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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ecos del Iguazú

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Volver a empezar después del cáncer: la nueva apuesta de Bella Ramsey en una película rodada en Escocia

Dirigida por George Jaques, "Sunny Dancer" cuenta la historia de una chica de 17 años que, tras sobrevivir a una leucemia, recalcula su vida en un campamento con otros adolescentes atravesados por la enfermedad. Una propuesta sobre la amistad, el amor y los tropiezos de la recuperación.

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Osvaldo DuarteCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Volver a empezar después del cáncer: la nueva apuesta de Bella Ramsey en una película rodada en Escocia

Volví a acordarme de una tarde de campamento de hace ya varias décadas, cuando un grupo de adolescentes que recién se conocían terminó cantando junto a una fogata después de un día largo y, sin saberlo, firmó una amistad que todavía hoy se recuerda. Aquella imagen, la de jóvenes que se encuentran forzados por las circunstancias y descubren que eso que los une termina pesando más que lo que los separa, es la que vuelve a mi cabeza cuando uno se sienta a mirar "Sunny Dancer", la nueva película que tiene como protagonista a Bella Ramsey, a quien muchos de mis lectores seguramente conocen como la aguerrida Ellie de "The Last of Us" o como la inquieta Lyanna Mormont de "Game of Thrones", aunque a esta altura ya empieza a ser incómodo reducirla a esos papeles porque la actriz viene construyendo, con apenas veinte años, un recorrido que pide a gritos que se la llame por su nombre.

Dirigida por George Jaques y rodada en un entorno rural de Escocia, la película sigue a Ivy, una chica de 17 años que lleva diez meses en remisión después de atravesar una leucemia. Sus padres la convencen de participar en un campamento de cuatro semanas pensado para jóvenes que, como ella, tuvieron cáncer. La Bella de esta historia llega sin ganas, con la armadura puesta y decidida a mantener distancia de todo lo que huela a confraternidad forzada, una actitud que, a poco de andar, empieza a resquebrajarse.

Un elenco joven y un campamento como escenario

El reparto se completa con Ruby Stokes, que ya se había ganado el cariño del público en "Bridgerton" y aquí se luce como Ella, la compañera de habitación con la que Ivy empieza a bajar la guardia; con Daniel Quinn-Toye, conocido por su paso por la cantera del fútbol inglés y que aquí se anima con un personaje sensible y vulnerable, y con Earl Cave, hijo del gran Nick Cave, que aporta su tono particular a un personaje que esquiva el dolor a base de humor negro. La química entre ellos es genuina y se nota el trabajo con el elenco: durante el rodaje, jóvenes que habían atravesado un cáncer compartieron escenas con actores profesionales y hubo terapeutas disponibles para acompañar el proceso, un detalle que habla de la seriedad con la que Jaques encaró el proyecto.

Y acá aparece un dato que me tocó de cerca: el director no llegó a esta historia por una corazonada de guionista, sino por la biografía propia. Su madre tuvo cáncer de mama mientras él era adolescente, una marca que se filtró en la película sin necesidad de subrayados ni golpes bajos. Jaques, además, es embajador de Teenage Cancer Trust, la organización británica que trabaja con jóvenes que atraviesan la enfermedad, y ese vínculo se nota en el cuidado con el que se trata cada uno de los temas que aparecen en pantalla: los ataques de pánico de Jake, la agresividad como escudo de Ivy, las bromas pesadas de Ralph como forma de no romperse en pedazos.

La música ayuda, y mucho. La banda sonora combina composiciones originales de Este Haim y Zachary Dawes con temas de Scissor Sisters y Goldfrapp, y arma un collage sonoro cálido que funciona como una suerte de hilo conductor emocional: las fiestas, los bailes, las salidas nocturnas al bosque, los primeros amores. La fotografía, con una paleta de colores cálidos, termina de redondear un clima que se aleja del dramatismo televisivo para acercarse a algo más parecido a la crónica cotidiana, a esa forma que tiene la vida de empujarte hacia adelante aunque una parte tuya siga mirando hacia atrás.

El propio Jaques lo explicó con una frase que me parece justa: no se trata de una película sobre el cáncer, sino de una película sobre jóvenes a los que el cáncer les pasó. La enfermedad está ahí, marca los cuerpos y los ánimos, condiciona conversaciones y decisiones, pero la película no la usa como motor exclusivo del relato. Lo que la mueve son los deseos, los amores, las broncas, los proyectos, la búsqueda de un grupo de pertenencia y esa pregunta tan de la edad que la protagonista empieza a formularse en voz alta: qué quiero hacer con lo que me queda por vivir.

“Yo no la veo como una película sobre el cáncer. Para mí, es una película sobre jóvenes a los que les pasó el cáncer. La enfermedad atraviesa a los personajes, pero son sus deseos y sus relaciones los que organizan el relato.”George Jaques, director de la película

Después de verla, lo que se queda es la sensación de que se puede contar lo difícil sin golpes bajos, y que a veces lo más eficaz no es subrayar el dolor sino mostrar la manera en que un grupo de chicos, con más preguntas que respuestas, aprende a bancarse la incertidumbre. Para quienes gusten del cine que mira la adolescencia sin condescendencia y que se anima a poner sobre la mesa temas enormes con ritmo decoming of age, "Sunny Dancer" es una parada obligada. Mi recomendación, como cada vez que aparece una historia así, es verla con tiempo, sin prisa, y dejarse llevar por ese campamento escocés en el que Ivy termina entendiendo, de la mano de Ella, Jake y Ralph, que la vida después del cáncer no es un epílogo: es un capítulo entero, con sus fiestas, sus miedos y su banda sonora a todo volumen.

OD
Osvaldo DuarteCultura y espectáculos

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