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Una remera, un tapado, un guardapolvo: la historia argentina contada a través de la ropa

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires inaugura "Vestir mundos", una muestra que recorre seis núcleos temáticos para demostrar que la indumentaria también funciona como archivo de las crisis, los debates ambientales y las identidades culturales del país.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida · · 4 min de lectura
Una remera, un tapado, un guardapolvo: la historia argentina contada a través de la ropa

Abro la puerta del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y, antes de cruzar el umbral, ya entiendo que esto no va a ser una recorrida tradicional por maniquíes y percheros ordenados. La nueva exposición, que lleva por nombre "Vestir mundos" y que se queda en cartel hasta el 1 de julio de 2027, me recibe con una idea que funciona como una pequeña provocación amable: una remera, un tapado o un guardapolvo pueden leerse como documentos de su época. Y uno, que suele mirar las vidrieras con el bolsillo antes que con la cabeza, se queda pensando en cuántas veces se vistió una historia sin darse cuenta.

La muestra está organizada junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino) y la curaduría lleva la firma de Franco Chimento y Raúl Flores, que ordenaron el recorrido en seis núcleos temáticos. El hilo conductor, según me explican, es la idea de que los diseñadores argentinos convirtieron la restricción y la crisis en materia de trabajo. "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", resume Chimento en una frase que me suena a declaración de principios.

Crisis, guardapolvos y cooperativas

Los primeros núcleos arrancan en las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y comienzos de los dos mil, cuando muchos creadores argentinos aprendieron a hacer mucho con muy poco. La firma Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, aparece como uno de los casos testigo: experimentaron con fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para redefinir la noción misma de sofisticación. Un poco más adelante, me cruzo con la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), realizada junto a la Cooperativa La Juanita, que resignificó al guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado. Lo miro y pienso en cuántas veces ese uniforme escolar pasó frente a mí sin que me detuviera a leerlo.

Moda, ambiente y oficios del norte

Otro eje central que la exposición toma con las dos manos es el de la sostenibilidad, y acá la recorrida se vuelve casi un manual de oficios. El colectivo 12NA, integrado por Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano hasta volverlas irreconocibles. Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, como si cada pieza llegara cargada de una memoria familiar. La firma Therapy Recycle and Exorcise, con sede en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni de temporadas, y eso se nota apenas uno se para frente a las piezas.

La muestra también incorpora, y a mí eso me parece de lo mejor, el diálogo con las tradiciones regionales. MANTO, creada por Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas mbya y de otras comunidades del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea. La diseñadora salteña Roxana Liendro, en tanto, traslada técnicas de orfebrería —el repujado, el cincelado— sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo, y el resultado dialoga con las comunidades originarias que vio crecer sin folclore ni simplificaciones.

Biotecnología y producción circular, el futuro que ya está en el perchero

  • La exposición se titula "Vestir mundos" y está organizada por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires junto a la Fundación IDA.
  • La curaduría es de Franco Chimento y Raúl Flores, y el recorrido se estructura en seis núcleos temáticos.
  • Abrió el 10 de septiembre de este año y se puede visitar hasta el 1 de julio de 2027.
  • Los diseños argentinos son leídos como documentos de crisis, debates ambientales e identidades culturales.
  • Las búsquedas más recientes apuntan a la biotecnología y a la producción circular, con diseñadores que exploran nuevos materiales y procesos.

Salgo del museo con la sensación de que me probé, aunque sea mentalmente, varias décadas de historia argentina. No es poco para una recorrida que empieza en un perchero y termina en una pregunta: cuántas veces la ropa que llevamos puesta estuvo contando, en silencio, cosas que nosotros todavía no habíamos terminado de entender. Como periodista y como alguien que se viste todos los días, me llevo esa incomodidad linda de saber que, a partir de ahora, cada guarda que cruce en la calle puede ser un documento de época. Y a ustedes, que me leen, los dejo con la misma duda razonable.

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Soledad Da SilvaSociedad y vida

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