de cada paciente, y no un protocolo único para todos. En la misma línea, un metaanálisis que revisó 37 estudios, incluyendo 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews.

Genética, cansancio y cabeza a la derecha para sostener los cambios

La genética tiene un papel concreto que muchas veces se pasa por alto: ciertas variantes influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, mientras que otras intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo usa y almacena energía. Eso explica por qué personas que siguen planes alimentarios similares pueden obtener resultados muy distintos, y por qué la frustración aparece cuando alguien compara su proceso con el de un conocido. A eso se le suma el estado emocional y el nivel de cansancio, que afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación.

  • Ante un episodio de salirse del plan previsto, una respuesta rígida —'ya fallé, da lo mismo seguir comiendo'— puede generar la sensación de haber perdido el control por completo y derivar en atracones.
  • Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el fracaso total del proceso y retomar el rumbo sin castigarse.
  • La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado de manera individual.
“Bajar de peso es posible, pero sostenerlo en el tiempo exige mirar la salud como un todo: lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos y, sobre todo, qué nos pasa por la cabeza.”Lectura del material de base y de la evidencia citada

Soy Soledad Da Silva y lo que cuenta el caso de Mariana, que podría ser el de cualquiera, es que no se trata de falta de voluntad sino de un conjunto de factores que la mayoría de los planes convencionales ni siquiera mencionan. Incorporar apoyo psicológico a los tratamientos para bajar de peso no reemplaza a la nutricionista ni al médico clínico: los complementa con herramientas concretas para atravesar los momentos de estrés, manejar la frustración y construir una relación más amable con la comida. Y eso, según la evidencia que ya existe, marca una diferencia real cuando se mira la balanza a largo plazo.

SD
Soledad Da SilvaSociedad y vida

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