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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Una profesora de Economía, la cordillera como aula y la obsesión por caminatas que mezclan pedal y huellas

Paola Panizoni, docente neuquina egresada de la Universidad Nacional del Comahue, se habilitó como guía de senderismo en Junín de los Andes y armó, junto a su pareja Diego Rovelotti, una propuesta que combina bicicleta y caminata con escalas para almorzar o merendar. La nota recorre su historia, su vínculo con el entorno y la apuesta por acercar a los neuquinos a los destinos que tienen a la vuelta de casa.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Una profesora de Economía, la cordillera como aula y la obsesión por caminatas que mezclan pedal y huellas

La historia empieza en cualquier ruta de ripio que sale de Neuquén hacia el oeste, en uno de esos tramos donde la estepa se empieza a quebrar y aparecen los primeros bosquecitos de ñire. Ahí, adelante, va Paola Panizoni con un grupo reducido de caminantes, deteniéndose cada dos o trescientos metros para señalar una planta, explicar de qué se trata, advertir sobre el tipo de suelo. La escena, en pleno presente, resume bastante de lo que esta profesora de Ciencias Económicas decidió hacer con buena parte de su vida: transformar el aula en cordillera y la cordillera en aula, sin que una cosa le quite lugar a la otra.

Porque la de Paola no es una conversión reciente ni un volantazo laboral. Es, en todo caso, la continuidad de un vínculo que viene de la infancia. De chica, las salidas familiares a la montaña formaban parte de la rutina: campamentos, cerros, recorridas por el monte. Ese lazo con el entorno natural nunca se cortó, aunque durante años se canalizó sobre todo por la docencia. Profesora de Ciencias Económicas en colegios secundarios y coordinadora pedagógica, pasó mucho tiempo organizando viajes escolares. Y fue justo ahí, en la trastienda de esas salidas, donde entendió que acompañar a alguien a descubrir un lugar tenía un valor propio, distinto al de la planilla y la planilla logística.

Una capacitación en Junín de los Andes y la habilitación oficial

El paso más concreto llegó el año pasado, cuando la Provincia impulsó una propuesta de formación y Paola completó la capacitación en Junín de los Andes. Hoy tiene la habilitación formal del Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén para conducir grupos en caminatas. "Es algo que me apasiona, el tema de la caminata", resumió, con esa mezcla de contención y entusiasmo que suelen tener las personas que llevan años esperando el momento de hacer algo y por fin lo concretan.

Pedal y huella, en el mismo paquete

El otro protagonista de esta historia es Diego Rovelotti, su pareja y director de la agencia Cicloturis Travel, que desde hace tiempo trabaja con cicloturismo. Cuando Paola se sumó desde el senderismo, la propuesta dejó de ser una sola cosa. Diseñaron paquetes combinados: en algunas salidas, los participantes hacen un tramo en bicicleta y siguen a pie, con paradas pensadas para almorzar o merendar en el camino. En invierno la oferta se amplía con experiencias en raquetas de nieve. "Nos gusta hacer paquetes de turismo aventura combinados, ofrecer a la gente otras alternativas y conocer otras actividades", explicó Paola sobre una idea que, en la práctica, les abre el abanico de públicos y les permite estirar la temporada.

  • Tramos en bicicleta combinados con caminatas a pie en el mismo recorrido.
  • Paradas intermedias para almorzar o merendar en el camino.
  • Experiencias invernales con raquetas de nieve.
  • Salidas con foco educativo en Villa El Chocón, aprovechando la riqueza paleontológica del lugar.

Entre los destinos que Paola más valora está justamente Villa El Chocón, donde la geografía y el patrimonio paleontológico del lugar permiten cruzar la caminata con una capa educativa. "Me gusta todo lo que puedo enseñar desde ahí", señaló. Y en eso se la nota: la impronta docente aparece en cada salida, en el detenerse a observar, en el identificar una especie, en el explicar por qué el ecosistema es como es. Es el mismo ojo con el que durante años corrigió exámenes y armó planificaciones, ahora puesto al servicio de un barranco, de un cerro, de un valle.

Cuidar lo que se visita, una regla sin excepciones

La otra gran idea fuerza de su trabajo es el cuidado ambiental, que para Paola no es un eslogan de folleto sino una lista de gestos muy concretos: llevarse los residuos, no dañar la flora ni la fauna, minimizar el impacto en cada paso. La lógica, dice, es casi de reciprocidad: si la montaña y el monte nos reciben, nosotros tenemos que devolverles aunque sea un poquito de todo lo que nos dan. Esa ética atraviesa toda la propuesta y se vuelve parte del relato que se les cuenta a los caminantes antes de la primera pisada.

Lo que más le importa, insiste, es acercar a los neuquinos a destinos que tienen cerca pero que pocas veces visitan. Hay algo casi militante en esa obsesión: la de romper la idea de que para conocer hay que subirse a un avión. A veces alcanza con cargar la mochila, aceitar la bicicleta y tomarse un colectivo hasta un paraje que está a pocos kilómetros y que, sin embargo, para muchos sigue siendo un lugar ajeno. Yo, que vengo siguiendo estas historias de docentes que reconvierten su oficio en proyectos turísticos con raíz ambiental, celebro especialmente esa parte: la de demostrar que el conocimiento que se da en el aula puede tomar la forma de un mapa, de una huella en el barro o de una parada para mirar el horizonte antes de seguir pedaleando.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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