Veintisiete años después, la secuela de «Prácticamente magia» se anima a más: el público le sonríe y la crítica también, aunque a medias
La continuación de la comedia de hadas de 1998 reúne otra vez a Sandra Bullock y Nicole Kidman, lidera la taquilla estadounidense en su primer fin de semana y supera a la original tanto en CinemaScore como en Rotten Tomatoes, aunque la aprobación de los críticos apenas araña el 39 por ciento.

Tengo que confesar algo antes de seguir: vi la primera entrega de esta historia una noche de verano de 1999, en el living de la casa de mi tía en Temperley, cuando todavía creíamos que el cine de hadas podía reinventarse sin computadora y con dos actrices que se miraban como si fueran. Por eso me cuesta no emocionarme al contarles que la secuela, titulada «Prácticamente magia 2», acaba de llegar a las salas y, contra todos mis pronósticos de cinéfilo escéptico, arrancó mejor parada que aquella película que, con el paso de los años, se volvió una de las favoritas de las colonias de fans más afectivos que conozco.
El público la aprueba, la crítica la mira de reojo
La nueva entrega recibió una B+ en CinemaScore, ese termómetro que mide la reacción del público en la butaca misma del estreno. La original, en 1998, se había quedado en B-. No es una diferencia sideral, pero es una diferencia: significa que quienes fueron a verla el sábado a la noche salieron, en promedio, un escaloncito más contentos que quienes descubrieron a Sally y a Gillian hace casi tres décadas.
La crítica especializada, siempre más desconfiada con las comedias de hechizos y maleficios suburbanos, acompaña el entusiasmo del público con una tibia aprobación del 39 por ciento en Rotten Tomatoes. La primera entrega había cosechado apenas un 31 por ciento, así que técnicamente la secuela la supera, aunque el margen es tan estrecho que un suspiro lo empata.
- CinemaScore de la secuela: B+.
- CinemaScore de la original: B-.
- Rotten Tomatoes de la secuela: 39 por ciento de reseñas positivas.
- Rotten Tomatoes de la original: 31 por ciento.
- Presupuesto informado de la secuela: 75 millones de dólares.
Ahora bien, no seamos ingenuos: comparar estas cifras tiene sus bemoles. La película de 1998 llegó sin base de fans previa, casi como una rareza que había que descubrir. La secuela, en cambio, convoca sobre todo a quienes crecieron viendo la original en VHS y en, y por eso las encuestas de arranque suelen salir más generosas. Es el calor de los seguidores de siempre, no necesariamente el veredicto de un público neutro.
“La primera entrega no fue un éxito cuando se estrenó, pero acumuló audiencia con el tiempo y se convirtió en un título de culto. La pregunta que sobrevuela a esta continuación es si podrá repetir ese camino lento y paciente o si el techo comercial está marcado por estos primeros números.”Osvaldo Duarte
Laureen, Sally y la sombra del filme de culto
Aquí se impone una aclaración que suelo repetirles cada vez que hablamos de franquicias postergadas: la película original fracasó en salas pero construyó, con los años, una de esas comunidades de fans que uno quiere llevarse a casa. Por eso Warner apostó fuerte por juntar otra vez a Sandie y a Nicky, como las llamo yo desde aquella sobremesa en Temperley, y por eso mismo los analistas miran con lupa los 75 millones de presupuesto: la película lidera la taquilla estadounidense en su fin de semana de estreno, pero para recuperarse necesitará sostenerse varias semanas, algo que no le sobra a una comedia de hadas adultas en el calendario actual.
Mientras escribo esta nota pienso en las decenas de lectores que me escriben, sobre todo mujeres de entre cuarenta y sesenta, diciéndome que vieron la primera entrega con sus madres o con sus hermanas y que la siguen citando como si fuera un secreto familiar. Si la secuela consigue atrapar a una nueva camada de espectadores con la misma paciencia con la que creció la original, el esfuerzo habrá valido la pena. Si no, al menos nos deja la imagen hermosa de dos amigas, dos actrices enormes, compartiendo hechizos en la pantalla grande una vez más.
Mi recomendación personal, como cada vez que una película así llega al cine: vayan a verla en sala, preferentemente con alguien que haya visto la original, y dense el permiso de reír y de emocionarse sin ironías. El cine de hadas también puede ser, a su manera modesta, una forma de la memoria.
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